Actualidad de los ruidos en Comunicación

When you’re alone, silence is all you see
When you’re alone, silence is all you’ll be
Give me your hand and come to me.
(Silence is all you know, Katherine Jenkins)

 

La noticia la leo en el ABC de Sevilla edición de papel del 26/05/2017. Stella Benot titula su artículo “Teresa Rodríguez cambia de escaño para evitar sabotajes”.

Un titular así en un país en Nivel de Alerta 4 reclama una atenta lectura del contenido antes de volver a salir a la calle desde la cafetería Sur donde desayuno esta mañana.

El texto me tranquiliza, el asunto no es de terrorismo. En puridad ni siquiera de política, aunque Teresa Rodríguez sea portavoz de Podemos en Andalucía. El asunto es de Comunicación.

Teresa Rodríguez, portavoz de Podemos en el Parlamento andaluz

La lideresa de Podemos andaluz solicitó y obtuvo el cambio de escaños porque, “en su ubicación anterior… tenía detrás la tribuna de invitados (asesores del Gobierno andaluz) quienes eran perfectamente visibles cuando las cámaras del Parlamento le enfocaban y grababan sus intervenciones” (la negrita es cosa mía).

El ángulo de la toma para televisión determinaba que, además de la enardecida figura de Dª Teresa, apareciesen inevitablemente en  pantalla en segundo término “diversos asesores del Gobierno andaluz que negaban con la cabeza sus intervenciones, gesticulaban, comentaban y se reían cuando ella hablaba”.

Aunque la noticia tiene otras aristas de corte político – como que esos asesores ocupaban “sus” asientos en la tribuna de invitados antes de las diez y media para una sesión que empieza a las doce – me interesa destacar aquí la importancia de evitar ruidos en todo acto de comunicación.

Se considera ruido en comunicación no sólo la alteración sonora, si no cualquier factor que interfiere, perturba o dificulta que el mensaje llegue completo, claro y asimilable hasta el público destinatario.

Los que hemos hablado en público conocemos un tipo de ruido especialmente distorsionador que es el ruido interno. Se trata de ese voz interior que te transmite noticias y rumores del cerebro (auténticos fake news) poniendo en duda la propia competencia para estar en un escenario o el conocimiento del tema. Tengo para mí que este es el más destructivo de los ruidos.

Cuando la voz interior es falsa es la peor fake news

Pero en el caso de la parlamentaria andaluza el ruido es externo: el público ve distraída su atención por movimientos ajenos – visajes, gestos, movimientos de negación con cabeza o dedos enhiestos, risitas -que capturan gran parte del interés a la vez que roban credibilidad al emisor, diluyen el contenido y enfrían gran parte de la empatía que pudiera haberse generado.

Se podría pensar que, más allá de sus correligionarios, la empatía de la portavoz en el salón de plenos del Parlamento Andaluz no tiene mucho espacio. Así es.

Pero la pregunta que es preciso hacerse es ¿quién es el público destinatario de las intervenciones de esta portavoz? ¿Los parlamentarios? Oficialmente sí, efectivamente no.

Cuando Teresa Rodríguez se dirige desde su escaño a la Presidenta del Gobierno, a los Consejeros y a los diputados autonómicos presentes, ninguno de ellos es su público. Su público son sin lugar a dudas esos cientos de ciudadanos que ven Canal Sur o los que pueden visionar vía YouTube sus intervenciones.

La prueba del nueve de que lo que dice lo dice para los que están fuera de la sede parlamentaria es precisamente que haya solicitado el cambio de ubicación de su escaño para ocupar uno donde los ruidos no salgan en las pantallas.

Es una lección básica de Comunicación que esta profesional de la política y su asesores se la saben bien y han reaccionado.

Ruidos: perturbaciones que distraen en mensaje

Cuando nos toca impartir una clase, dar un conferencia, participar con la palabra en una mesa redonda o, simplemente, charlar en una tertulia los ruidos de la comunicación deben ser anulados. Tolerancia cero con los ruidos.

Si un compañero de la mesa redonda exhibe una pantorrilla con unos calcetines blancos con dibujitos de Snoopy; si en plena sesión entra el electricista en el escenario para arreglar un foco; si uno mismo se rasca la cabeza cada dos minutos, electricista, pantorrilla y el rasca-rasca vacían el mensaje y hacen ineficaz la comunicación.

¿Qué hacer?

Prever: todo el mundo de la mesa redonda con calcetines oscuros. O todavía mejor: no haga mesas redondas, donde un montón de gente en el escenario multiplica exponencialmente la probabilidad de ruidos. Y no le digo nada si usted interviene en último lugar.

Callar: no desgañitarse en un esfuerzo por superar con el propio verbo la imperecedera curiosidad del público por ver por fin a alguien trabajando: los electricistas, técnicos de sonido, azafatas son mucho más visibles y audibles que los oradores.

Tener presencia de uno mismo: en el escenario lo primero que se ve es lo que se mueve: que no sean mis manos sobre mi cabello o haciendo clic-clic con un bolígrafo de muelle.

Recordemos que de hecho el nuestro no es un régimen parlamentario, es un régimen de la Comunicación de Masas en la Civilización de la Pantallas.

 

Idea fuente: la importancia sustancial de los ruidos en comunicación

Música que escucho. Abigail’s song (Silence is all you know), Katherine Jenkins (2013)

José Ángel Domínguez Calatayud

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