Celsius 851

El funcionamiento eficiente de un horno crematorio exige temperaturas superiores a 800° C para la incineración de un cuerpo humano. En el prospecto de una empresa de hornos crematorios que consulto se informa de que su “quemador presurizado proporciona el calor necesario para que la oxidación se lleve a cabo a la temperatura mínima prevista (850° C)”.

Yo añado el 1, para llegar a 851°, en sentimental recuerdo de Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury (1953) llevada al cine con idéntico título por François Truffaut (1966), y protagonizada por Oskar Werner y Julie Christie, y que tuvo un éxito enorme.

Fahrenheit 451, el film

Después de verla alguno cogió y leyó un libro con páginas de papel, uno de esos que en la ficción eran arrebatados al pueblo y quemados. Leer libros, tener libros era ilegal en la distópica ficción.

El papel arde a los 451° F, de ahí el título; un cuerpo a los 851° C. Y ¿el espíritu humano? ¿cuántos grados se necesitan para acabar con el ser humano?

Ciertamente la mente y el espíritu no arden en el fuego físico porque no son materia. Pero hay un modo de reducir a cenizas las mentes: el monopolio doloso del conocimiento mediante el dominio de los canales por donde circula.

Un artículo de Elizabeth Kolbert (Who owns the Internet?, The New Yorker 28 agosto de 2017) analiza el estado actual de Internet y del gobierno de lo que hay en la Red de redes, con un sugerente subtítulo “¿Qué significa el gobierno de la Big Tech para nuestra cultura?”.

 

Kolbert (Premio Pulitzer 2015 en la categoría general de no ficción por su “The Sixth Extinción”), con apoyo en dos libros nuevos, hurga en el fondo de lo que está ocurriendo en la sociedad actual hiper-ciberconectada: “al igual que en los años setenta, estamos en medio de una revolución tecnológica que ha alterado el flujo de información. Ahora, como entonces, sólo unas cuantas compañías han tomado el control, y esta concentración de poder – la que los estadounidenses han aceptado sin siquiera tener la intención de hacerlo, simplemente haciendo clic – está subvirtiendo nuestra democracia”.

El primer libro es de Jonathan Taplin (“Move Fast and Break Things: How Facebook, Google, and Amazon Cornored Culture”); el segundo de Franklin Foer (“World With Mind: The Existential Treat of Big Mind”). Ambos autores dan pistas sobre el actual modo de acceder al conocimiento y dictaminan que no es el que soñaban los impulsores de Silicon Valley.

Se decía que Internet venía a acabar con el papel de guardagujas de las grandes corporaciones que, con su mediocridad y cortedad de miras, constreñían la cultura y se erigían en el criterio último del pasa-no pasa de lo culturalmente relevante, de lo espiritualmente aceptable y de lo políticamente correcto.

Preeminencia, relevancia y sentido

 

Y no, vienen a decir estos escritores y la propia Elizabeth Kolbert: las grandes corporaciones no han sido eliminadas de este papel de guías obligatorios, han sido sustituidas por Google, Amazon, Facebook y Apple; GAFA, como les denominan los europeos, pueden más con sus algoritmos que la propia creatividad.

Aconsejo la lectura del artículo, pero dejo dos extractos como aperitivo:

“Consideremos el caso de Levon Helm. Era el batería del grupo de rock The Band, y, aunque él nunca hizo se rico con su música, estuvo bien apoyado durante su mediana edad por sus derechos de autor. En 1999, le diagnosticaron cáncer de garganta. Ese mismo año, Napster apareció, seguido por YouTube, en 2005. Los ingresos por derechos de autor de Helm, que andaban por los cien mil dólares al año, de acuerdo con Taplin, cayeron “a casi nada”. Cuando Helm murió, en 2012, millones de personas seguían escuchando la música de The Band, pero casi ninguno de ellos estaba pagando por ella. (En los años que mediaron entre la fundación de Napster y la muerte de Helm, el gasto total de los consumidores en música grabada en los Estados Unidos disminuyó en cerca de setenta por ciento.) Los amigos tuvieron que destinar una aportación a la viuda de Helm para que ella pudiera conservar su casa”.

Con la compra de Youtube por Google éste es el dueño de la música, y ha derribado cualquier intento serio de que se impongan sanciones por impago de derechos. Como dice Taplin “Google mismo no piratea la música; no tiene que hacerlo. Está vendiendo el tráfico – e, igual de importante los datos sobre el tráfico -. Como los hermanos Koch, observa Taplin, Google está “en la industria extractiva”… Su modelo de negocio es “extraer tantos datos personales de tantas personas en el mundo al menor precio posible y revender esos datos a tantas empresas como sea posible en el precio posible más alto”.

Mentalidad, datos, criterio

Por su parte Foer describe cómo es una lucha desigual la de la prensa libre frente a quienes monopolizan la circulación de libros y artículos de prensa en cuyo contenido no han puesto un dedo.

¿Podemos extrañarnos de que el pensamiento actual esté empobrecido, circule por líneas casi tan obligatorias como las de una máquina de tren y de que cierren periódicos libres?

Pero hay soluciones al margen de las que proponen Foer y Taplin (leyes antimonopolio y liberar licencias actualmente exclusivas de Google o Facebook):

1.- Comprar libros con criterio de personas cultas y leerlos. Y recomendarlos si valen la pena.

2.- Tener un trato justo con Internet: Ajustado, quiero decir.

3.- Seguir una huella de transcendencia: creer en algo y apostar por ello.

4.- Mantener el amor vivo a través del tiempo; cura el escepticismo: si ardes por dentro no te quemarán desde fuera.

5.- Someter al propio juicio lo que se publica y el orden o preeminencia en que aparece.

6.- No someter a ningún juicio propio al que escribe. Respeto genera respeto; o al menos paz.

7.- Observar la “huella del vacío”, como en criminalística; ver lo que no se ve, lo que falta: “¿por qué se omite tal verdad?

Con estas “prendas ignífugas” y otras parecidas no acabaremos ciertamente con los quemadores de espíritus humanos, pero protegeremos el nuestro y, acaso, el de los nuestros.

Idea fuente: persona y personalidad ante la Comunicación y sus actuales gobernadores

Música que escucho: “Here Comes The Sun“, Colbie Caillat (2007)

José Ángel Domínguez Calatayud

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