Lo sagrado: evolución y necesidad

Trae a portada The Guardian (19/11/2017) la foto de la Caravana Forestal a Bonn con el titular “For us the land is sacred” eslogan de ese movimiento. En la ciudad alemana se celebró del 6 al 17 de noviembre una Conferencia de la ONU sobre el cambio climático. La citada caravana es un bus con veinte líderes indígenas de varios emplazamientos que han llevado por media Europa su mensaje: para ellos la tierra, su tierra, es sagrada.

The Indigenous Guardians of the Forest caravan to Bonn

 

Sagrado (del latín, sacratus; también de sacer -cra –crum; *Sacr) es un adjetivo que se emplea para calificar aquello que, por tener vínculo con la divinidad o contar con características divinas, es objeto de veneración. Por extensión significa lo que es digno de un excepcional respeto. La RAE añade un acepción que resuena grave: irrenunciable.

En sentido contrario, desacralizar es quitar el carácter sagrado a algo. El antónimo de sagrado es execrable, despreciable. Precisamente lo execrable es lo que por profanación o accidente ha perdido su carácter sagrado. Decimos de alguien noble que su “palabra es sagrada”, por eso nos parece execrable que esa persona incumpla la palabra dada: eso es villanía.

De todas maneras, hemos visto cómo por desprecio a lo que tenga algo que ver aunque sea de lejos con la religión, o por simpleza, descuido o mal entendida democratización de las costumbres se ha ido imponiendo una cierta desacralización generalizada, una de falta de la veneración debida a distintas cuestiones que lo merecen: padres que agreden a los maestros de sus hijos, que sin ser personas consagradas, si son responsable de cierta sagrada sabiduría; se divulgan por redes sociales vídeos donde se ridiculiza a una mujer, se hacen risas de un paliza (bulliyng) colegial o, aún más execrable, se difunden con atroz orgullo imágenes de una violación colectiva.

veneramos lo sagrado que inspira piedad

Entiendo, hasta cierto punto, que se derriben muros artificiales levantados como sacros por sola convención; que no andemos con remilgos en tratamientos y que cada uno sienta devoción por aquello que le parece excelso.

Pero, ¿no han banalizado lo sagrado y sacralizado lo banal? Usted comete sacrilegio (*sacr) contra la salud de los demás si se fuma un cigarrillo en el andén de Santa Justa; pero usted es sagrado, intocable, si responde en alta voz al teléfono en una cafetería, en medio de un concierto o en un velatorio o durante el sacrificio (*sacr) de la misa.

El mismo Papa, en la Audiencia General de este miércoles invitaba a la actitud de veneración durante la misa metiendo hasta la imaginación en el misterio sagrado: “si en el momento de la misa vamos al calvario, piense imaginativamente, y sabiendo que ese hombre es Jesús. ¿Nos permitiremos conversar, tomar fotos, hacer un pequeño espectáculo? ¡No, Porque es Jesús! Ciertamente permaneceríamos en silencio, llorando e incluso en la alegría de ser salvado… y así desaparecen el espectáculo, los chismes, los comentarios y las cosas que nos alejan de esta cosa bella que es la Misa, el triunfo de Jesús”. (Papa Francisco, Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano, miércoles 22 de noviembre de 2017).

Hay algo en el espíritu humano que le capacita para admirar el misterio, para aceptar que hay cosas bellas, tantas y tan admirables, que aun sabiendo que nunca va a comprenderlas en su totalidad es consciente de que le permiten cierta posesión – también de grado superior – a condición de considerarlas sagradas, porque conectan íntimamente lo humano con lo divino.

Ver más allá de lo que se ve

Veo con mucho respeto – y no poca envidia – el culto del buen escritor por “la palabra”, sagrada para él, a la que le dedica sus mejores talentos. Veo con respetuoso sentimiento el sagrado amor de la madre a su hija, porque la vida humana, sea feto o anciano, es una partitura de Dios. Y leo con curiosidad la digna anécdota de la “Guerra franco-prusiana” (1870-1871):

Entrando el ejercito prusiano a Argenteuil, cerca de París, el oficial de Estado Mayor, encargado del alojamiento para los mandos llegó a las puertas de la casa de campo del músico francés Ambroise Thomas. Cuando el oficial fue informado de quien era el dueño de la casa, cruzó el jardín y escribió en el umbral con tiza unas palabras en alemán. También, sin entrar en la casa, deslizó por debajo de la puerta un esquela con algo escrito. Durante el resto de la contienda llegaron a esas puertas otras fuerzas prusianas las cuales, al reparar en lo escrito, pasaron de largo sin molestar a nadie en la vivienda.

Cuando se hizo la paz el músico francés regresó a su casa de campo esperando encontrarla devastada. Quedó encantado al ver que estaba intacta, que no había sido saqueada como otras. Y allí en la puerta continuaba la inscripción en alemán. “Respetad este museo de propiedad particular. ¡El Arte es sagrado!”. Luego, al traspasar la puerta, encontró la nota del oficial enemigo que por toda firma decía: “El hijo de Meyerbeer”.

La sociedad, la escuela, los medios, pero sobre todo la familia, son lugares para dejar claro que no es sagrada toda ocurrencia ni moda televisiva y, sobre todo más positivamente, que hay cuestiones, personas, cultos y afectos que merecen veneración por sí mismos. Y porque al tratarlo como sagrados nos sacralizan, en parte, a nosotros.

Idea fuente: rescatar lo sagrado, mostrar lo sagrado; proponer veneración por lo sagrado.

Música que escucho: “Mignon OuvertureAmbroise Thomas; con Seiji Ozawa / Boston Symphony Orchestra

José Ángel Domínguez Calatayud

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Asistente Personal Inteligente: conversación

 

Tres artículos de Sophy Caulier (Le Monde, 19/11/2017) han tratado días atrás sobre comunicación y tecnología: “La voix nouvelle révolution de nos universe numériques”; “Aucun assistant intelligent n’est pour l’instant capable de tenir une conversation” y “La traduction vocal simultanée n’est plus une utopie”.

Yo había tratado días atrás con una lectora acerca de la última cuestión. En realidad la enseñanza bilingüe podría estar sobredimensionada en un mundo en el que ya será posible que dos personas con diferente idioma materno se entienda sin saber la una la lengua de la otra.

En principio, aprendemos idiomas para saber lo que dice otra persona de idioma diferente al nuestro. Pero el “intérprete simultáneo” será algo al alcance de quien tenga el aparato que escucha al que habla y traduce sobre la marcha al que oye.

Países, personas y lenguas

Eso en el hablar, porque en la escritura, si lo hubiera deseado, podía haber leído en español con un simple traductor de Internet (translate.google.com, por ejemplo) el artículo de Sophy Caulier.

Cierto que estos diccionarios cometen errores y sus algoritmos no contienen los innumerable giros y frases hechas de cada lengua. No digamos nada de las figuras del lenguaje o, mucho más profundamente, las sutilezas del humor, el sarcasmo o el doble lenguaje. Los actuales traductores son simples, transparentes como un niño brutalmente sincero como el cirujano autista de la serie televisiva “The Good Doctor”.

Sin embargo, no deja de tener su utilidad si uno no necesita nada más que una traducción del sentido primario de frases sencillas. Pero si lo pensamos un poco también concluiremos que los primeros vagidos de la interrelación informática apenas servían para unas pocas instrucciones básicas en lenguaje binario, apta sólo para iniciados programadores, y hoy ya circulan millones de millones de mensajes vía Internet.

La voz es la nueva revolución en la inteligencia artificial, al menos de aquella que pueda pasar de investigación a su empleo por ciudadanos comunes: “Portée par les progrès de l’intelligence artificielle et du traitement du langage naturel, la voix s’impose peu à peu comme la nouvelle interface pour atteindre l’univers numérique” subraya Mme. Caulier.

What can I help you with?

Por otro lado Siri (Apple), Iris (Android), Cortana (Microsoft), Alexa (Amazon) o Jarvis (creado por Mark Zuckerberg) son asistentes, complejos softs programados para atender a la voz humana y responder con la suya. Estos asistentes parlantes “son mucho más que eso. Son los precursores de una ola que promete una inundación tan grande, si no más, que la del iPhone hace diez años”, explica Sophy Caulier.

Capaces de responder a las cuestiones que se les proponga en alta voz, ofrecen con su voz también respuestas practicables. Están en los coches, en las casas y cada vez los llevaremos más cerca, encima para que nos resuelvan consultas sobre citas, lugares, tiempos y preferencias. Encima y cerca, aunque supongo que no en nuestro corazón, ni  nosotros en el suyo: no lo tienen.

Por otro lado, llama la atención la entrevista que la autora de los artículos citados hace a Nicolas Demassieux en la que éste, Director de Investigación de Orange, sostiene que “ningún asistente inteligente es capaz por el momento de mantener una conversación”.

Conversemos

La palabra clave ahí es “conversación”, que evoca de nuevo cómo los investigadores en Inteligencia Artificial y sus aliados necesarios de la comercialización de los inventos continúan en el esfuerzo comunicativo para llegar a sus destinatarios: los consumidores. De ahí que se llamen “amigos” a los de Facebook, o “seguidores” a los de Twitter, o “conversación” a la interacción con un “asistente” de metal, silicio y algoritmos.

De estas realidades tenemos que admirar la conectividad que facilitan, y su utilidad para tratar masivamente informaciones o hacer cálculos imposibles para la mente humana.

Aunque conviene pensar acerca de lo que es la comunicación humana, su sentido verdadero y su importancia para vivir vida realmente humana.

O al menos, a las puertas de la inundación de voces técnicas, no está mal preguntarnos si hablar con una máquina es conversación de personas; si una amalgama de reacciones sincréticas sirve a la verdad; si escuchar un consejo tomado de un almacén virtual sustituye al susurro íntimo del amigo personal que abraza tu problema; si el sonar de la voz grabada tiene la densidad de la voz amada cantando con sus ojos delante y su voz en nuestro rostro la inolvidable canción de un noviembre lluvioso y frío que los dos sabéis que no volverá.

 

You’ve got a friend

Casi todo está al alcance de la evolución tecnológica, menos algo tan falible y a la vez tan amable como la verdadera comunicación humana: eso es para personas.

Ahora mismo le he pedido a mi asistente personal inteligente:

.- Siri, por favor, canta un canción tierna.

.- Enseguida, José: “La cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar…”

El vello de punta y una lágrima resbala emocionada desde el balcón de mis ojos.

Idea fuente: Asistente personal inteligente: necesidad de la persona para la conversación; necesidad de la conversación para la persona.

Música que escucho: “You’ve got a friend”, James Taylor (1971)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Pacifista o pacificador

El Premio Nobel de la Paz se entrega cada 10 de diciembre en Oslo (Noruega); es el único que se entrega fuera de Estocolmo (Suecia). Es, entre los Nobel, el que más veces ha quedado desierto, diecinueve; y el que más veces ha sido recibido por mujeres, dieciséis.

José Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz 2016

En total desde 1901 en que lo recibiera Frédéric Passy ha sido entregado a 19 organizaciones internacionales y 104 personas, ninguna española. El de 2016 lo recibió Juan Manuel Santos, “por sus grandes esfuerzos para finalizar la guerra civil de más de 50 años en Colombia”.

Desde 1895 se otorga “a la persona que ha hecho el mejor trabajo o la mayor cantidad de contribuciones para la fraternidad entre las naciones, la supresión o reducción de ejércitos así como la participación y promoción de congresos de paz y derechos humanos en el año inmediatamente anterior”.

Repasada las biografías de algunos galardonados a uno le asalta la pregunta acerca de qué significa “paz” para el Comité Nobel Noruego. Y luego, en reflexión más domestica y acaso íntima, uno se pregunta ¿quiénes son las personas de paz?

Me ha parecido que pueden distinguirse, tres categorías de sujetos en relación con la paz: los pacifistas, los pacificadores y del pacíficos.

Por si me falta espacio al final para hablar de los pacíficos, vaya por delante que esta categoría goza de la prerrogativa de la filiación divina para toda la eternidad: “Beati pacifici, quoniam filii Dei vocabantur” (Mt. 5.9).

Bienaventurados los pacíficos

Porque exige cierto grado de lucha con uno mismo arrebatarse del propio corazón la ira injusta, el prejuicio desmerecedor del otro y la falta de compasión.

Miremos a los pacifistas. Aquí hay teoría y práctica. Y hay Historia y hay actualidad.

En la teoría pacifista, algunos que prescinden de la fe, sitúan el origen activo en los primeros cristianos por su falta de violencia frente al martirio. Luego se desarrolló más recientemente como recurso sistémico frente al poder.

Los ideólogos del pacifismo hunden sus raíces en Confucio, Lao-Tsé y el conjunto doctrinal místico de unión con una Naturaleza sosegada ¿?

Modernamente, muchos otros miran a Mahatma Gandhi y a Nelson Mandela, no obstante trazos de inusitada pasión. También Martin Luther King, John Lennon (Imagen) y varios movimientos de los 60’ orbitaban gracias a un común combustible de ideas.

Primavera árabe

Los hay que hasta incluyen entre los pacifistas de última hora a las masas de los asentamientos y manifestaciones de la llamada “Primavera Árabe”, que acabó en Invierno e Infierno para muchos no musulmanes – principalmente cristianos – del norte de África (Egipto) y el Cercano Oriente (Siria).

Porque, y ésta es práctica ejercida por activistas sedicentes pacifistas, muchos son pacifistas cuando viven en estado de necesidad, pero luego no soportan y persiguen a los que no son iguales. Así ocurrió en la India con los musulmanes, en Paquistán con los hindúes o en la Barcelona de 2017 por poner un ejemplo cercano. La paz que se construye en el alarido tumultuoso y el asalto a vehículos será pacifista pero es una paz débil como lirio al sol.

Lo que nos lleva a poner los ojos en los pacificadores, en los que construyen la paz. Son aquellas personas que saben ver el orden en la tranquilidad y no tanto en protagonizar performances, en componer coreografías sensibleras con las pantallas iluminadas de sus móviles, o en adherir a su camiseta una pegatina con el eslogan “no a la guerra”.

El pacificador lo hay de clase pasiva y de clase activa.

El pacificador de clase pasiva no alza la voz ante el conflicto, no levanta – no arría – banderas. Sabe estar callado en casa, en el café o en la redacción para no irritar más al activista, al agresivo o al doctrinario. No es que le dé igual o que sea cobarde; al contrario tiene el valor de ejercer una conducta constructora de paz desde su serenidad, desde la espera. Es un personaje sin herramientas o sin el acervo cultural suficiente para argüir en contra del déspota y por eso no responde en el momento. No es persona del instante, es hombre de medio plazo.

Pero en esta hora, no sólo en España sino en el Mundo, se necesitan pacificadores activos.

Constructores de Paz

El mejor pacificador, el activo, sabe encontrar modos de que los contendientes convivan en paz, sin humillar la justicia ni la verdad. En casa o en el trabajo sabe quitar importancia a pequeños disgustos y pasar por alto faltas que no son transcendentes, pero que podrían motivar una bronca si se enredan en discusión. Hay chistes para pacificar. Saber reírse y provocar con gracia la risa ajena es un arte y un bálsamo que rebaja la tensión en los ámbitos corrientes de la vida.

En la vida de la opinión pública, de la política y de las relaciones internacionales se necesitan personas con gran formación, fuerte carácter, gran corazón y visión a largo plazo que ejerzan de pacificadores. Los hay con la suficiente generosidad e inteligencia como para saber pasar ocultos mientras redactan fórmulas, entrelazan armónicamente intereses contrapuestos y hacen ver a cada parte la razón que asiste a la otra. O al menos cuál es la vía por la que el bien común prevalecerá sobre el egoísmo.

Actuar como pacificador honrado es probablemente un camino cabal para acabar siendo pacífico.

Idea fuente: Pacificar: no es para la paz todo lo que se presenta como pacifista.

Música que escucho. “You are part of me”, Anne Murray (1978)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Comunicación y diálogo: tres palabras

Ella em va estimar tant

Jo me l’estimo encara.

Plegats vam travessar

Una porta tancada.

(Paraules d’amor, Joan Manuel Serrat)

 

En relación al llamado problema catalán, se ha usado la imagen del choque de trenes. Según esta metáfora la persistencia en una misma dirección pero con sentidos opuestos de los procesos del Gobierno de España y el Govern llevaría a una colisión inevitable con resultados idénticos en esencia, aunque no en grado, a los que sufrirían los pasajeros y tripulación en el choque de esos dos convoyes.

Choque de trenes

Aunque las metáforas las carga el diablo, a mi me parece más acertada que la ferroviaria otra de aroma naval.

La metáfora en cuestión es más una parábola que se cuenta en cursos de management para invitar a los directivos a la circunspección y al realismo.

Hay muchas versiones de la anécdota, con distintos protagonistas según la nacionalidad del que la cuenta y con extensiones que enriquecen la conversación para procurar hacerla más graciosa.

He tomado la versión que según mis investigaciones parece la original:

“Lo creas o no esta es la transcripción de una conversación real de radio entre un buque de la Marina estadounidense y las autoridades canadienses frente a la costa de Terranova en octubre de 1995. La conversación de Radio fue iniciada por el Jefe de Operaciones Navales el 10 de octubre de 1995 .

Un navío de los Estados Unidos de América ve en la oscura lejanía por proa una luz; emite un mensaje por radio y se produce el siguiente intercambio:

Jefe de Operaciones: Por favor, desvíe su curso 0,5 grados hacia el sur para evitar una colisión.

Respuesta: Recomiendo que sea usted quien desvíe su curso 15 grados al sur para evitar una colisión.

Jefe de Operaciones: Aquí el comandante de un barco de la marina de guerra de los EEUU. Le digo otra vez, que desvíe su curso.

Respuesta: No. Se lo digo yo una vez más: ¡desvíe su curso!

Jefe de Operaciones: Este es el USS Coral, portaaviones del ejercito de los Estados Unidos; somos un gran navío de guerra de la Marina de los Estados Unidos. ¡¡Desvíe su curso ahora!!

Respuesta: Esto, Señor, es un faro”.

El faro

La popularidad rápidamente alcanzada por la anécdota, que se contó también con otros buques de la Navy como protagonistas de la misma, obligó a la America’s Navy a desmentir la broma porque no se correspondía con ningún hecho real: El USS Coral fue desmantelado y desguazado el 2 de julio de 1992.

Pero a lo que vamos, usted lector sabrá decirme en el problema catalán (en el problema español) quién es el Jefe de Operaciones de la flota y quién el farero.

A nosotros la broma nos ofrece la oportunidad de decir tres cosas a quienes, como en la fiesta pacifista ibicenca – esa de todos de blanco –, repiten el mantra-eslogan dialogo, diálogo, diálogo.

Primero: para dialogar, ya sean cuestiones políticas, sentimentales o académicas es preciso esforzarse en diferenciar diálogo de dialéctica: en el primero se busca la verdad o el bien común; ahí hay sinceridad y honradez. En la segunda se pretende emplear la palabra sólo como herramienta para imponer la propia postura o lo que más se parezca a ella.

Segundo: el marco de una conversación tiene que estar definido previamente: se necesita compartir la realidad sobre la que se va a hablar para intentar no salirse de ella. De no hacerlo, el flujo verbal entrará en lo que con toda justicia suele llamarse “conversación de besugos”, donde los interlocutores abren sus bocas pero no confluyen en ideas.

Tercero: procurar aunar los espíritus que, dado el grado de crispación va a ser difícil. Pero Nietzche lo aconsejaba: “toda relación interhumana tiende a que cada uno pueda leer en el alma del otro; la lengua común es la expresión sonora del alma común. Cuanto más íntima y sensible sea esta relación, mayor será la de la lengua para entablar una relación”.

Básicos de la conversación

En las antípodas de la unión está el odio. El odio necesita poco de las palabras. Tiene un vocabulario reducido y destructivo. Justo lo contrario que el amor de dos jóvenes de quince años que, como cantaba Joan Manuel Serrat “En teníem prou amb tres frases fetes”. Sólo tres frases pero que inyectan en la vida del otro emoción y ganas de no separarse nunca. No necesitan más porque habla la mirada.

Y a estas alturas la lengua y espíritu comunes parecen alejados de muchos en España.

Nada es imposible para los hombres que buscan con el lenguaje el bien de los demás. Pero antes de eso se necesita poner en orden las cosas exteriores y en paz las interiores. No es un salto al vacío, ni el delirio de un viaje al infinito: es una necesidad de los pueblos para vivir como humanos.

 Idea fuente: algunas condiciones básicas de un diálogo eficaz.

Música que escucho: “Paraules d’amor”, Joan Manuel Serrat (1968)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Salvad al cantante Salvador

 

 

“¡Ay amor si te llevas mi alma,
llévate de mi también el dolor”
¡Ay amor! (Salvador Sobral)

 

No por temida, la noticia es menos lacerante: Salvador Sobral fue ingresado hace unas hora en cuidados intensivos.

182 millones de personas lo vimos triunfar en la gala de Eurovisión de 2017, celebrada en Kiev. Las cámaras de televisión se prendaron de un desestructurado personaje de voz suave y evocadora. La canción “Amar pelos dois” escrita por su hermana Luisa, sonaba con una ternura azul que atravesaba los aires, las ondas y las corazas triviales de nuestros corazones, que quedaron heridos.

Salvador Sobral, ganador Festival de Eurovisión 2017

Pero, ay, el corazón más herido, era ya entonces el suyo, el de Salvador Sobral. Las cautelas médicas hicieron que no llegase al festival hasta dos días antes del comienzo. Ya le habían avisado los doctores en enero de que su corazón era una máquina de obsolescencia programada: latidos con caducidad.

Y sin embargo, él nunca ha querido una compasión sensiblera. El ha amado – y de qué manera – la música. Parecía decir “no os fijéis en mí que muero; poned los ojos en la canción: ella no envejece y nunca muere”.

Y ahora la música llora. La música no quiere ser eterna, desea que su amante Salvador viva y que su voz resuene acompañe la soledad de tantos.

Y ahora la música se va apagando en la voz de este fuerte y tierno portugués. Salvador necesita con urgencia un corazón que su cuerpo no rechace. Para sí mismo, que no rechaza la belleza, la amistad y la sencillez, no pide más que un poco de silencio, la compañía fraterna y soñar sin pedir nada a cambio.

Hemos conocido que “Amar pelos dois” que le hizo universal será el tema de una serie brasileña de sugerente título: “Tiempo de amar”. Qué grande es el tiempo de amar, cómo se dilata con la música amada.

Tiempo de amar, tiempo de vivir

Quienes hemos amado más allá del plazo impuesto sabemos que el tiempo de amar está cuajado de copos de música. Lo mismo que la nieve dura un instante en la palma de la mano, así los copos de la música más querida se derriten en un momento con sólo rozar la memoria. Pero resurge desde la tecnología que la preserva para volver a sentir que estamos vivos porque hemos amado esas canciones.

Y cuánto hieren. Y cuánto alivian haciéndonos saber que las orillas del infinito se han acercado a los más íntimo horadando los sentidos.

Por eso lo digo: salvad la música, salvad al cantante Salvador. Buscadle un corazón, dejad que sus venas de 27 años las llenen latidos de un corazón fuerte y sano y acaso enamorado.

Salvad al cantante Salvador para que su corazón no quiebre. Quien quiere “Amar pelos dois” merece un espacio vivo. Quien como él es capaz de amar por los dos debería tener un corazón y que su música llueva en un mundo que anda muy perdido y desamorado. Quien como él ama por los dos pide, sin pedirlo, la piedad de una música que inunde el áspero raspar de tanta vida sin sentido.

Anochece una canción en Lisboa

En una sociedad que ha entronizado a artistas de perfil autodestructivo que se quitaron la vida joven, parece locura, pero es lo justo, pedir que las nubes destilen vida para quien ha pasado de puntillas y haciendo bien lo que sabe: cantar.

Por el Oeste, a orillas de Océano junto a las olas atlánticas, se muere un sol sonoro. Y si se hace de noche sin un corazón nuevo, ¿quién nos cantará Ay amor?

Salvad, salvad a Salvador Sobral. Elevad plegarias y no imaginéis un mundo sin él.

 

Idea fuente: el poder de una canción para seguir viviendo enamorado

Música que escucho: “Ay amor”, Salvador Sobral (2016)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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