Comunicación y diálogo: tres palabras

Ella em va estimar tant

Jo me l’estimo encara.

Plegats vam travessar

Una porta tancada.

(Paraules d’amor, Joan Manuel Serrat)

 

En relación al llamado problema catalán, se ha usado la imagen del choque de trenes. Según esta metáfora la persistencia en una misma dirección pero con sentidos opuestos de los procesos del Gobierno de España y el Govern llevaría a una colisión inevitable con resultados idénticos en esencia, aunque no en grado, a los que sufrirían los pasajeros y tripulación en el choque de esos dos convoyes.

Choque de trenes

Aunque las metáforas las carga el diablo, a mi me parece más acertada que la ferroviaria otra de aroma naval.

La metáfora en cuestión es más una parábola que se cuenta en cursos de management para invitar a los directivos a la circunspección y al realismo.

Hay muchas versiones de la anécdota, con distintos protagonistas según la nacionalidad del que la cuenta y con extensiones que enriquecen la conversación para procurar hacerla más graciosa.

He tomado la versión que según mis investigaciones parece la original:

“Lo creas o no esta es la transcripción de una conversación real de radio entre un buque de la Marina estadounidense y las autoridades canadienses frente a la costa de Terranova en octubre de 1995. La conversación de Radio fue iniciada por el Jefe de Operaciones Navales el 10 de octubre de 1995 .

Un navío de los Estados Unidos de América ve en la oscura lejanía por proa una luz; emite un mensaje por radio y se produce el siguiente intercambio:

Jefe de Operaciones: Por favor, desvíe su curso 0,5 grados hacia el sur para evitar una colisión.

Respuesta: Recomiendo que sea usted quien desvíe su curso 15 grados al sur para evitar una colisión.

Jefe de Operaciones: Aquí el comandante de un barco de la marina de guerra de los EEUU. Le digo otra vez, que desvíe su curso.

Respuesta: No. Se lo digo yo una vez más: ¡desvíe su curso!

Jefe de Operaciones: Este es el USS Coral, portaaviones del ejercito de los Estados Unidos; somos un gran navío de guerra de la Marina de los Estados Unidos. ¡¡Desvíe su curso ahora!!

Respuesta: Esto, Señor, es un faro”.

El faro

La popularidad rápidamente alcanzada por la anécdota, que se contó también con otros buques de la Navy como protagonistas de la misma, obligó a la America’s Navy a desmentir la broma porque no se correspondía con ningún hecho real: El USS Coral fue desmantelado y desguazado el 2 de julio de 1992.

Pero a lo que vamos, usted lector sabrá decirme en el problema catalán (en el problema español) quién es el Jefe de Operaciones de la flota y quién el farero.

A nosotros la broma nos ofrece la oportunidad de decir tres cosas a quienes, como en la fiesta pacifista ibicenca – esa de todos de blanco –, repiten el mantra-eslogan dialogo, diálogo, diálogo.

Primero: para dialogar, ya sean cuestiones políticas, sentimentales o académicas es preciso esforzarse en diferenciar diálogo de dialéctica: en el primero se busca la verdad o el bien común; ahí hay sinceridad y honradez. En la segunda se pretende emplear la palabra sólo como herramienta para imponer la propia postura o lo que más se parezca a ella.

Segundo: el marco de una conversación tiene que estar definido previamente: se necesita compartir la realidad sobre la que se va a hablar para intentar no salirse de ella. De no hacerlo, el flujo verbal entrará en lo que con toda justicia suele llamarse “conversación de besugos”, donde los interlocutores abren sus bocas pero no confluyen en ideas.

Tercero: procurar aunar los espíritus que, dado el grado de crispación va a ser difícil. Pero Nietzche lo aconsejaba: “toda relación interhumana tiende a que cada uno pueda leer en el alma del otro; la lengua común es la expresión sonora del alma común. Cuanto más íntima y sensible sea esta relación, mayor será la de la lengua para entablar una relación”.

Básicos de la conversación

En las antípodas de la unión está el odio. El odio necesita poco de las palabras. Tiene un vocabulario reducido y destructivo. Justo lo contrario que el amor de dos jóvenes de quince años que, como cantaba Joan Manuel Serrat “En teníem prou amb tres frases fetes”. Sólo tres frases pero que inyectan en la vida del otro emoción y ganas de no separarse nunca. No necesitan más porque habla la mirada.

Y a estas alturas la lengua y espíritu comunes parecen alejados de muchos en España.

Nada es imposible para los hombres que buscan con el lenguaje el bien de los demás. Pero antes de eso se necesita poner en orden las cosas exteriores y en paz las interiores. No es un salto al vacío, ni el delirio de un viaje al infinito: es una necesidad de los pueblos para vivir como humanos.

 Idea fuente: algunas condiciones básicas de un diálogo eficaz.

Música que escucho: “Paraules d’amor”, Joan Manuel Serrat (1968)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Salvad al cantante Salvador

 

 

“¡Ay amor si te llevas mi alma,
llévate de mi también el dolor”
¡Ay amor! (Salvador Sobral)

 

No por temida, la noticia es menos lacerante: Salvador Sobral fue ingresado hace unas hora en cuidados intensivos.

182 millones de personas lo vimos triunfar en la gala de Eurovisión de 2017, celebrada en Kiev. Las cámaras de televisión se prendaron de un desestructurado personaje de voz suave y evocadora. La canción “Amar pelos dois” escrita por su hermana Luisa, sonaba con una ternura azul que atravesaba los aires, las ondas y las corazas triviales de nuestros corazones, que quedaron heridos.

Salvador Sobral, ganador Festival de Eurovisión 2017

Pero, ay, el corazón más herido, era ya entonces el suyo, el de Salvador Sobral. Las cautelas médicas hicieron que no llegase al festival hasta dos días antes del comienzo. Ya le habían avisado los doctores en enero de que su corazón era una máquina de obsolescencia programada: latidos con caducidad.

Y sin embargo, él nunca ha querido una compasión sensiblera. El ha amado – y de qué manera – la música. Parecía decir “no os fijéis en mí que muero; poned los ojos en la canción: ella no envejece y nunca muere”.

Y ahora la música llora. La música no quiere ser eterna, desea que su amante Salvador viva y que su voz resuene acompañe la soledad de tantos.

Y ahora la música se va apagando en la voz de este fuerte y tierno portugués. Salvador necesita con urgencia un corazón que su cuerpo no rechace. Para sí mismo, que no rechaza la belleza, la amistad y la sencillez, no pide más que un poco de silencio, la compañía fraterna y soñar sin pedir nada a cambio.

Hemos conocido que “Amar pelos dois” que le hizo universal será el tema de una serie brasileña de sugerente título: “Tiempo de amar”. Qué grande es el tiempo de amar, cómo se dilata con la música amada.

Tiempo de amar, tiempo de vivir

Quienes hemos amado más allá del plazo impuesto sabemos que el tiempo de amar está cuajado de copos de música. Lo mismo que la nieve dura un instante en la palma de la mano, así los copos de la música más querida se derriten en un momento con sólo rozar la memoria. Pero resurge desde la tecnología que la preserva para volver a sentir que estamos vivos porque hemos amado esas canciones.

Y cuánto hieren. Y cuánto alivian haciéndonos saber que las orillas del infinito se han acercado a los más íntimo horadando los sentidos.

Por eso lo digo: salvad la música, salvad al cantante Salvador. Buscadle un corazón, dejad que sus venas de 27 años las llenen latidos de un corazón fuerte y sano y acaso enamorado.

Salvad al cantante Salvador para que su corazón no quiebre. Quien quiere “Amar pelos dois” merece un espacio vivo. Quien como él es capaz de amar por los dos debería tener un corazón y que su música llueva en un mundo que anda muy perdido y desamorado. Quien como él ama por los dos pide, sin pedirlo, la piedad de una música que inunde el áspero raspar de tanta vida sin sentido.

Anochece una canción en Lisboa

En una sociedad que ha entronizado a artistas de perfil autodestructivo que se quitaron la vida joven, parece locura, pero es lo justo, pedir que las nubes destilen vida para quien ha pasado de puntillas y haciendo bien lo que sabe: cantar.

Por el Oeste, a orillas de Océano junto a las olas atlánticas, se muere un sol sonoro. Y si se hace de noche sin un corazón nuevo, ¿quién nos cantará Ay amor?

Salvad, salvad a Salvador Sobral. Elevad plegarias y no imaginéis un mundo sin él.

 

Idea fuente: el poder de una canción para seguir viviendo enamorado

Música que escucho: “Ay amor”, Salvador Sobral (2016)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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Celsius 851

El funcionamiento eficiente de un horno crematorio exige temperaturas superiores a 800° C para la incineración de un cuerpo humano. En el prospecto de una empresa de hornos crematorios que consulto se informa de que su “quemador presurizado proporciona el calor necesario para que la oxidación se lleve a cabo a la temperatura mínima prevista (850° C)”.

Yo añado el 1, para llegar a 851°, en sentimental recuerdo de Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury (1953) llevada al cine con idéntico título por François Truffaut (1966), y protagonizada por Oskar Werner y Julie Christie, y que tuvo un éxito enorme.

Fahrenheit 451, el film

Después de verla alguno cogió y leyó un libro con páginas de papel, uno de esos que en la ficción eran arrebatados al pueblo y quemados. Leer libros, tener libros era ilegal en la distópica ficción.

El papel arde a los 451° F, de ahí el título; un cuerpo a los 851° C. Y ¿el espíritu humano? ¿cuántos grados se necesitan para acabar con el ser humano?

Ciertamente la mente y el espíritu no arden en el fuego físico porque no son materia. Pero hay un modo de reducir a cenizas las mentes: el monopolio doloso del conocimiento mediante el dominio de los canales por donde circula.

Un artículo de Elizabeth Kolbert (Who owns the Internet?, The New Yorker 28 agosto de 2017) analiza el estado actual de Internet y del gobierno de lo que hay en la Red de redes, con un sugerente subtítulo “¿Qué significa el gobierno de la Big Tech para nuestra cultura?”.

 

Kolbert (Premio Pulitzer 2015 en la categoría general de no ficción por su “The Sixth Extinción”), con apoyo en dos libros nuevos, hurga en el fondo de lo que está ocurriendo en la sociedad actual hiper-ciberconectada: “al igual que en los años setenta, estamos en medio de una revolución tecnológica que ha alterado el flujo de información. Ahora, como entonces, sólo unas cuantas compañías han tomado el control, y esta concentración de poder – la que los estadounidenses han aceptado sin siquiera tener la intención de hacerlo, simplemente haciendo clic – está subvirtiendo nuestra democracia”.

El primer libro es de Jonathan Taplin (“Move Fast and Break Things: How Facebook, Google, and Amazon Cornored Culture”); el segundo de Franklin Foer (“World With Mind: The Existential Treat of Big Mind”). Ambos autores dan pistas sobre el actual modo de acceder al conocimiento y dictaminan que no es el que soñaban los impulsores de Silicon Valley.

Se decía que Internet venía a acabar con el papel de guardagujas de las grandes corporaciones que, con su mediocridad y cortedad de miras, constreñían la cultura y se erigían en el criterio último del pasa-no pasa de lo culturalmente relevante, de lo espiritualmente aceptable y de lo políticamente correcto.

Preeminencia, relevancia y sentido

 

Y no, vienen a decir estos escritores y la propia Elizabeth Kolbert: las grandes corporaciones no han sido eliminadas de este papel de guías obligatorios, han sido sustituidas por Google, Amazon, Facebook y Apple; GAFA, como les denominan los europeos, pueden más con sus algoritmos que la propia creatividad.

Aconsejo la lectura del artículo, pero dejo dos extractos como aperitivo:

“Consideremos el caso de Levon Helm. Era el batería del grupo de rock The Band, y, aunque él nunca hizo se rico con su música, estuvo bien apoyado durante su mediana edad por sus derechos de autor. En 1999, le diagnosticaron cáncer de garganta. Ese mismo año, Napster apareció, seguido por YouTube, en 2005. Los ingresos por derechos de autor de Helm, que andaban por los cien mil dólares al año, de acuerdo con Taplin, cayeron “a casi nada”. Cuando Helm murió, en 2012, millones de personas seguían escuchando la música de The Band, pero casi ninguno de ellos estaba pagando por ella. (En los años que mediaron entre la fundación de Napster y la muerte de Helm, el gasto total de los consumidores en música grabada en los Estados Unidos disminuyó en cerca de setenta por ciento.) Los amigos tuvieron que destinar una aportación a la viuda de Helm para que ella pudiera conservar su casa”.

Con la compra de Youtube por Google éste es el dueño de la música, y ha derribado cualquier intento serio de que se impongan sanciones por impago de derechos. Como dice Taplin “Google mismo no piratea la música; no tiene que hacerlo. Está vendiendo el tráfico – e, igual de importante los datos sobre el tráfico -. Como los hermanos Koch, observa Taplin, Google está “en la industria extractiva”… Su modelo de negocio es “extraer tantos datos personales de tantas personas en el mundo al menor precio posible y revender esos datos a tantas empresas como sea posible en el precio posible más alto”.

Mentalidad, datos, criterio

Por su parte Foer describe cómo es una lucha desigual la de la prensa libre frente a quienes monopolizan la circulación de libros y artículos de prensa en cuyo contenido no han puesto un dedo.

¿Podemos extrañarnos de que el pensamiento actual esté empobrecido, circule por líneas casi tan obligatorias como las de una máquina de tren y de que cierren periódicos libres?

Pero hay soluciones al margen de las que proponen Foer y Taplin (leyes antimonopolio y liberar licencias actualmente exclusivas de Google o Facebook):

1.- Comprar libros con criterio de personas cultas y leerlos. Y recomendarlos si valen la pena.

2.- Tener un trato justo con Internet: Ajustado, quiero decir.

3.- Seguir una huella de transcendencia: creer en algo y apostar por ello.

4.- Mantener el amor vivo a través del tiempo; cura el escepticismo: si ardes por dentro no te quemarán desde fuera.

5.- Someter al propio juicio lo que se publica y el orden o preeminencia en que aparece.

6.- No someter a ningún juicio propio al que escribe. Respeto genera respeto; o al menos paz.

7.- Observar la “huella del vacío”, como en criminalística; ver lo que no se ve, lo que falta: “¿por qué se omite tal verdad?

Con estas “prendas ignífugas” y otras parecidas no acabaremos ciertamente con los quemadores de espíritus humanos, pero protegeremos el nuestro y, acaso, el de los nuestros.

Idea fuente: persona y personalidad ante la Comunicación y sus actuales gobernadores

Música que escucho: “Here Comes The Sun“, Colbie Caillat (2007)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Valor, Redes e Integridad

Sogniamo un mondo senza più violenza
Un mondo di giustizia e di speranza
(The Prayer Andrea Bocelli)

 

 

 

Me encuentro en Twitter, gracias al profesor José Luis Orihuela, un resumen a modo de decálogo de “ El Manifiesto de la Comunicación No Hostil”*. El primer ítem es una declaración acerca de la integridad al comunicar, independientemente del medio empleado:

VIRTUAL ES REAL. Digo y escribo en las redes sólo las cosas que tengo la valentía de decir en persona”.

No pocas veces al pasear ese zoco que es Internet y asomarnos a algunos de sus puestos, tales como Facebook o Twitter, se nos enciende la sorpresa cuando no la indignación al ver cómo se vierten comentarios desahogados, despectivos o directamente injuriosos.

Si el “trend topic” es muy vivo y de materia sensible – vida, mujer, patria, fútbol, autoridad – el hervor de insultos, descalificaciones, bromas pesadas y humillaciones termina en deshumana catarata de hedor y podredumbre en forma de palabras escritas.

Y, sin embargo, las palabras, como nos recuerda El Manifiesto en otro punto, “son un puente… para comprender, hacerme entender, acercarme a los demás”.

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Entonces, ¿qué está pasando en las mentes humanas desde que Jack Dorsey fundara Twitter en san Francisco (California), en marzo de 2006, o Mark Zuckerberg y sus amigos hicieran lo propio con Facebook en febrero 2004 en Cambridge (Massachusetts)? ¿Ha cambiado en una década la condición humana?

El hombre y la mujer no mutan tan rápido en lo que son. Sí cambia lo que hacen o, más exactamente, cómo lo hacen.

Cambian las herramientas. Y cambia – se acelera – la velocidad del cambio. También se extiende por ahora sin límites el espacio-tiempo, el dónde y cuándo comunicar.

Pero no es la condición humana la que sufre metamorfosis, aunque visto lo visto y oído lo oído llene de alarma y obligue a dictar un decálogo: ni el insulto, ni la simulación, ni el engaño, ni la murmuración, ni la trampa con la palabra son algo nuevo. Fuera, pues, el escándalo y echemos a volar: “Se apresuran a derramar sangre./ Pues en vano se tiende una red a la vista del que tiene alas” (Pr, 1.16-17), se lee en los libros sapienciales.

Ahora bien, si pregono que escribo solamente cosas que tengo la valentía de decir en persona, estoy diciendo de modo expreso que soy valiente. Y eso está por ver. Está por ver, incluso que seamos en persona valerosos en grado tal que no nos importe comportarnos siempre al compás de los propios valores.

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El prejuicio, el temor al que dirán, a que sepan, por ejemplo, que fumo, bebo, soy heterosexual ,católico piadoso, hándicap 17 y más bien de centro-derecha llega a atenazar la naturalidad para disfrazarla de “media estadística” con discurso políticamente correcto.

Y si cara a cara soy otro, ¿quién soy en las redes? Si no me respeto a mí, ¿qué razón tengo para respetar al Rey en un tuit? Si no soy íntegro en mi fuero interno, ¿por qué no sumarme ladinamente a la opinión mayoritaria en las redes o por qué no callar ante al injusticia?

La primera comunicación en términos de jerarquía es la que tiene cada uno, cada una consigo al elaborar un pensamiento y tomar la decisión de qué hacer con él. Silenciarlo o expresarlo y, entonces, con qué propósito, en qué tono y por qué medio.

Integridad es la piedra de toque del comunicador.

 

Idea fuente: difundir “El Manifiesto de la Comunicación No Hostil”

Música que escucho: I Still Can See Your Face, Barbra Streisand & Andrea Bocelli (2014)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

* Il Manifesto de la Comunicazione non ostile es una iniciativa surgida en el contexto de un simposio celebrado en Triestre (Italia) los días 17 y 18 de febrero de 2017. Es un decálogo de sentido común, que todos pueden entender y  que vale la pena difundir.

 

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Cuando la Sociedad suena

“La historia de los fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde.
Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo;
demasiado tarde en tener conciencia del mortal peligro;
demasiado tarde en lo tocante a la preparación;
demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para resistir;
demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos.”
(General Douglas McArthur)

 

España está en una encrucijada. No sólo ella. Europa arde por dentro, aunque los poderes, navegantes de superficie, apenas detectan el humo. No saltan las alarmas: tienen muy alto umbral de sensibilidad. En algunos casos llamativos están desconectadas y sus guardianes parecen jugar al backagammon o algo así.

señales en la profundidad

La clave radica en no saber responder a la pregunta ¿qué es el Hombre? De no saber y de no querer. De preferir husmear sobre qué siente el Hombre, qué le apetece al Hombre, que desean hoy, ahora o como máximo de aquí a unos meses las mujeres y hombres que tienen influencia sobre el propio poder.

La consecuencia es que sólo hay proyectos de Estado en los partidos y en las regiones que buscan deshacerlo.

Hay, sin embargo, sonidos emitidos por la Sociedad que es preciso escuchar para avanzar respuestas creíbles y trazar caminos de progreso.

Sin duda que los resultados de disminución del Paro, de incremento del PIB o de sometimiento del Deficit animan al optimismo en una dirección. Pero no en todas. Era lo urgente y se ha atendido. Pero ahora, quizás por eso, es hora de pasar de lo urgente a lo importante.

En comunicación social y política la buena noticia no es noticia. Good news are not news. Es también de primero de Comunicación que un titular repetido todos los días envejece pronto. También, aunque con más tiempo, los titulares adversos.

Así  que nadie va a derrotar al PSOE en Andalucía por los ERE, ni el PP ganará muchos más votos por repetir que la prima de riesgo bajó de 600 puntos a 100. Nada más viejo que el telediario de ayer.

Prima de Riesgo de España: evolución

Las sondas de los gabinetes parecen no captar algunas de esas señales del silencio. Y es que además, la Sociedad está emitiendo en otra onda.

Por ejemplo, en tema salarial ¿nadie escucha el chirrido de salarios extremadamente bajos? La alarma salta cuando mediante huelga de celo se producen colas de dos horas en el control del Aeropuerto de Barcelona. Los trabajadores piden un aumento del 30%. La empresa Eulen tarda en ofrecer un 3%. Los paros siguen. Intervienen AENA y la Administración para forzar una negociación. Y la oferta salta al 7,5% de media. Y la pregunta emerge sola: ¿cómo es posible ahora ese 7,5%? ¿Cómo se ha esperado a que estalle el conflicto? Pues, probablemente, todavía ofrecerán más.

Ojo, que este no es más que un pitido lejano en un aeropuerto. ¿Cuántas personas hay cobrando por debajo de 1.000 euros en empresas que ya – quizás antes no – pueden sobrepasar esa cantidad sin sufrir ni accionistas, ni cuenta de resultados? Están sonando sirenas de angustia a la hora de comer, a la hora de pensar en casarse, a la hora de tener y criar hijos. ¿Van a seguir a ver por dónde estalla antes?

Esperar para desesperar o para atajar

Otro, ejemplo, la Educación. Los datos de fracaso escolar, de satisfacción del profesorado, de adecuación curricular, sobre todo en Formación Profesional, y de exigencia y autoridad para que los jóvenes salgan más preparados y mejor educados, también en urbanidad, colocan a España a la cola.

No es nuevo. La lenidad en casos en que se pasa de curso a vagos con dos o más asignaturas ha aparecido en titulares no pocas veces. Sin embargo técnicos y profesores responsables, entre ellos los andaluces, mandaban señales a las que se les ha puesto sordina partidaria. Ahora la Fiscalía investiga por dar títulos de ESO con suspensos.

Pero la gravedad de esto no es sólo de carácter jurídico. Lo que llama la atención, aunque por lo visto no bastante, es que por un desprecio del mérito se está cebando el conflicto duradero, el retroceso moral y la aparición de tumores sociales irreversibles.

Más señales que no fueron escuchadas: Turismo de poco fuste; invierno de la Natalidad; descomposición del Hogar Familiar y contenido empobrecedor de series televisivas muy seguidas.

Claro que hay solución. Primero destaponar los oídos para escuchar el sonar y con él averiguar las verdaderas necesidades sociales.

Luego, poner el umbral de alarma al nivel de atención precoz; distinguir líderes altruistas con fondo y criterio de esos otros charlatanes de lo políticamente correcto pero socialmente tóxicos; escuchar a los primeros; denunciar con humor la autocomplacencia política y poner los puntos sobre las íes.

Y sobre todo convocar a los excelentes – los hay en todos los campos – para delinear prioridades, poner metas y objetivos que entusiasmen a una generación de españoles. Y desde el principio comunicar profesionalmente el proyecto.

Las mejores prácticas

No tener miedo a escuchar el sonido de la Sociedad es requisito necesario para ganar un futuro. Si no, de las pintadas algunos pasarán a los cócteles molotov y de ahí a dar todo el poder a los peor dotados para el bien común.

¿Es necesario poner un ejemplo?

Idea fuente: todavía no es demasiado tarde para escuchar los sonidos de la Sociedad

Música que escucho. Holiday, Bee Gees (1967)

José Ángel Domínguez Calatayud

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