La estrella que siempre está

En su muro de Facebook un amigo, copresidente conmigo de una sociedad por fundar, evocaba algo típico de estas fecha: las Lágrimas de San Lorenzo y lo hacía con una frase:

Lo mejor de ver estrellas fugaces es darte cuenta de la belleza de las que siempre están”.

La noche de las Perseidas es en la que miles de ojos se dejan las dioptrías escrutando el firmamento. Son los instantes para no perderse las estrellas fugaces.

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El corazón pega un brinco con el avistamiento de la primera. Si es un corazón solitario cierra los ojos mientras pide un deseo. Si es un corazón acompañado comparte con el índice la trayectoria. Emociona esa primera estrella, porque en una tierna cuna del alma mecemos la primera estrella, la que no se olvida, la que inspira, la que nos hace más niños, más amables.

Las Lágrimas de San Lorenzo se refieren a la más intensa lluvia de estrellas fugaces del verano, que suele comenzar a mediados de julio y extenderse hasta finales de agosto, aunque es en los días centrales de agosto cuando se produce el pico de mayor intensidad. Este año 2019 el pico de actividad se produjo entre las noches del 12 y 13 de agosto, con hasta 120 meteoros por hora.

Delante de esa lluvia de estrellas corre el cometa 109P/Swift-Tuttle. A la velocidad de 60 kilómetros por segundo, de la piel de Swift-Tuttle se desprenden una pequeñas partículas que, por la alta temperatura, vaporizan al sentir el tacto de la atmósfera de la Tierra: ese toque es el que enciende el destello fulgurante que recorre el firmamento y atraviesa de luces nuestra emoción.

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Al seguir con los ojos el bello espectáculo de cada estrella fugaz, nos perdemos en lo efímero y estamos ciegos para lo permanente.

¿No es esto trasunto de nuestra vida de hoy? Nuestros ojos corren detrás del último aparato electrónico; nos atrapa el chisme recién contado; la última novelería oscurece la idea raíz; se tropiezan los pies persiguiendo la moda naciente y perdemos el estilo que es lo que permanece. No queremos dejar de seguir la catarata de noticias, minuto a minuto, como delata el historial de nuestra navegación por  Internet. Hay que «estar al día». Y el peligro es «estar de noche» para la propia vida.

Pero se ve que esto ocurre casi como parte de un tipo de condición humana. Así les pasaba en Atenas a aquellos ciudadanos a los que Pablo de Tarso traía una novedad de resonancias eternas: “Todos lo atenienses y forasteros que residían allí no se dedicaban a otra cosa que decir y escuchar algo nuevo” (Hch, 17, 21).

Ese “aliquid novi” es subyugante y, sin embargo, podemos hacerlo compatible con lo que evoca mi amigo en Facebook “Lo mejor de ver estrellas fugaces es darte cuenta de la belleza de las que siempre están”.

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Y esas estrellas que siempre están enmarcan las lágrimas celestes de agosto. Pero también son la luz para tus ojos, la verdad que nos abraza con ternura fuerte, la belleza perenne que justifica a la que pasa, la noche luminosa que consuela nuestros temores y nos da valor para pasar los días repartiendo cosas buenas.

He nacido bajo una estrella errante y la bella distracción de lo que pasa no me pesa si miro con amor a la que arde dentro de mí.

Idea fuente: estrellas que están siempre, la certera visión de un amigo.

Música que escucho: “Wand’rin star”, Lee Marvin (1969). La cantaba en la película «La leyenda de la ciudad sin nombre» (Paint Your Wagon, título original) protagonizada por el propio Lee Marvin, Clint Eastwood y Jean Seberg. Dos versiones de interés: Frederick Loewe, compositor de la música del film, y Engelbert Humperdinck.

José Ángel Domínguez Calatayud

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La belleza del verano

De un modo espontáneo se han ido acumulando en el álbum de mi smartphone fotos, las más de atardeceres en el mar. La primera vino a alojarse ahí a mediados de julio. Comenzaba el verano de mi teléfono. Me la enviaba una prima desde una playa cantábrica. Allí acababa de pasar una galerna en un cielo de grises y plomo, que dejaba un mar de luz oscura. Era mi mar y de recuerdos se me llenó ese lugar del corazón reservado para lo que fue primero.

Cristina

Después han ido llegando torrentes de atardeceres en una interminable paleta de colores gaditanos y onubenses principalmente. Esto sobre todo en un grupo de Whatsapp de muchos amigos. Parecían rivalizar para ofrecer la mejor imagen del sol acostándose por occidente. Nadie ha superado a Cristina. Arquitecta, pintora, amiga de los amigos, bebedora a sorbos profundos del aire de la vida.

Cristina persistente nos enviaba una foto de cada ocaso. Un sol resplandeciente abría un camino de luz brillante desde la orilla hasta el umbral del fin del mar. Otra  desde el campo de prácticas de un campo de golf con palmeras peinando los rayos del astro.

Paco

Después cada uno del grupo se unió a la iniciativa y, ya digo, un colmarse de instantáneas de hermosura: Luis, desde la orilla del Guadalquivir y luego en la playa: Mónica desde una inmensa torre en Singapur o desde las indonésicas Islas Gili. Paco desde La Sabana. Otros, no sin humor, enviaban estremecedores atardeceres capturados en el caladero de…Internet. O rescatadas del pasado otoño, como la de Jesús (“igualadla si podéis”). Y playas, playas, playas que evocaban a Marie Laforet y su “La plage”:

L’amour offrait l’éternité

A cette image

De la plage ensoleillée

C’est bien dommage

Mais les amours de l’été

Bien trop souvent

Antonio

Si como los cocineros de élite pudiera sintetizar todas esas imágenes haría un solo plato apellidado “Belleza”. El nombre sería el de cada amiga, de cada amigo que amo, de todos vosotros a quienes deseo lo mejor.

Y el centro del plato tendría que ser el autoservicio de una porción de corazón y mente que tiene que poner cada uno. Un verano así lleno de belleza no nació sin un objetivo. Nació para ti.

En el sonido de cada grano de arena que canta agudo al roce con sus vecinos; en el aire de esa montaña a la que has ascendido y desde donde ves cadenas de cumbres; en los millares de verdes y azules que ofrece el mar; en tu agradecer al Cielo minutos intensos de paz; en la música que al refrescar suena en tu lista de canciones favoritas; en fin, en cada persona – a la que atiendes con la mirada y el alma – se esconden teselas para el mosaico de tu felicidad. Recógelas con el intenso disfrute con que el niño recoge conchas.

Y es por belleza. La belleza y el ser tienen un fuerte vínculo: amando lo bello somos más. Y, con un poco de delicadeza, nos hace mejores.

Este agosto de la personal biografía, puede llenarse de belleza y empapar los pensamientos y cargar la batería que importa más:  la del corazón. No es de litio, es de coraje, sueños y detalles luminosos para los que están cerca.

José Luis

Idea fuente: imagen fuente de un atardecer marino

Música que escucho: La Plage, Marie Laforet (1964)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Comunicación sincrónica

Cuando termino de escribir ya sé si le va a gustar o no. He visto aquellos ojos durante años muy vivos de nuestras vidas. Cuando no podemos vernos, cuando la distancia llegó a pesar más que la gravedad, ese rostro permanece en la memoria con todo su potencial de descodificación. Hay tal sincronía entre las personas que se quieren que la distancia queda rota. Se piensa y se ve juntos: “a qué le llaman distancia… los caminos son caminos en la tierra y nada más”. Sincronía es la comunicación que quiere hacernos personas más cercanas. Sobra el papel. Y los bits.

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Cal Newport, profesor de informática en la Universidad de Georgtown, ha debido percibir la necesidad de ver la expresión de su interlocutor. Compartir un mensaje en tiempo real y cara a cara es el cumbre de la comunicación sincrónica. También es paradigma de la eficiencia, según que casos.

En un iluminador artículo ( Was e-mail a mistake? The Newyorker. 06/08/2019) recorre la evolución de los sistemas utilizados en las empresas para pasar mensajes. Desde la entrevista personal, pasando por las reuniones de colaboradores o las llamadas por teléfono hasta la aparición del fax y de éste al correo el electrónico. También a analiza las fallas de lo que en informática se denomina computación distribuida. Durante años se trabajaba en una misma oficina para tenerse cerca, para estar físicamente pegados los que trabajan en una misma línea. Pero cuando en un lugar de trabajo como el Edificio Larkin trabajan 1.800 personas esto era ineficiente.

“A medida que se acumulaban mensajes en los escritorios de la oficina – cuenta Newport-, lo que parecía faltar era un sistema de mensajería práctica asincrónica: una forma de yo enviarle un mensaje cuando fuera conveniente para mí, y de que usted lo leyera cuando fuera conveniente para usted, todo a velocidades menos lentas que la del correo dentro de la oficina. Si se pudiera construir dicho sistema, pensaron los gerentes, entonces sería posible una colaboración eficiente en tiempo no real: no más patinazos de llamadas perdidas, no más esperar el carro de correo. En la era emergente de las grandes oficinas, la asincronía práctica parecía una bala de plata de productividad. Esta creencia motivó la inversión en proyectos como la red de tubos neumáticos de la CIA”.

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Los posteriores avances en la computación hallaron nuevos sistemas e informáticos y gerentes se entusiasmaron con el sistema mail que invadió el mundo de los negocios.

“El Grupo Radicati, una firma de investigación tecnológica, ahora estima que más de 128.000 millones de correos electrónicos comerciales se enviarán y recibirán diariamente en 2019, y el usuario comercial promedio se ocupará de ciento veintiséis mensajes al día. El dominio de la comunicación asincrónica sobre la colaboración sincrónica ha sido tan completo que algunos desarrolladores de herramientas de colaboración digital se burlan del hecho de que alguna vez confiamos en algo tan primitivo como las reuniones en persona”, recuerda Cal Newport.

Hoy, en centros tecnológicos avanzados ante las dificultades para consensos en proyectos y temas de un solo objetivo común se hacen reuniones de equipo – comunicación sincrónica – de corta duración, incluso de pie:  Durante un cuarto de hora se habla, se ve, e escuchan y se comparte la búsqueda de acuerdos rápidos, eficientes y eficaces sin necesidad de enviar o leer el imposible de 126 mails diarios.

Cada cosa tiene su mejor utilidad: muchas veces hemos comprobado que se cumple lo de que lo mejor es enemigo de lo bueno.

IBM-Q Quantum Computer

En una entrevista concedida a Manuel Sánchez (XL Semanal, 11/08/2019), Darío Díaz, director mundial de IBM Research y creador del ordenador cuántico, vuelve al tema desde otro ángulo: “va a haber un renacimiento del mundo analógico. La evidencia más clara de sistemas inteligentes somos nosotros y los animales. Y nosotros somos analógicos. No tenemos chips en la cabeza. tenemos intuición y sentido común. Es muy difícil crear sentido común en los ordenadores. Cosas que a nosotros nos resultan sencillas son muy difíciles para los ordenadores, aunque sean cuánticos”.

Es de una gran sencillez compartir una llamada, mejor una cerveza, y saber que lo que es nuestro es algo muy superior a nada: sincronizar lleva su tiempo y su intensa generosidad pero tiene efectos duraderos, sin espacio ni tiempo hasta que la comunicación nos hace mejores personas.

Idea fuente: no dejéis que acabe la conversación salvo por el silencio compartido.

Música que escucho: Always On My Mind, Willie Nelson (1981). Grabada originalmente por B. J. Thomas (1970) se conocen de ella más de 300 versiones. Fue primeramente lanzada por Gwen McCrae y por Brenda Lee (1972); destacan la de Elvis Presley (1972) y Pet Shop Boys (1987).

José Ángel Domínguez Calatayud

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Luz de esperanza: los medios

Tengo abiertos en mi ordenador una docena de periódicos digitales, algunos internacionales. A esta hora de la tarde he leído una veintena de artículos y docenas de titulares como parte del oficio de escribir.

Photo by Florian Steffen on Unsplash

Claro que siempre hubo males y noticias sobre males. Aquí mismo pongo una listas de palabras extraída ahora de estos periódicos que pintan un cuadro puntillista fácilmente reconocible: se suicidó; apagón eléctrico; explosión; machete; Brexit; abandonar; obesidad; abuso; mentiras; aborto; Hong-Kong; cohetes; huelga urgencias; supremacista; golpe de estado; el teléfono, mi peor amigo; mal antiguo; Trump; mata a cuatro; segunda explosión; cuando no puedes sostener la vida; carrera armamentística; levantamiento; a fuego abierto; cuesta más que nunca: Xi; disputa; armas; tasas negativas; La ciudad rechaza el plan para la manifestación proheterosexual; manada; porno; recital de madurez; migrantes; homenajear a expresos; calvario bursátil; narcos; sin gobierno; herido por disparos; incendios forestales; sacrificada; matones; insultos; abucheos…

No hay claves que descifrar: es lo que se escribe y lo que se dice.

Veo negro. Negro sobre blanco si quieren, pero negro, muy negro al fin. Parece que la realidad hubiese elegido la festividad de san Lorenzo, mártir en una parrilla, para achicharrarnos de hedor a carne humana victimizada.

Photo by Warren Wong on Unsplash

Pero hay una canción luminosa. La canta First Aid Kit y se titula My Silver Linning. Su estribillo repite “Show me my silver lining, I try to keep on keeping” que podría traducirse como “muéstrame mi lado positivo y trato de seguirlo”.

Silver lining tiene otros significados según qué contexto: consuelo, parte positiva, resquicio de esperanza y luz de esperanza.

Eso me importa. Eso pienso que importa a muchas personas: una luz de esperanza frente a las desgracias.

Y no sólo malas noticias, sino malos fondos, declaraciones y posturas que siguen grandes tendencias (megatrends) que tienen la letra del mismo diablo para acabar con las personas en eso que les hace tan humanas que las acerca a lo divino: la mente y la voluntad recta.

Sin que se me ofenda ningún exquisito de la Historia afirmo que asistimos a un nuevo Holocausto: el Holocausto del espíritu.

Igual que aquel, al principio fue negado, pese a los testimonios y pruebas horrendas, el actual no puede ni nombrarse sin sufrir la indiferencia, el desprecio condescendiente de la “nueva” inteligentzia o la persecución directa. Las leyes actuales de nuestro occidente siguen en muchas materias un tono que parece hasta digno pero que vacuna contra la razón en no pocos casos: eso es la esencia de lo políticamente correcto y del apoyo desmesurado a lo que desintegra la sociedad. Está mal visto ser libre y pensar diferente a la ideología de lo ordenado por la “autoridad moral mundial”.

Photo by Davide Cantelli on Unsplash

En otras épocas siniestras de la historia no faltaron voces de pensadores formados que señalaban con agudeza la herida de la sociedad. Plumas de periodistas con criterio que llamaban a las cosas por su nombre. Comunicadores que con paz, pero con sabia fortaleza, no callaban por comodidad o cobardía. Eran luz de esperanza. No tenían en sus manos las soluciones pero apuntaban a ellas con el dardo de la palabra.

Sin embargo esto no es la muerte; ni la muerte es el final. El final es la luz de esperanza. Alumbrarla es cosa de comunicadores que se atrevan a buscar la verdad y a proclamarla sin otro compromiso que el servicio al hombre y mujer en su integridad.

Es posible con libertad y formación. Y muy buen humor.

Idea fuente: necesidad de personas modélicas en los medios de comunicación

Música que escucho: I don’t talk to talk about it, Amy Belle (2009). La canción la lanzó en 1975 Rod Stewart. Pero el creador fue Danny Ray Whitten, compositor estadounidense que la compuso en 1971 para debutar con su banda Crazy Horse. La prematura muerte de Danny, permitió a Rod hacerse con la canción. La cantó a dúo con Amy Belle en el Royal Albert Hall (2004) y causó una impresión imborrable en el público.

José Ángel Domínguez Calatayud

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Hacedores de Comunicación

En otra vida anterior el director de la factoría dijo quejumbroso enel Comité de Direccción que presidía: “qué difícil es la comunicación”. Sonreí. Me miró y se dio cuenta de que yo sabía lo que pensaba. Muchas veces le había animado a acercarse a las personas. Ahora bebía la hiel de ver que sus instrucciones no producían el efecto esperado. Él también sonrió.

En la muerte  de Toni Morrison (11 novelas, Premios Pulitzer y Nobel) tomo tres citas suyas en homenaje y como muleta. Porque comunicar es, efectivamente algo de una gran sencilla dificultad.

Piazza di Spagna, Roma

La belleza no era simplemente algo que contemplar, era algo que una podía hacer. «Ojos azules» (1970).

El ayuntamiento de Roma, en aplicación de la norma anti-vivac ha prohibido sentarse en los escalones de la Plaza de España. Leo en Il Corriere de la Sera que la multa por sentarse en uno de los 136 escalones de la esplendida obra de Francesco De Sanctis que van de la colina de Trinitá di Monte hasta los pies de la Inmaculada en Piazza di Spagna puede costarle al turista entre 150 y  400 euros. Protestan los turistas. Se quejan los comerciantes de una medida que alguno tacha de exagerada. Y una paloma gris y blanca no entiende nada.

Hacer belleza es tan duro como hacer comunicación. Y la escalinata te roba el corazón. Tú, como la paloma, no entiendes nada.

Es amiga mía. Me une a mí mismo. Junta las partes que son y me las devuelve en el orden que corresponde. Es bueno, sabes, tener una mujer que sea amiga de tu menteBeloved” (1987).

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A veces le doy a leer cosas que he escrito. Sobre Roma o sobre personas que sí tienen algo que decir. Me veo entonces como en la cita anterior, como un ser-puzzle al que palabra de la amiga no ataca mi mente, no la desprecia sino que con delicada paciencia, empezando por las piezas de las esquinas y luego poniendo las de los bordes coloca todas y finalmente la pieza que es el corazón. El corazón siempre es una canción. No siempre la misma, que sería muy fácil, sino una de aquellas de cuando pensaba en ella desde la escalinata de Piazza Spagna, o de las que al regreso a mi ciudad nos olía a Martini, tabaco rubio y moqueta de un bar recién abierto.

Encuentra tu don y desarróllalo. «Volver» (2012)

Esa es la primera dificultad de toda comunicación. En Roma, en Bilbao o en el interior del artista. Toda comunicación es un regalo que uno tiene en el interior. Da igual que sea un titular, un artículo o la vocación personal a un camino de perfección en la tierra. Es cuestión de grado, pero esencialmente es el mismo trabajo para la mente: encontrar el don que custodia las propias afirmaciones. La pregunta de toda comunicación no es tanto el  “qué” sino el “para qué”. Toni Morrison había declarado que escribió su primera novela “porque quería leerla”.

Es esa una afirmación finalista que llenaría luego una larga vida.

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Idea fuente: “Lo escribiré yo y luego lo leeré”.

Música que escucho: «La prima cosa bella, Nicola di Bari (1970). Otras versiones hay de Malika Ayane; Dalida & Massimo Ranieri; en español el Grupo Korajje.

José Ángel Domínguez Calatayud

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