Valor, Redes e Integridad

Sogniamo un mondo senza più violenza
Un mondo di giustizia e di speranza
(The Prayer Andrea Bocelli)

 

 

 

Me encuentro en Twitter, gracias al profesor José Luis Orihuela, un resumen a modo de decálogo de “ El Manifiesto de la Comunicación No Hostil”*. El primer ítem es una declaración acerca de la integridad al comunicar, independientemente del medio empleado:

VIRTUAL ES REAL. Digo y escribo en las redes sólo las cosas que tengo la valentía de decir en persona”.

No pocas veces al pasear ese zoco que es Internet y asomarnos a algunos de sus puestos, tales como Facebook o Twitter, se nos enciende la sorpresa cuando no la indignación al ver cómo se vierten comentarios desahogados, despectivos o directamente injuriosos.

Si el “trend topic” es muy vivo y de materia sensible – vida, mujer, patria, fútbol, autoridad – el hervor de insultos, descalificaciones, bromas pesadas y humillaciones termina en deshumana catarata de hedor y podredumbre en forma de palabras escritas.

Y, sin embargo, las palabras, como nos recuerda El Manifiesto en otro punto, “son un puente… para comprender, hacerme entender, acercarme a los demás”.

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Entonces, ¿qué está pasando en las mentes humanas desde que Jack Dorsey fundara Twitter en san Francisco (California), en marzo de 2006, o Mark Zuckerberg y sus amigos hicieran lo propio con Facebook en febrero 2004 en Cambridge (Massachusetts)? ¿Ha cambiado en una década la condición humana?

El hombre y la mujer no mutan tan rápido en lo que son. Sí cambia lo que hacen o, más exactamente, cómo lo hacen.

Cambian las herramientas. Y cambia – se acelera – la velocidad del cambio. También se extiende por ahora sin límites el espacio-tiempo, el dónde y cuándo comunicar.

Pero no es la condición humana la que sufre metamorfosis, aunque visto lo visto y oído lo oído llene de alarma y obligue a dictar un decálogo: ni el insulto, ni la simulación, ni el engaño, ni la murmuración, ni la trampa con la palabra son algo nuevo. Fuera, pues, el escándalo y echemos a volar: “Se apresuran a derramar sangre./ Pues en vano se tiende una red a la vista del que tiene alas” (Pr, 1.16-17), se lee en los libros sapienciales.

Ahora bien, si pregono que escribo solamente cosas que tengo la valentía de decir en persona, estoy diciendo de modo expreso que soy valiente. Y eso está por ver. Está por ver, incluso que seamos en persona valerosos en grado tal que no nos importe comportarnos siempre al compás de los propios valores.

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El prejuicio, el temor al que dirán, a que sepan, por ejemplo, que fumo, bebo, soy heterosexual ,católico piadoso, hándicap 17 y más bien de centro-derecha llega a atenazar la naturalidad para disfrazarla de “media estadística” con discurso políticamente correcto.

Y si cara a cara soy otro, ¿quién soy en las redes? Si no me respeto a mí, ¿qué razón tengo para respetar al Rey en un tuit? Si no soy íntegro en mi fuero interno, ¿por qué no sumarme ladinamente a la opinión mayoritaria en las redes o por qué no callar ante al injusticia?

La primera comunicación en términos de jerarquía es la que tiene cada uno, cada una consigo al elaborar un pensamiento y tomar la decisión de qué hacer con él. Silenciarlo o expresarlo y, entonces, con qué propósito, en qué tono y por qué medio.

Integridad es la piedra de toque del comunicador.

 

Idea fuente: difundir “El Manifiesto de la Comunicación No Hostil”

Música que escucho: I Still Can See Your Face, Barbra Streisand & Andrea Bocelli (2014)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

* Il Manifesto de la Comunicazione non ostile es una iniciativa surgida en el contexto de un simposio celebrado en Triestre (Italia) los días 17 y 18 de febrero de 2017. Es un decálogo de sentido común, que todos pueden entender y  que vale la pena difundir.

 

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