Valor, Redes e Integridad

Sogniamo un mondo senza più violenza
Un mondo di giustizia e di speranza
(The Prayer Andrea Bocelli)

 

 

 

Me encuentro en Twitter, gracias al profesor José Luis Orihuela, un resumen a modo de decálogo de “ El Manifiesto de la Comunicación No Hostil”*. El primer ítem es una declaración acerca de la integridad al comunicar, independientemente del medio empleado:

VIRTUAL ES REAL. Digo y escribo en las redes sólo las cosas que tengo la valentía de decir en persona”.

No pocas veces al pasear ese zoco que es Internet y asomarnos a algunos de sus puestos, tales como Facebook o Twitter, se nos enciende la sorpresa cuando no la indignación al ver cómo se vierten comentarios desahogados, despectivos o directamente injuriosos.

Si el “trend topic” es muy vivo y de materia sensible – vida, mujer, patria, fútbol, autoridad – el hervor de insultos, descalificaciones, bromas pesadas y humillaciones termina en deshumana catarata de hedor y podredumbre en forma de palabras escritas.

Y, sin embargo, las palabras, como nos recuerda El Manifiesto en otro punto, “son un puente… para comprender, hacerme entender, acercarme a los demás”.

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Entonces, ¿qué está pasando en las mentes humanas desde que Jack Dorsey fundara Twitter en san Francisco (California), en marzo de 2006, o Mark Zuckerberg y sus amigos hicieran lo propio con Facebook en febrero 2004 en Cambridge (Massachusetts)? ¿Ha cambiado en una década la condición humana?

El hombre y la mujer no mutan tan rápido en lo que son. Sí cambia lo que hacen o, más exactamente, cómo lo hacen.

Cambian las herramientas. Y cambia – se acelera – la velocidad del cambio. También se extiende por ahora sin límites el espacio-tiempo, el dónde y cuándo comunicar.

Pero no es la condición humana la que sufre metamorfosis, aunque visto lo visto y oído lo oído llene de alarma y obligue a dictar un decálogo: ni el insulto, ni la simulación, ni el engaño, ni la murmuración, ni la trampa con la palabra son algo nuevo. Fuera, pues, el escándalo y echemos a volar: “Se apresuran a derramar sangre./ Pues en vano se tiende una red a la vista del que tiene alas” (Pr, 1.16-17), se lee en los libros sapienciales.

Ahora bien, si pregono que escribo solamente cosas que tengo la valentía de decir en persona, estoy diciendo de modo expreso que soy valiente. Y eso está por ver. Está por ver, incluso que seamos en persona valerosos en grado tal que no nos importe comportarnos siempre al compás de los propios valores.

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El prejuicio, el temor al que dirán, a que sepan, por ejemplo, que fumo, bebo, soy heterosexual ,católico piadoso, hándicap 17 y más bien de centro-derecha llega a atenazar la naturalidad para disfrazarla de “media estadística” con discurso políticamente correcto.

Y si cara a cara soy otro, ¿quién soy en las redes? Si no me respeto a mí, ¿qué razón tengo para respetar al Rey en un tuit? Si no soy íntegro en mi fuero interno, ¿por qué no sumarme ladinamente a la opinión mayoritaria en las redes o por qué no callar ante al injusticia?

La primera comunicación en términos de jerarquía es la que tiene cada uno, cada una consigo al elaborar un pensamiento y tomar la decisión de qué hacer con él. Silenciarlo o expresarlo y, entonces, con qué propósito, en qué tono y por qué medio.

Integridad es la piedra de toque del comunicador.

 

Idea fuente: difundir “El Manifiesto de la Comunicación No Hostil”

Música que escucho: I Still Can See Your Face, Barbra Streisand & Andrea Bocelli (2014)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

* Il Manifesto de la Comunicazione non ostile es una iniciativa surgida en el contexto de un simposio celebrado en Triestre (Italia) los días 17 y 18 de febrero de 2017. Es un decálogo de sentido común, que todos pueden entender y  que vale la pena difundir.

 

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Cuando la Sociedad suena

“La historia de los fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde.
Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo;
demasiado tarde en tener conciencia del mortal peligro;
demasiado tarde en lo tocante a la preparación;
demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para resistir;
demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos.”
(General Douglas McArthur)

 

España está en una encrucijada. No sólo ella. Europa arde por dentro, aunque los poderes, navegantes de superficie, apenas detectan el humo. No saltan las alarmas: tienen muy alto umbral de sensibilidad. En algunos casos llamativos están desconectadas y sus guardianes parecen jugar al backagammon o algo así.

señales en la profundidad

La clave radica en no saber responder a la pregunta ¿qué es el Hombre? De no saber y de no querer. De preferir husmear sobre qué siente el Hombre, qué le apetece al Hombre, que desean hoy, ahora o como máximo de aquí a unos meses las mujeres y hombres que tienen influencia sobre el propio poder.

La consecuencia es que sólo hay proyectos de Estado en los partidos y en las regiones que buscan deshacerlo.

Hay, sin embargo, sonidos emitidos por la Sociedad que es preciso escuchar para avanzar respuestas creíbles y trazar caminos de progreso.

Sin duda que los resultados de disminución del Paro, de incremento del PIB o de sometimiento del Deficit animan al optimismo en una dirección. Pero no en todas. Era lo urgente y se ha atendido. Pero ahora, quizás por eso, es hora de pasar de lo urgente a lo importante.

En comunicación social y política la buena noticia no es noticia. Good news are not news. Es también de primero de Comunicación que un titular repetido todos los días envejece pronto. También, aunque con más tiempo, los titulares adversos.

Así  que nadie va a derrotar al PSOE en Andalucía por los ERE, ni el PP ganará muchos más votos por repetir que la prima de riesgo bajó de 600 puntos a 100. Nada más viejo que el telediario de ayer.

Prima de Riesgo de España: evolución

Las sondas de los gabinetes parecen no captar algunas de esas señales del silencio. Y es que además, la Sociedad está emitiendo en otra onda.

Por ejemplo, en tema salarial ¿nadie escucha el chirrido de salarios extremadamente bajos? La alarma salta cuando mediante huelga de celo se producen colas de dos horas en el control del Aeropuerto de Barcelona. Los trabajadores piden un aumento del 30%. La empresa Eulen tarda en ofrecer un 3%. Los paros siguen. Intervienen AENA y la Administración para forzar una negociación. Y la oferta salta al 7,5% de media. Y la pregunta emerge sola: ¿cómo es posible ahora ese 7,5%? ¿Cómo se ha esperado a que estalle el conflicto? Pues, probablemente, todavía ofrecerán más.

Ojo, que este no es más que un pitido lejano en un aeropuerto. ¿Cuántas personas hay cobrando por debajo de 1.000 euros en empresas que ya – quizás antes no – pueden sobrepasar esa cantidad sin sufrir ni accionistas, ni cuenta de resultados? Están sonando sirenas de angustia a la hora de comer, a la hora de pensar en casarse, a la hora de tener y criar hijos. ¿Van a seguir a ver por dónde estalla antes?

Esperar para desesperar o para atajar

Otro, ejemplo, la Educación. Los datos de fracaso escolar, de satisfacción del profesorado, de adecuación curricular, sobre todo en Formación Profesional, y de exigencia y autoridad para que los jóvenes salgan más preparados y mejor educados, también en urbanidad, colocan a España a la cola.

No es nuevo. La lenidad en casos en que se pasa de curso a vagos con dos o más asignaturas ha aparecido en titulares no pocas veces. Sin embargo técnicos y profesores responsables, entre ellos los andaluces, mandaban señales a las que se les ha puesto sordina partidaria. Ahora la Fiscalía investiga por dar títulos de ESO con suspensos.

Pero la gravedad de esto no es sólo de carácter jurídico. Lo que llama la atención, aunque por lo visto no bastante, es que por un desprecio del mérito se está cebando el conflicto duradero, el retroceso moral y la aparición de tumores sociales irreversibles.

Más señales que no fueron escuchadas: Turismo de poco fuste; invierno de la Natalidad; descomposición del Hogar Familiar y contenido empobrecedor de series televisivas muy seguidas.

Claro que hay solución. Primero destaponar los oídos para escuchar el sonar y con él averiguar las verdaderas necesidades sociales.

Luego, poner el umbral de alarma al nivel de atención precoz; distinguir líderes altruistas con fondo y criterio de esos otros charlatanes de lo políticamente correcto pero socialmente tóxicos; escuchar a los primeros; denunciar con humor la autocomplacencia política y poner los puntos sobre las íes.

Y sobre todo convocar a los excelentes – los hay en todos los campos – para delinear prioridades, poner metas y objetivos que entusiasmen a una generación de españoles. Y desde el principio comunicar profesionalmente el proyecto.

Las mejores prácticas

No tener miedo a escuchar el sonido de la Sociedad es requisito necesario para ganar un futuro. Si no, de las pintadas algunos pasarán a los cócteles molotov y de ahí a dar todo el poder a los peor dotados para el bien común.

¿Es necesario poner un ejemplo?

Idea fuente: todavía no es demasiado tarde para escuchar los sonidos de la Sociedad

Música que escucho. Holiday, Bee Gees (1967)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Ficción: elegir el final

En la vida real nadie puede elegir su final. Sólo los suicidas, y vaya final. Nos está vedado siquiera bosquejar cómo serán los últimos días. Muchas veces ni los intermedios. Ya lo he recordado en alguna ocasión: “si quieres hacer sonreír a Dios, cuéntale tus planes”.

Elegir es también no elegir. Somos diseñadores, no siempre hábiles, de nuestras acciones, pero no de sus efectos. Somos libres ante lo que hacemos, prisioneros ante la consecuencias.

Optar para vivir

¿Quién no conoce a alguien que compró un coche caro para disfrutar de la velocidad, para descubrir más tarde que la velocidad no le causa el gozo pensado, o que el coche se quedaba en el garaje porque había otras prioridades que atender?

¿Quién no amó, que no fuera despreciado?

¿Quién se matriculó en Medicina, soñando en ser un gran cirujano y descubrió demasiado tarde- siempre demasiado tarde –que la sangre le produce náuseas? En fin, elegir la continuación de la propia biografía no es garantía de acierto. Pero ese es el destino del hombre: elegir el camino, pues el descamino se presenta el solo.

Netflix, ha presentado una película en la que el espectador puede, en determinados momentos, optar por distintas continuaciones.

Al final del artículo de The Economist (The Daily Critic’s Notebook, 23/06/2017) en que leo la presentación de este producto se dice que “los seres humanos pasaron miles de años escuchando pasivamente los mitos y cuentos, por lo que estamos programados por la tradición para apreciar un principio, un medio y un final”.

Es escéptico el autor, Tim Martin, sobre el éxito final de la iniciativa de Netflix. Lo es desde el mismo titular: Do I realy choose my own adventure? Efectivamente, el film destinado a los más pequeños se titula “Puss in Book: Trapped in an Epic Tale” y muestra al gato – “the spanish cat” – de la celebrada serie de Dreamwork Shrek atrapado en un libro del que trata de escapar.

No es la primera vez que en productos de entretenimiento se anima a construir uno mismo la historia. La realidad virtual de los juegos de ordenador ya presentaba esta posibilidad; como recuerda el autor en juegos de los años 80’ ya había aventuras virtuales en las que el jugador podía caminar por otros escenarios pregrabados para tener diferentes aventuras, simplemente pulsando un botón.

Pero aquí la diferencia es que estamos ante un guión de película con bifurcaciones para que cada uno pueda vivir su propia aventura. “Según Carla Fisher, directora de innovación de productos de Netflix, una opción representativa podría implicar “hablar con un gigante o entrar en la historia de “Goldilocks y los Tres Osos”.”

La segunda animación, una aventura de stop-motion para niños mayores llamada “Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile” presenta ocho opciones y cuatro finales separados. -Uno de ellos -dice Fisher con alegría- es en realidad infinito porque se remonta al principio. Puedes seguir yendo y viniendo …”.

Desde luego es un apuesta a la que Netflix puede hacer frente con tanto cliente cautivo. Está además destinada a ampliar su base con niños y jóvenes. Pero la pregunta que se hace el autor, y nos hacemos nosotros, es si un público adulto que ve, por ejemplo, “House of Cards” desea “trabajar” frente al televisor para ir construyendo por sí mismo enlaces y desenlaces, o prefiere mejor que alguien haya elegido por él y ver el desarrollo con un bourbon en la mano.

Ficción de adultos: ¿querrán elegir?

Si cuaja lo de soluciones alternativas, el trabajo para guionistas es terrible. Como insinúa el artículo, los personajes de una serie tienen un determinado carácter que va definiéndose y cristalizando según se suceden los capítulos. No existen, no pueden existir en una serie personajes que no sean consecuentes en su temperamento, en su carácter y en su personalidad con los actos que van protagonizando.

Optar va definiéndonos y eso es perfilar cómo somos y como vamos a acabar siendo. Los escritores sabemos que el personaje es nuestro sólo hasta cierto punto, pues él es lo que será.

Como decía en la “La Dama de Hierro”, Margaret Thacher (Meryl Streep):

Vigila tus pensamientos, se convertirán en palabras.

Vigila tus palabras, se convertirán en actos.

Vigila tus actos, se convertirán en hábitos.

Vigila tus hábitos se convertirán en tu carácter.

Vigila tu carácter se convertirá en tu destino”.

 

 

Atribuida a Mahatma Gandhi, sin que se haya podido acreditarle su autoría, esta cadena de ideas sí refleja una realidad: caracterizar (dar su carácter) a un personaje, va a condicionar a los guionistas de estas series con posibles distintos finales. No les arriendo la ganancia si quieren estirar como el chicle la diversidad de caminos para un mismo personaje.

La ficción admite todo, la credibilidad no. Y ya sabemos, sin credibilidad la comunicación no se sostiene ni en ficción.

Idea fuente: Cine de ficción con finales a elección del espectador

Música que escucho: “Alone”, Nana Mouskouri (1985)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Vida , Familia y Patrimonio de la Humanidad

 

Que c’est triste Venise
Au temps des amours mortes
Que c’est triste Venise
Quand on ne s’aime plus
(Que ces’t triste Venice, Charles Aznovour)

 

 

 

Leo (El País, 21/07/2017) la lista de los 21 lugares elegidos por la UNESCO como lugares Patrimonio de la Humanidad. Lugares culturales, lugares naturales, lugares en peligro.

Son indudablemente heridas donde el Comité del Patrimonio Mundial pone su acertado dedo prescriptor. Hay que protegerlos; animar a su conocimiento por todos y a tasarlos como emblema del respeto de la Humanidad por lo excelso. La Comunidad Internacional ejerce sobre ellos una singular vigilancia para preservarlos para generaciones futuras.

Me ha llevado un rato repasar la lista de sitios que son Patrimonio de la Humanidad.  Me emociono al ver el celo de la UNESCO por su dedicación y perseverancia, su investigación y estudio antes de elegir cualquier lugar, monumento o conjunto paisajístico.

Venecia y su laguna, Patrimonio de la Humanidad

Causa entusiasmo a cualquier humanista comprobar que el país con más lugares con esta especial designación sea Italia con 53 lugares. China es el segundo con 52.

Y como españoles no podemos sino sentir un estremecimiento por la espinal dorsal al ver a España ocupar, con 46 sitios, el tercer lugar de una lista de 197 países. Bravo: alguien ha debido estar haciendo bien las cosas durante siglos en nuestra nación para que ahora reluzcan con brillo refulgente ante el Universo.

He tardado un poco en leer el catálogo completo con los 1073 sitios que han recibido este honor, en el que se incluyen los 21 elegidos este año. De acuerdo con la clasificación unos son bienes culturales, otros bienes naturales y bienes mixtos. Cuando aparecen con punto rojo se trata de bienes en peligro. Estos demandan una cuidadosa política de protección. Los poderes políticos, las organizaciones internacionales, los movimientos humanitarios y las ONG,s están llamados a ser aquí la conciencia activa de la Humanidad.

La UNESCO no es un dios y necesita de los poderes, sean políticos, sociales o mediáticos para que, por ejemplo, no desaparezcan la Ciudad vieja amurallada de Shibam (Yemen, 1982), la Reserva de fauna de Okapis (Congo, 1996), el Lugar de nacimiento de Jesús, Iglesia de la Natividad y ruta de peregrinación en Belén (Palestina, 2012), Venecia y su laguna (Italia, 1987), la Catedral de Sevilla, Alcázar y Archivo de Indias en Sevilla (España, 1987) o el Centro Histórico de Viena (Austria, 2001).

Catedral de Sevilla, Patrimonio de la Humanidad

Se realizan esfuerzos para ello que, con todo, siempre serán insuficientes. Pero, insisto, ya la labor de catalogación supone un paso, un poner el foco en lo que importa para evitar olvidos, dejadez, abandono y reconducir recursos que, de otro modo, se diluirían.

Cuando terminaba de leer esa lista de monumentos y espacios de relevancia universal, otros titulares han llamado mi atención. Concretamente dos:

1.- “Los padres de bebé británico Charlie ponen fin a su batalla legal sobre el tratamiento de su niño” (El Mundo, 24/07/2017). Un niño, Charlie Gard, “sufre una rara enfermedad genética llamada síndrome de depleción de ADN mitocondrial, que afecta especialmente al cerebro. El bebé, de 11 meses, necesita respiración y alimentación asistida para vivir”. Los médicos ingleses querían desconectarlo. Los padres que se siguiese buscando una solución; todo menos matarlo. Los jueces se lo tomaron… como se lo tomaron. Unos médicos de Estados Unidos viajan para ver si al bebé humano se le puede administrar un remedio en fase experimental. Pero ya el daño es irreversible.

La vida – la humana – no ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad y admite dilaciones para ser protegida. En la lista de los 1073 bienes a proteger en beneficio de la Humanidad falta el Hombre.

 

Un peluche para Charlie Gard

2.- El segundo titular.” G20: les propos de Macron sur les “7 à 8 enfants” par Africaine passent mal” (L’Express, 12/07/2017). Efectivamente, como recoge también El Pais (24/07/2017), África responde a Macron tras su polémico discurso en el G20: intelectuales africanos, pero también franceses y las redes sociales, han criticado sin paños calientes la declaración del mandatario. El presidente francés había insinuado “que la fecundidad de las mujeres africanas era una de las causas de la inestabilidad y eso desató las reacciones en las redes sociales”.

Hace unas décadas, en una conversación en la que participábamos unas cuatro personas, un ministro español de Hacienda, pontificó que el problema del paro en España desaparecería cuando bajase el índice de natalidad. Reconozco que me quedé de piedra ante este desahogo ministerial que lo soltó con la frialdad de quien maneja datos irrefragables. Más de treinta años después de esa charla, con la natalidad española en los umbrales de la glaciación demográfica el paro está en cifras de dos dígitos. Hoy se quedaría de piedra el político metido a augur. O no.

Me pregunto, ¿por qué será que todos los profetas de la reducción de los nacimientos desde Malthus hasta Macron, no revisan antes en qué consiste el ser humano? Luego, por no hacerlo, como mi ministro, comprueban demasiado tarde que el camino de la estabilidad va en sentido contrario a la muerte.

African family

La Familia – la humana – no ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad, por eso sufre inerme ataques, desfiguraciones, débil protección legal e irresponsables desprecios. En la lista de los 1073 bienes a proteger en beneficio de la Humanidad, falta la Familia.

La Familia y la Vida que en ella nace exigen una retasación universal que reconozca eficazmente su valor. No cabe luego llorara sobre la leche derramada: Dios perdona siempre, el hombre algunas veces, la Naturaleza nunca.

Idea fuente: La Vida y la Familia como candidatos a ser declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Música que escucho. Que ces’t triste Venise, Charles Aznovour (1964)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Colección de silencios

Un artículo de Kalefa Sanneh sobre el cantante de country, Georges Strait (Georges Strait’s Long ride, The New Yorker, 24.07.2017) y una conversación de esta mañana me ponen a escribir sobre los silencios.

 

Georges Strait, intérprete de country

En la comunicación no todo es transmitir o recibir mensajes. Ni siquiera compartirlos. Emitir, acoger y tener una experiencia común son, sin dudas, funciones básicas de la comunicación.

Pero el silencio tiene su misión en comunicación.

Tacendo consentire, se dicen en latín; “el que calla, otorga” decimos en español. “Quien calla, no dice nada”, nos enseñaba con toda razón el sabio y finísimo jurista de Derecho Romano, Álvaro D’Ors.

Al menos cuando callamos no mentimos. Y eso tiene su importancia cuando hasta para la verdad manipulada se han inventado un palabra mentirosa: posverdad.

Las tragaderas de la Real Academia Española de la lengua se han ampliado: la edición de diciembre de 2017 incorporará el vocablo, como neologismo derivado del inglés post-truth, para referirse a aquella “información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”.

Entonces, podríamos decir, el silencio en comunicación tendría su antesilencio y su postsilencio, además del silencio a secas, único para cada momento y circunstancia.

Silencio no significa vacío Rula Sibai

 

Retengo en mi almario un montón de antesilencios, silencios netos y postsilencios.

Antesilencio es el del ser prudente que rumia la palabra acertada con la que dar consejo, el de quien se apresta a consolar o el de la madre que se dispone a alentar al hijo desvalido.

Distingo en esta  penumbra de la memoria dos antesilencios que nunca me han defraudado: el necesario silencio del estudio para primero aprender y luego saber. Y el silencio de la meditación antes de la acción, que deja su rastro de inmortalidad al hacer valioso por eterno el mismo acto.

Sin algo de silencio anterior e interior no hay amor. Y un comunicación sin una pizca siquiera de amor nace prematura, con unas primeras horas necesitada de incubadora.

Silencios únicos y perennes son el de oficio propio de abogados, médicos, y el silencio del confesor, y el del confidente. También el del periodista acerca de su fuente.

Prensa y custodia de la fuente

Un callar ambivalente sería el de un hombre con una mujer. Hemos visto novios y matrimonios que no están diciéndose nada. Pero, mudos los labios, parecen hablar los ojos que miran los ojos. Lo llaman contemplación, pues la sola mirada recibe y entrega lo que las palabras se ven incapaces de decodificar. Mensajes no binarios, sino infinitarios, guarismos inalcanzables para la cabeza y la lengua, razones que la razón no entiende, ni falta que le hace, podríamos añadir.

Pero todos hemos visto otro tipo distinto de silencio entre hombre y mujer. Es ese ominoso mutismo cuando, estando aparentemente juntos, ya no miran juntos. Las más de las veces se trata de matrimonios que en algún recodo de la senda dejaron tirada en la cuneta la cantimplora capaz de quitar esa sed secante llamada indiferencia. Han dejado de quererse, porque han dejado de amarse. No sólo que se agostó el sentimiento, lo que no es grave, sino que cada uno bebe de su propia agua, come de su propia indigencia, y se incomunica en su triste incomunicación. Vivir es dar, servir, comunicar.

Silencio y mutua contemplación

Para catalogar postsilencios la memoria abre los cajones de las conversaciones interrumpidas, de las cosas acabadas, de las risas reídas, de las lágrimas lloradas, de los libros leídos y las canciones cantadas.

Son silencios de “después de”. Uno se queda con uno mismo y no hacen falta las palabras que uno no va a decir, ni las que podría escuchar. Están ahí en silencio, pero elocuentes. Son verdades que fueron y que no dejan pasar un día sin hablarnos en su bello silencio: algunas de ellas marcaron nuestro destino, o con más fe, ayudaron a que se cumplieran designios.

Hay el postsilencio a la muerte del ser querido, que como a Georges Strait a la muerte de Jenifer su hija de 13 años, le inspira dos años después una canción Baby Blue (1986), puro Country dolorido. Idéntico al Tears In Haven de Eric Clapton (1992) en memoria de su hijo Conor fallecido al caer accidentalmente del piso 53º de un edificio de Manhattan. Silencios rotos por la canción de un corazón despedazado.

Existen también postilencios recurrentes: el descanso de la noche, la excursión de la semana, o los silencios de las semanas de vacaciones mientras no sean suplantados por peores ruidos que no dejan esponjarse al alma ni fluir a las ideas.

Por último, cómo no reconocer el postsilencio autoimpuesto por guardar en el corazón lo que al corazón pertenece. Dejamos entonces al tiempo que haga su trabajo, mientras arranca a la piel de alma palabras sólo nuestras; no necesitan sonar para que sepamos que viven en la orilla donde nacieron. Déjalas ahí.

Idea fuente: silencios que comunican: antes, durante, después.

Música que escucho: Ce monde, Richard Anthony (1965)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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