Ficción: elegir el final

En la vida real nadie puede elegir su final. Sólo los suicidas, y vaya final. Nos está vedado siquiera bosquejar cómo serán los últimos días. Muchas veces ni los intermedios. Ya lo he recordado en alguna ocasión: “si quieres hacer sonreír a Dios, cuéntale tus planes”.

Elegir es también no elegir. Somos diseñadores, no siempre hábiles, de nuestras acciones, pero no de sus efectos. Somos libres ante lo que hacemos, prisioneros ante la consecuencias.

Optar para vivir

¿Quién no conoce a alguien que compró un coche caro para disfrutar de la velocidad, para descubrir más tarde que la velocidad no le causa el gozo pensado, o que el coche se quedaba en el garaje porque había otras prioridades que atender?

¿Quién no amó, que no fuera despreciado?

¿Quién se matriculó en Medicina, soñando en ser un gran cirujano y descubrió demasiado tarde- siempre demasiado tarde –que la sangre le produce náuseas? En fin, elegir la continuación de la propia biografía no es garantía de acierto. Pero ese es el destino del hombre: elegir el camino, pues el descamino se presenta el solo.

Netflix, ha presentado una película en la que el espectador puede, en determinados momentos, optar por distintas continuaciones.

Al final del artículo de The Economist (The Daily Critic’s Notebook, 23/06/2017) en que leo la presentación de este producto se dice que “los seres humanos pasaron miles de años escuchando pasivamente los mitos y cuentos, por lo que estamos programados por la tradición para apreciar un principio, un medio y un final”.

Es escéptico el autor, Tim Martin, sobre el éxito final de la iniciativa de Netflix. Lo es desde el mismo titular: Do I realy choose my own adventure? Efectivamente, el film destinado a los más pequeños se titula “Puss in Book: Trapped in an Epic Tale” y muestra al gato – “the spanish cat” – de la celebrada serie de Dreamwork Shrek atrapado en un libro del que trata de escapar.

No es la primera vez que en productos de entretenimiento se anima a construir uno mismo la historia. La realidad virtual de los juegos de ordenador ya presentaba esta posibilidad; como recuerda el autor en juegos de los años 80’ ya había aventuras virtuales en las que el jugador podía caminar por otros escenarios pregrabados para tener diferentes aventuras, simplemente pulsando un botón.

Pero aquí la diferencia es que estamos ante un guión de película con bifurcaciones para que cada uno pueda vivir su propia aventura. “Según Carla Fisher, directora de innovación de productos de Netflix, una opción representativa podría implicar “hablar con un gigante o entrar en la historia de “Goldilocks y los Tres Osos”.”

La segunda animación, una aventura de stop-motion para niños mayores llamada “Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile” presenta ocho opciones y cuatro finales separados. -Uno de ellos -dice Fisher con alegría- es en realidad infinito porque se remonta al principio. Puedes seguir yendo y viniendo …”.

Desde luego es un apuesta a la que Netflix puede hacer frente con tanto cliente cautivo. Está además destinada a ampliar su base con niños y jóvenes. Pero la pregunta que se hace el autor, y nos hacemos nosotros, es si un público adulto que ve, por ejemplo, “House of Cards” desea “trabajar” frente al televisor para ir construyendo por sí mismo enlaces y desenlaces, o prefiere mejor que alguien haya elegido por él y ver el desarrollo con un bourbon en la mano.

Ficción de adultos: ¿querrán elegir?

Si cuaja lo de soluciones alternativas, el trabajo para guionistas es terrible. Como insinúa el artículo, los personajes de una serie tienen un determinado carácter que va definiéndose y cristalizando según se suceden los capítulos. No existen, no pueden existir en una serie personajes que no sean consecuentes en su temperamento, en su carácter y en su personalidad con los actos que van protagonizando.

Optar va definiéndonos y eso es perfilar cómo somos y como vamos a acabar siendo. Los escritores sabemos que el personaje es nuestro sólo hasta cierto punto, pues él es lo que será.

Como decía en la “La Dama de Hierro”, Margaret Thacher (Meryl Streep):

Vigila tus pensamientos, se convertirán en palabras.

Vigila tus palabras, se convertirán en actos.

Vigila tus actos, se convertirán en hábitos.

Vigila tus hábitos se convertirán en tu carácter.

Vigila tu carácter se convertirá en tu destino”.

 

 

Atribuida a Mahatma Gandhi, sin que se haya podido acreditarle su autoría, esta cadena de ideas sí refleja una realidad: caracterizar (dar su carácter) a un personaje, va a condicionar a los guionistas de estas series con posibles distintos finales. No les arriendo la ganancia si quieren estirar como el chicle la diversidad de caminos para un mismo personaje.

La ficción admite todo, la credibilidad no. Y ya sabemos, sin credibilidad la comunicación no se sostiene ni en ficción.

Idea fuente: Cine de ficción con finales a elección del espectador

Música que escucho: “Alone”, Nana Mouskouri (1985)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Vida , Familia y Patrimonio de la Humanidad

 

Que c’est triste Venise
Au temps des amours mortes
Que c’est triste Venise
Quand on ne s’aime plus
(Que ces’t triste Venice, Charles Aznovour)

 

 

 

Leo (El País, 21/07/2017) la lista de los 21 lugares elegidos por la UNESCO como lugares Patrimonio de la Humanidad. Lugares culturales, lugares naturales, lugares en peligro.

Son indudablemente heridas donde el Comité del Patrimonio Mundial pone su acertado dedo prescriptor. Hay que protegerlos; animar a su conocimiento por todos y a tasarlos como emblema del respeto de la Humanidad por lo excelso. La Comunidad Internacional ejerce sobre ellos una singular vigilancia para preservarlos para generaciones futuras.

Me ha llevado un rato repasar la lista de sitios que son Patrimonio de la Humanidad.  Me emociono al ver el celo de la UNESCO por su dedicación y perseverancia, su investigación y estudio antes de elegir cualquier lugar, monumento o conjunto paisajístico.

Venecia y su laguna, Patrimonio de la Humanidad

Causa entusiasmo a cualquier humanista comprobar que el país con más lugares con esta especial designación sea Italia con 53 lugares. China es el segundo con 52.

Y como españoles no podemos sino sentir un estremecimiento por la espinal dorsal al ver a España ocupar, con 46 sitios, el tercer lugar de una lista de 197 países. Bravo: alguien ha debido estar haciendo bien las cosas durante siglos en nuestra nación para que ahora reluzcan con brillo refulgente ante el Universo.

He tardado un poco en leer el catálogo completo con los 1073 sitios que han recibido este honor, en el que se incluyen los 21 elegidos este año. De acuerdo con la clasificación unos son bienes culturales, otros bienes naturales y bienes mixtos. Cuando aparecen con punto rojo se trata de bienes en peligro. Estos demandan una cuidadosa política de protección. Los poderes políticos, las organizaciones internacionales, los movimientos humanitarios y las ONG,s están llamados a ser aquí la conciencia activa de la Humanidad.

La UNESCO no es un dios y necesita de los poderes, sean políticos, sociales o mediáticos para que, por ejemplo, no desaparezcan la Ciudad vieja amurallada de Shibam (Yemen, 1982), la Reserva de fauna de Okapis (Congo, 1996), el Lugar de nacimiento de Jesús, Iglesia de la Natividad y ruta de peregrinación en Belén (Palestina, 2012), Venecia y su laguna (Italia, 1987), la Catedral de Sevilla, Alcázar y Archivo de Indias en Sevilla (España, 1987) o el Centro Histórico de Viena (Austria, 2001).

Catedral de Sevilla, Patrimonio de la Humanidad

Se realizan esfuerzos para ello que, con todo, siempre serán insuficientes. Pero, insisto, ya la labor de catalogación supone un paso, un poner el foco en lo que importa para evitar olvidos, dejadez, abandono y reconducir recursos que, de otro modo, se diluirían.

Cuando terminaba de leer esa lista de monumentos y espacios de relevancia universal, otros titulares han llamado mi atención. Concretamente dos:

1.- “Los padres de bebé británico Charlie ponen fin a su batalla legal sobre el tratamiento de su niño” (El Mundo, 24/07/2017). Un niño, Charlie Gard, “sufre una rara enfermedad genética llamada síndrome de depleción de ADN mitocondrial, que afecta especialmente al cerebro. El bebé, de 11 meses, necesita respiración y alimentación asistida para vivir”. Los médicos ingleses querían desconectarlo. Los padres que se siguiese buscando una solución; todo menos matarlo. Los jueces se lo tomaron… como se lo tomaron. Unos médicos de Estados Unidos viajan para ver si al bebé humano se le puede administrar un remedio en fase experimental. Pero ya el daño es irreversible.

La vida – la humana – no ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad y admite dilaciones para ser protegida. En la lista de los 1073 bienes a proteger en beneficio de la Humanidad falta el Hombre.

 

Un peluche para Charlie Gard

2.- El segundo titular.” G20: les propos de Macron sur les “7 à 8 enfants” par Africaine passent mal” (L’Express, 12/07/2017). Efectivamente, como recoge también El Pais (24/07/2017), África responde a Macron tras su polémico discurso en el G20: intelectuales africanos, pero también franceses y las redes sociales, han criticado sin paños calientes la declaración del mandatario. El presidente francés había insinuado “que la fecundidad de las mujeres africanas era una de las causas de la inestabilidad y eso desató las reacciones en las redes sociales”.

Hace unas décadas, en una conversación en la que participábamos unas cuatro personas, un ministro español de Hacienda, pontificó que el problema del paro en España desaparecería cuando bajase el índice de natalidad. Reconozco que me quedé de piedra ante este desahogo ministerial que lo soltó con la frialdad de quien maneja datos irrefragables. Más de treinta años después de esa charla, con la natalidad española en los umbrales de la glaciación demográfica el paro está en cifras de dos dígitos. Hoy se quedaría de piedra el político metido a augur. O no.

Me pregunto, ¿por qué será que todos los profetas de la reducción de los nacimientos desde Malthus hasta Macron, no revisan antes en qué consiste el ser humano? Luego, por no hacerlo, como mi ministro, comprueban demasiado tarde que el camino de la estabilidad va en sentido contrario a la muerte.

African family

La Familia – la humana – no ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, por eso sufre inerme ataques, desfiguraciones, débil protección legal e irresponsables desprecios. En la lista de los 1073 bienes a proteger en beneficio de la Humanidad, falta la Familia.

La Familia y la Vida que en ella nace exigen una retasación universal que reconozca eficazmente su valor. No cabe luego llorara sobre la leche derramada: Dios perdona siempre, el hombre algunas veces, la Naturaleza nunca.

Idea fuente: La Vida y la Familia como candidatos a ser declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Música que escucho. Que ces’t triste Venise, Charles Aznovour (1964)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Colección de silencios

Un artículo de Kalefa Sanneh sobre el cantante de country, Georges Strait (Georges Strait’s Long ride, The New Yorker, 24.07.2017) y una conversación de esta mañana me ponen a escribir sobre los silencios.

 

Georges Strait, intérprete de country

En la comunicación no todo es transmitir o recibir mensajes. Ni siquiera compartirlos. Emitir, acoger y tener una experiencia común son, sin dudas, funciones básicas de la comunicación.

Pero el silencio tiene su misión en comunicación.

Tacendo consentire, se dicen en latín; “el que calla, otorga” decimos en español. “Quien calla, no dice nada”, nos enseñaba con toda razón el sabio y finísimo jurista de Derecho Romano, Álvaro D’Ors.

Al menos cuando callamos no mentimos. Y eso tiene su importancia cuando hasta para la verdad manipulada se han inventado un palabra mentirosa: posverdad.

Las tragaderas de la Real Academia Española de la lengua se han ampliado: la edición de diciembre de 2017 incorporará el vocablo, como neologismo derivado del inglés post-truth, para referirse a aquella “información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”.

Entonces, podríamos decir, el silencio en comunicación tendría su antesilencio y su postsilencio, además del silencio a secas, único para cada momento y circunstancia.

Silencio no significa vacío Rula Sibai

 

Retengo en mi almario un montón de antesilencios, silencios netos y postsilencios.

Antesilencio es el del ser prudente que rumia la palabra acertada con la que dar consejo, el de quien se apresta a consolar o el de la madre que se dispone a alentar al hijo desvalido.

Distingo en esta  penumbra de la memoria dos antesilencios que nunca me han defraudado: el necesario silencio del estudio para primero aprender y luego saber. Y el silencio de la meditación antes de la acción, que deja su rastro de inmortalidad al hacer valioso por eterno el mismo acto.

Sin algo de silencio anterior e interior no hay amor. Y un comunicación sin una pizca siquiera de amor nace prematura, con unas primeras horas necesitada de incubadora.

Silencios únicos y perennes son el de oficio propio de abogados, médicos, y el silencio del confesor, y el del confidente. También el del periodista acerca de su fuente.

Prensa y custodia de la fuente

Un callar ambivalente sería el de un hombre con una mujer. Hemos visto novios y matrimonios que no están diciéndose nada. Pero, mudos los labios, parecen hablar los ojos que miran los ojos. Lo llaman contemplación, pues la sola mirada recibe y entrega lo que las palabras se ven incapaces de decodificar. Mensajes no binarios, sino infinitarios, guarismos inalcanzables para la cabeza y la lengua, razones que la razón no entiende, ni falta que le hace, podríamos añadir.

Pero todos hemos visto otro tipo distinto de silencio entre hombre y mujer. Es ese ominoso mutismo cuando, estando aparentemente juntos, ya no miran juntos. Las más de las veces se trata de matrimonios que en algún recodo de la senda dejaron tirada en la cuneta la cantimplora capaz de quitar esa sed secante llamada indiferencia. Han dejado de quererse, porque han dejado de amarse. No sólo que se agostó el sentimiento, lo que no es grave, sino que cada uno bebe de su propia agua, come de su propia indigencia, y se incomunica en su triste incomunicación. Vivir es dar, servir, comunicar.

Silencio y mutua contemplación

Para catalogar postsilencios la memoria abre los cajones de las conversaciones interrumpidas, de las cosas acabadas, de las risas reídas, de las lágrimas lloradas, de los libros leídos y las canciones cantadas.

Son silencios de “después de”. Uno se queda con uno mismo y no hacen falta las palabras que uno no va a decir, ni las que podría escuchar. Están ahí en silencio, pero elocuentes. Son verdades que fueron y que no dejan pasar un día sin hablarnos en su bello silencio: algunas de ellas marcaron nuestro destino, o con más fe, ayudaron a que se cumplieran designios.

Hay el postsilencio a la muerte del ser querido, que como a Georges Strait a la muerte de Jenifer su hija de 13 años, le inspira dos años después una canción Baby Blue (1986), puro Country dolorido. Idéntico al Tears In Haven de Eric Clapton (1992) en memoria de su hijo Conor fallecido al caer accidentalmente del piso 53º de un edificio de Manhattan. Silencios rotos por la canción de un corazón despedazado.

Existen también postilencios recurrentes: el descanso de la noche, la excursión de la semana, o los silencios de las semanas de vacaciones mientras no sean suplantados por peores ruidos que no dejan esponjarse al alma ni fluir a las ideas.

Por último, cómo no reconocer el postsilencio autoimpuesto por guardar en el corazón lo que al corazón pertenece. Dejamos entonces al tiempo que haga su trabajo, mientras arranca a la piel de alma palabras sólo nuestras; no necesitan sonar para que sepamos que viven en la orilla donde nacieron. Déjalas ahí.

Idea fuente: silencios que comunican: antes, durante, después.

Música que escucho: Ce monde, Richard Anthony (1965)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

Actualidad de los ruidos en Comunicación

When you’re alone, silence is all you see
When you’re alone, silence is all you’ll be
Give me your hand and come to me.
(Silence is all you know, Katherine Jenkins)

 

La noticia la leo en el ABC de Sevilla edición de papel del 26/05/2017. Stella Benot titula su artículo “Teresa Rodríguez cambia de escaño para evitar sabotajes”.

Un titular así en un país en Nivel de Alerta 4 reclama una atenta lectura del contenido antes de volver a salir a la calle desde la cafetería Sur donde desayuno esta mañana.

El texto me tranquiliza, el asunto no es de terrorismo. En puridad ni siquiera de política, aunque Teresa Rodríguez sea portavoz de Podemos en Andalucía. El asunto es de Comunicación.

Teresa Rodríguez, portavoz de Podemos en el Parlamento andaluz

La lideresa de Podemos andaluz solicitó y obtuvo el cambio de escaños porque, “en su ubicación anterior… tenía detrás la tribuna de invitados (asesores del Gobierno andaluz) quienes eran perfectamente visibles cuando las cámaras del Parlamento le enfocaban y grababan sus intervenciones” (la negrita es cosa mía).

El ángulo de la toma para televisión determinaba que, además de la enardecida figura de Dª Teresa, apareciesen inevitablemente en  pantalla en segundo término “diversos asesores del Gobierno andaluz que negaban con la cabeza sus intervenciones, gesticulaban, comentaban y se reían cuando ella hablaba”.

Aunque la noticia tiene otras aristas de corte político – como que esos asesores ocupaban “sus” asientos en la tribuna de invitados antes de las diez y media para una sesión que empieza a las doce – me interesa destacar aquí la importancia de evitar ruidos en todo acto de comunicación.

Se considera ruido en comunicación no sólo la alteración sonora, si no cualquier factor que interfiere, perturba o dificulta que el mensaje llegue completo, claro y asimilable hasta el público destinatario.

Los que hemos hablado en público conocemos un tipo de ruido especialmente distorsionador que es el ruido interno. Se trata de ese voz interior que te transmite noticias y rumores del cerebro (auténticos fake news) poniendo en duda la propia competencia para estar en un escenario o el conocimiento del tema. Tengo para mí que este es el más destructivo de los ruidos.

Cuando la voz interior es falsa es la peor fake news

Pero en el caso de la parlamentaria andaluza el ruido es externo: el público ve distraída su atención por movimientos ajenos – visajes, gestos, movimientos de negación con cabeza o dedos enhiestos, risitas -que capturan gran parte del interés a la vez que roban credibilidad al emisor, diluyen el contenido y enfrían gran parte de la empatía que pudiera haberse generado.

Se podría pensar que, más allá de sus correligionarios, la empatía de la portavoz en el salón de plenos del Parlamento Andaluz no tiene mucho espacio. Así es.

Pero la pregunta que es preciso hacerse es ¿quién es el público destinatario de las intervenciones de esta portavoz? ¿Los parlamentarios? Oficialmente sí, efectivamente no.

Cuando Teresa Rodríguez se dirige desde su escaño a la Presidenta del Gobierno, a los Consejeros y a los diputados autonómicos presentes, ninguno de ellos es su público. Su público son sin lugar a dudas esos cientos de ciudadanos que ven Canal Sur o los que pueden visionar vía YouTube sus intervenciones.

La prueba del nueve de que lo que dice lo dice para los que están fuera de la sede parlamentaria es precisamente que haya solicitado el cambio de ubicación de su escaño para ocupar uno donde los ruidos no salgan en las pantallas.

Es una lección básica de Comunicación que esta profesional de la política y su asesores se la saben bien y han reaccionado.

Ruidos: perturbaciones que distraen en mensaje

Cuando nos toca impartir una clase, dar un conferencia, participar con la palabra en una mesa redonda o, simplemente, charlar en una tertulia los ruidos de la comunicación deben ser anulados. Tolerancia cero con los ruidos.

Si un compañero de la mesa redonda exhibe una pantorrilla con unos calcetines blancos con dibujitos de Snoopy; si en plena sesión entra el electricista en el escenario para arreglar un foco; si uno mismo se rasca la cabeza cada dos minutos, electricista, pantorrilla y el rasca-rasca vacían el mensaje y hacen ineficaz la comunicación.

¿Qué hacer?

Prever: todo el mundo de la mesa redonda con calcetines oscuros. O todavía mejor: no haga mesas redondas, donde un montón de gente en el escenario multiplica exponencialmente la probabilidad de ruidos. Y no le digo nada si usted interviene en último lugar.

Callar: no desgañitarse en un esfuerzo por superar con el propio verbo la imperecedera curiosidad del público por ver por fin a alguien trabajando: los electricistas, técnicos de sonido, azafatas son mucho más visibles y audibles que los oradores.

Tener presencia de uno mismo: en el escenario lo primero que se ve es lo que se mueve: que no sean mis manos sobre mi cabello o haciendo clic-clic con un bolígrafo de muelle.

Recordemos que de hecho el nuestro no es un régimen parlamentario, es un régimen de la Comunicación de Masas en la Civilización de la Pantallas.

 

Idea fuente: la importancia sustancial de los ruidos en comunicación

Música que escucho. Abigail’s song (Silence is all you know), Katherine Jenkins (2013)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Amar por los dos: elementos de un éxito

Se o teu coração não quiser ceder
Não sentir paixão, não quiser sofrer
Sem fazer planos do que virá depois
O meu coração pode amar pelos dois
(Amar pelos dois, Salvador Sobral)

 

Aunque tarde sigue siendo bueno felicitar a Eurovisión. Mejor a su ganador Salvador Sobral.

Pero la felicitación no es por la victoria, es por cantar lo que cantó. Es por cantar como lo cantó. Y es por la magnitud del regalo hecho a Europa desgranando su Amar pelos dois. (Amar por los dos).

Escenario de Eurovisión 2017. Centro Internacional de Exposiciones , Kiev (Ucrania)

En la interpretación de la canción pueden identificarse seis elementos que acreditan su éxito:

1.- Identidad: Salvador Sobral es portugués y cantó en su propia lengua. Mientras desde hace varias ediciones uno tras otros los países continentales caen en el inglés – que no es su idioma-, al representante de Portugal se le escuchó en su lengua materna. Era portuguesa la letra, la música, el acento y hasta el gesto. Sobral se comunicó. Simplemente – ¿grandemente? –, eso: comunicó de sí mismo y de lo suyo.

2.- Relevancia: Como consecuencia de lo anterior pareció distinto. No era un hip-hop de laboratorio ni un trabajo de estudio surgido de encuesta de preferencias. La atención de la audiencia fue capturada, seducida e interpelada por lo que escuchaba. Aquella falta de estridencia y electrónica; aquella dulzura casi inaudible era un clamor. En la planicie de la vulgaridad se elevaba un pico de sensibilidad al que entraban ganas de escalar.

3.- Belleza: Amar pelos dois cantada en Kiev poseía “integridad o perfección”, “debida proporción o armonía” y “resplandor de la forma que se difunde por las partes proporcionadas de la materia”. El entrecomillado es resumen de lo que santo Tomás de Aquino detalla como atributos de la belleza. Lo bello es amable por sí mismo. Sencillamente – ¿grandemente? – la belleza de letra y música llenaron de emoción el aire.

4.- Empatía: no solidaridad. Salvador Sobral apareció con una chaqueta desproporcionada por grande, pero no por un déshabille efectista sino por una dolencia cardiaca. El público lo sabe, y sabe que el no quiere ni hablar de ello, ni provocar lástima. Pero nadie puede frenar la adhesión del corazón del público que entrevé la grandeza de un dolor hecho acordes.

5.- Innovación: La canción de Sobral, escrita por su hermana Luisa, tenía destellos de los mejores músicos del momento. En un acertado artículo, Fernando Navarro (La lección de Salvador Sobral en el disparate de Eurovisión,El País Cultura, 15/05/2017) dice “Sobral baña casi toda su música en una sugerente mezcla de fado ligero y bossa nova, siendo capaz de unir las orillas del Atlántico en sus canciones. En Nada que esperar, cantada en español, el fado y el jazz de cabaret se asocian para terminar haciendo un guiño al Cucurrucu Paloma del brasileño Caetano Veloso, al que recuerda en varias ocasiones”.

6.- Tradición.- No es contradicción con lo anterior. Sobral, en su sencillez creativa, no se empeña en hacer incompatible lo que es compatible. Y su novedosa canción tradicional nos hace recordar a los mejores festivales cuando la música – la sola música – era más fuerte que el solo espectáculo: “Non ho l’età” (Gigliola Cinquetti), “Waterloo” (ABBA), “Pouppe de cire, pouppe de non” (France Gall), “All kinds of everithing”, (Dana).

Coda: La canción que escribió con tanta sensibilidad su hermana Luisa, es una canción de amor. Repito es canción de amor. Lo es en sentido profundo y no sensual. Amar por los dos expresa una entrega total del uno al otro, tan sobrado de amor que si a ella no le queda amor que dar, el amante tiene para llenar el corazón y la vida de ambos.

¿Cómo no evocar aquel “pon amor donde no hay amor y sacarás amor”? ¿Cómo no recordar la frase del narrador de Bastille, el corto de Isabel Croixet: “de tanto comportarse como un hombre enamorado, volvió a enamorarse”?

¿Cómo, en fin, no acudir a los brazos que eternamente han tenido, tienen y tendrán Amor por los dos?

Idea fuente: las revelaciones de una canción de amor para Europa

Música que escucho: “Amar pelos dois”, Salvador Sobral. (Escrita y producida por Luisa Sobral, fue lanzada el 10 marzo de 2017; cantada en portugués, representó a Portugal en la final del Festival de la Canción de Eurovisión, 13 de mayo de 2017, ganando el Festival.

José Ángel Domínguez Calatayud

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