Colección de silencios

Un artículo de Kalefa Sanneh sobre el cantante de country, Georges Strait (Georges Strait’s Long ride, The New Yorker, 24.07.2017) y una conversación de esta mañana me ponen a escribir sobre los silencios.

 

Georges Strait, intérprete de country

En la comunicación no todo es transmitir o recibir mensajes. Ni siquiera compartirlos. Emitir, acoger y tener una experiencia común son, sin dudas, funciones básicas de la comunicación.

Pero el silencio tiene su misión en comunicación.

Tacendo consentire, se dicen en latín; “el que calla, otorga” decimos en español. “Quien calla, no dice nada”, nos enseñaba con toda razón el sabio y finísimo jurista de Derecho Romano, Álvaro D’Ors.

Al menos cuando callamos no mentimos. Y eso tiene su importancia cuando hasta para la verdad manipulada se han inventado un palabra mentirosa: posverdad.

Las tragaderas de la Real Academia Española de la lengua se han ampliado: la edición de diciembre de 2017 incorporará el vocablo, como neologismo derivado del inglés post-truth, para referirse a aquella “información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”.

Entonces, podríamos decir, el silencio en comunicación tendría su antesilencio y su postsilencio, además del silencio a secas, único para cada momento y circunstancia.

Silencio no significa vacío Rula Sibai

 

Retengo en mi almario un montón de antesilencios, silencios netos y postsilencios.

Antesilencio es el del ser prudente que rumia la palabra acertada con la que dar consejo, el de quien se apresta a consolar o el de la madre que se dispone a alentar al hijo desvalido.

Distingo en esta  penumbra de la memoria dos antesilencios que nunca me han defraudado: el necesario silencio del estudio para primero aprender y luego saber. Y el silencio de la meditación antes de la acción, que deja su rastro de inmortalidad al hacer valioso por eterno el mismo acto.

Sin algo de silencio anterior e interior no hay amor. Y un comunicación sin una pizca siquiera de amor nace prematura, con unas primeras horas necesitada de incubadora.

Silencios únicos y perennes son el de oficio propio de abogados, médicos, y el silencio del confesor, y el del confidente. También el del periodista acerca de su fuente.

Prensa y custodia de la fuente

Un callar ambivalente sería el de un hombre con una mujer. Hemos visto novios y matrimonios que no están diciéndose nada. Pero, mudos los labios, parecen hablar los ojos que miran los ojos. Lo llaman contemplación, pues la sola mirada recibe y entrega lo que las palabras se ven incapaces de decodificar. Mensajes no binarios, sino infinitarios, guarismos inalcanzables para la cabeza y la lengua, razones que la razón no entiende, ni falta que le hace, podríamos añadir.

Pero todos hemos visto otro tipo distinto de silencio entre hombre y mujer. Es ese ominoso mutismo cuando, estando aparentemente juntos, ya no miran juntos. Las más de las veces se trata de matrimonios que en algún recodo de la senda dejaron tirada en la cuneta la cantimplora capaz de quitar esa sed secante llamada indiferencia. Han dejado de quererse, porque han dejado de amarse. No sólo que se agostó el sentimiento, lo que no es grave, sino que cada uno bebe de su propia agua, come de su propia indigencia, y se incomunica en su triste incomunicación. Vivir es dar, servir, comunicar.

Silencio y mutua contemplación

Para catalogar postsilencios la memoria abre los cajones de las conversaciones interrumpidas, de las cosas acabadas, de las risas reídas, de las lágrimas lloradas, de los libros leídos y las canciones cantadas.

Son silencios de “después de”. Uno se queda con uno mismo y no hacen falta las palabras que uno no va a decir, ni las que podría escuchar. Están ahí en silencio, pero elocuentes. Son verdades que fueron y que no dejan pasar un día sin hablarnos en su bello silencio: algunas de ellas marcaron nuestro destino, o con más fe, ayudaron a que se cumplieran designios.

Hay el postsilencio a la muerte del ser querido, que como a Georges Strait a la muerte de Jenifer su hija de 13 años, le inspira dos años después una canción Baby Blue (1986), puro Country dolorido. Idéntico al Tears In Haven de Eric Clapton (1992) en memoria de su hijo Conor fallecido al caer accidentalmente del piso 53º de un edificio de Manhattan. Silencios rotos por la canción de un corazón despedazado.

Existen también postilencios recurrentes: el descanso de la noche, la excursión de la semana, o los silencios de las semanas de vacaciones mientras no sean suplantados por peores ruidos que no dejan esponjarse al alma ni fluir a las ideas.

Por último, cómo no reconocer el postsilencio autoimpuesto por guardar en el corazón lo que al corazón pertenece. Dejamos entonces al tiempo que haga su trabajo, mientras arranca a la piel de alma palabras sólo nuestras; no necesitan sonar para que sepamos que viven en la orilla donde nacieron. Déjalas ahí.

Idea fuente: silencios que comunican: antes, durante, después.

Música que escucho: Ce monde, Richard Anthony (1965)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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Actualidad de los ruidos en Comunicación

When you’re alone, silence is all you see
When you’re alone, silence is all you’ll be
Give me your hand and come to me.
(Silence is all you know, Katherine Jenkins)

 

La noticia la leo en el ABC de Sevilla edición de papel del 26/05/2017. Stella Benot titula su artículo “Teresa Rodríguez cambia de escaño para evitar sabotajes”.

Un titular así en un país en Nivel de Alerta 4 reclama una atenta lectura del contenido antes de volver a salir a la calle desde la cafetería Sur donde desayuno esta mañana.

El texto me tranquiliza, el asunto no es de terrorismo. En puridad ni siquiera de política, aunque Teresa Rodríguez sea portavoz de Podemos en Andalucía. El asunto es de Comunicación.

Teresa Rodríguez, portavoz de Podemos en el Parlamento andaluz

La lideresa de Podemos andaluz solicitó y obtuvo el cambio de escaños porque, “en su ubicación anterior… tenía detrás la tribuna de invitados (asesores del Gobierno andaluz) quienes eran perfectamente visibles cuando las cámaras del Parlamento le enfocaban y grababan sus intervenciones” (la negrita es cosa mía).

El ángulo de la toma para televisión determinaba que, además de la enardecida figura de Dª Teresa, apareciesen inevitablemente en  pantalla en segundo término “diversos asesores del Gobierno andaluz que negaban con la cabeza sus intervenciones, gesticulaban, comentaban y se reían cuando ella hablaba”.

Aunque la noticia tiene otras aristas de corte político – como que esos asesores ocupaban “sus” asientos en la tribuna de invitados antes de las diez y media para una sesión que empieza a las doce – me interesa destacar aquí la importancia de evitar ruidos en todo acto de comunicación.

Se considera ruido en comunicación no sólo la alteración sonora, si no cualquier factor que interfiere, perturba o dificulta que el mensaje llegue completo, claro y asimilable hasta el público destinatario.

Los que hemos hablado en público conocemos un tipo de ruido especialmente distorsionador que es el ruido interno. Se trata de ese voz interior que te transmite noticias y rumores del cerebro (auténticos fake news) poniendo en duda la propia competencia para estar en un escenario o el conocimiento del tema. Tengo para mí que este es el más destructivo de los ruidos.

Cuando la voz interior es falsa es la peor fake news

Pero en el caso de la parlamentaria andaluza el ruido es externo: el público ve distraída su atención por movimientos ajenos – visajes, gestos, movimientos de negación con cabeza o dedos enhiestos, risitas -que capturan gran parte del interés a la vez que roban credibilidad al emisor, diluyen el contenido y enfrían gran parte de la empatía que pudiera haberse generado.

Se podría pensar que, más allá de sus correligionarios, la empatía de la portavoz en el salón de plenos del Parlamento Andaluz no tiene mucho espacio. Así es.

Pero la pregunta que es preciso hacerse es ¿quién es el público destinatario de las intervenciones de esta portavoz? ¿Los parlamentarios? Oficialmente sí, efectivamente no.

Cuando Teresa Rodríguez se dirige desde su escaño a la Presidenta del Gobierno, a los Consejeros y a los diputados autonómicos presentes, ninguno de ellos es su público. Su público son sin lugar a dudas esos cientos de ciudadanos que ven Canal Sur o los que pueden visionar vía YouTube sus intervenciones.

La prueba del nueve de que lo que dice lo dice para los que están fuera de la sede parlamentaria es precisamente que haya solicitado el cambio de ubicación de su escaño para ocupar uno donde los ruidos no salgan en las pantallas.

Es una lección básica de Comunicación que esta profesional de la política y su asesores se la saben bien y han reaccionado.

Ruidos: perturbaciones que distraen en mensaje

Cuando nos toca impartir una clase, dar un conferencia, participar con la palabra en una mesa redonda o, simplemente, charlar en una tertulia los ruidos de la comunicación deben ser anulados. Tolerancia cero con los ruidos.

Si un compañero de la mesa redonda exhibe una pantorrilla con unos calcetines blancos con dibujitos de Snoopy; si en plena sesión entra el electricista en el escenario para arreglar un foco; si uno mismo se rasca la cabeza cada dos minutos, electricista, pantorrilla y el rasca-rasca vacían el mensaje y hacen ineficaz la comunicación.

¿Qué hacer?

Prever: todo el mundo de la mesa redonda con calcetines oscuros. O todavía mejor: no haga mesas redondas, donde un montón de gente en el escenario multiplica exponencialmente la probabilidad de ruidos. Y no le digo nada si usted interviene en último lugar.

Callar: no desgañitarse en un esfuerzo por superar con el propio verbo la imperecedera curiosidad del público por ver por fin a alguien trabajando: los electricistas, técnicos de sonido, azafatas son mucho más visibles y audibles que los oradores.

Tener presencia de uno mismo: en el escenario lo primero que se ve es lo que se mueve: que no sean mis manos sobre mi cabello o haciendo clic-clic con un bolígrafo de muelle.

Recordemos que de hecho el nuestro no es un régimen parlamentario, es un régimen de la Comunicación de Masas en la Civilización de la Pantallas.

 

Idea fuente: la importancia sustancial de los ruidos en comunicación

Música que escucho. Abigail’s song (Silence is all you know), Katherine Jenkins (2013)

José Ángel Domínguez Calatayud

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Amar por los dos: elementos de un éxito

Se o teu coração não quiser ceder
Não sentir paixão, não quiser sofrer
Sem fazer planos do que virá depois
O meu coração pode amar pelos dois
(Amar pelos dois, Salvador Sobral)

 

Aunque tarde sigue siendo bueno felicitar a Eurovisión. Mejor a su ganador Salvador Sobral.

Pero la felicitación no es por la victoria, es por cantar lo que cantó. Es por cantar como lo cantó. Y es por la magnitud del regalo hecho a Europa desgranando su Amar pelos dois. (Amar por los dos).

Escenario de Eurovisión 2017. Centro Internacional de Exposiciones , Kiev (Ucrania)

En la interpretación de la canción pueden identificarse seis elementos que acreditan su éxito:

1.- Identidad: Salvador Sobral es portugués y cantó en su propia lengua. Mientras desde hace varias ediciones uno tras otros los países continentales caen en el inglés – que no es su idioma-, al representante de Portugal se le escuchó en su lengua materna. Era portuguesa la letra, la música, el acento y hasta el gesto. Sobral se comunicó. Simplemente – ¿grandemente? –, eso: comunicó de sí mismo y de lo suyo.

2.- Relevancia: Como consecuencia de lo anterior pareció distinto. No era un hip-hop de laboratorio ni un trabajo de estudio surgido de encuesta de preferencias. La atención de la audiencia fue capturada, seducida e interpelada por lo que escuchaba. Aquella falta de estridencia y electrónica; aquella dulzura casi inaudible era un clamor. En la planicie de la vulgaridad se elevaba un pico de sensibilidad al que entraban ganas de escalar.

3.- Belleza: Amar pelos dois cantada en Kiev poseía “integridad o perfección”, “debida proporción o armonía” y “resplandor de la forma que se difunde por las partes proporcionadas de la materia”. El entrecomillado es resumen de lo que santo Tomás de Aquino detalla como atributos de la belleza. Lo bello es amable por sí mismo. Sencillamente – ¿grandemente? – la belleza de letra y música llenaron de emoción el aire.

4.- Empatía: no solidaridad. Salvador Sobral apareció con una chaqueta desproporcionada por grande, pero no por un déshabille efectista sino por una dolencia cardiaca. El público lo sabe, y sabe que el no quiere ni hablar de ello, ni provocar lástima. Pero nadie puede frenar la adhesión del corazón del público que entrevé la grandeza de un dolor hecho acordes.

5.- Innovación: La canción de Sobral, escrita por su hermana Luisa, tenía destellos de los mejores músicos del momento. En un acertado artículo, Fernando Navarro (La lección de Salvador Sobral en el disparate de Eurovisión,El País Cultura, 15/05/2017) dice “Sobral baña casi toda su música en una sugerente mezcla de fado ligero y bossa nova, siendo capaz de unir las orillas del Atlántico en sus canciones. En Nada que esperar, cantada en español, el fado y el jazz de cabaret se asocian para terminar haciendo un guiño al Cucurrucu Paloma del brasileño Caetano Veloso, al que recuerda en varias ocasiones”.

6.- Tradición.- No es contradicción con lo anterior. Sobral, en su sencillez creativa, no se empeña en hacer incompatible lo que es compatible. Y su novedosa canción tradicional nos hace recordar a los mejores festivales cuando la música – la sola música – era más fuerte que el solo espectáculo: “Non ho l’età” (Gigliola Cinquetti), “Waterloo” (ABBA), “Pouppe de cire, pouppe de non” (France Gall), “All kinds of everithing”, (Dana).

Coda: La canción que escribió con tanta sensibilidad su hermana Luisa, es una canción de amor. Repito es canción de amor. Lo es en sentido profundo y no sensual. Amar por los dos expresa una entrega total del uno al otro, tan sobrado de amor que si a ella no le queda amor que dar, el amante tiene para llenar el corazón y la vida de ambos.

¿Cómo no evocar aquel “pon amor donde no hay amor y sacarás amor”? ¿Cómo no recordar la frase del narrador de Bastille, el corto de Isabel Croixet: “de tanto comportarse como un hombre enamorado, volvió a enamorarse”?

¿Cómo, en fin, no acudir a los brazos que eternamente han tenido, tienen y tendrán Amor por los dos?

Idea fuente: las revelaciones de una canción de amor para Europa

Música que escucho: “Amar pelos dois”, Salvador Sobral. (Escrita y producida por Luisa Sobral, fue lanzada el 10 marzo de 2017; cantada en portugués, representó a Portugal en la final del Festival de la Canción de Eurovisión, 13 de mayo de 2017, ganando el Festival.

José Ángel Domínguez Calatayud

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Golf, prensa, duffers y hackers

Ya intuíamos que Donald Trump, una vez presidente en ejercicio, iba a ser una veta inagotable de noticias y chascarrillos. Nos esperan chorros de tinta, millones teclas de ordenador pulsadas y kilómetros de carboncillo.

The New Yorker. Portada 10 abril 2017

Volvemos a constatarlo con la portada de The New Yorker de 10 de abril de 2017, gráfico dibujo del Barry Blitt. En el habitual corto comentario en página interior leo la siguiente apreciación del editor artístico del semanario desde 1993, Françoise Mouly:

“Veo que la palabra ‘duffer’ se define como ‘una persona torpe en algo, especialmente jugando al golf’. Esa es la palabra que me viene a la mente cuando veo al presidente Trump destrozando uno tras otro los ventanales de la política estadounidense”.

Para Brent Kelley, autor de “What Is a ‘Duffer’ in Golf?”, (ThoughtCo 07/11/2017),  “duffer” es un término coloquial o de argot dentro del golf para referirse a un golfista mediocre o pobre. Algunos no golfistas utilizan “duffer” como sinónimo de “jugador de golf”, pero eso no es correcto. Duffer no se aplica a todos los golfistas, sólo es para aquellos que no están entre los mejores jugadores de golf.

Algo divertido, señala más adelante que “una vez conocimos a un reportero deportivo (que no jugaba al golf) calificando como “duffers” en un artículo periodístico a los profesionales del campo de golf de su ciudad, pensando que estaba usando otro término equivalente a “golfistas”. ¡Gran error! Esos profesionales, con razón, no se pusieron contentos”.

Probablemente el origen de la gresca mediática de Donald Trump y los periodistas estriba en que para un buen número de ellos, como el dibujante de la portada de The New Yorker, él es un duffer, un sujeto torpe que tira bolas políticas de cualquier manera, errando con cada golpe.

La Prensa atiende a Donald Trump

Por su parte, los periodistas son para el presidente lo que en términos de golf se conoce “hacker”.

Es el citado Brent Kelly quien en otro artículo (What Is a Hacker in Golf?,  ThoughtCo 19/11/2017) explica que “Hacker es algo que ningún golfista quiere ser llamado, porque es un término despectivo en el golf que significa:

1.- Alguien que rara vez juega al golf y que cuando lo hace es suficientemente malo

2.- En general, cualquier golfista que no es muy bueno en este deporte

3.- Un golfista mediocre o pobre que exhibe mala etiqueta del golf y un pobre espíritu deportivo.

O, especialmente, cualquier combinación de los números 1 y 3 o los números 2 y 3”.

Lo peor que se puede decir de un periodista lo ha dicho el presidente: “son los seres humanos más deshonestos de la Tierra”,o sea como hackers del relato de la actualidad.

Lo peor que se puede decir de un presidente en activo es que es imprudente, que no es hábil para hacer progresar con un buen Gobierno a su nación, o sea que es un duffer de la acción política.

Ambas generalizaciones son peligrosas por ofensivas. La mayoría de los periodistas son notarios fieles de la realidad. Y, probablemente,los actos de Trump como presidente – abstracción hecha de su sobreactuación mediática – estén precedidos de estudio, análisis, asesoramiento experto y consejo sabio. Probablemente.

Melanie Trump

Las dos anteriores afirmaciones no quitan para que, por ejemplo,  el Daily Mail se haya visto obligado a pagar 2,9 millones de dólares a Melania Trump y a publicar que “aceptamos que estas afirmaciones sobre la señora Trump no son ciertas y nos retractamos y las retiramos. Nos disculpamos con la Señora Trump por la angustia que nuestra publicación le ha provocado”. (Daily Mail, 12/04/2017)

Tampoco quitan para que el presidente se haya visto obligado a retractarse – “La OTAN ya no es obsoleta” – y modificar algunos otros puntos de vista manifestado en una campaña que, por cierto le dio la victoria y la llave de la Casa Blanca. De la mano de Kellyanne Conway. Ella es la primera mujer que ha dirigido con éxito la campaña de un candidato a presidente. También es la que acuñó el término “hechos alternativos” para dar carta de veracidad a la falsedad.

Pero volvamos a lo importante: al golf. Atenerse a la verdad, comportarse con honestidad y mantener incólume el respeto por uno mismo están en los cimientos de ese deporte como también del periodismo.

Donald “Golfer” Trump

Por eso resulta difícil compartir la portada de The New Yorker: puede acusarse con razón al Sr. Trump de muchas cosas, pero no de ser un duffer. Juega muy bien al golf, tiene un hándicap de 2,8 y, como decía Golf Digest de enero 2017 “As a golfer, the 45th president is the real deal”.

Esa fachada con cristales rotos tanto al frente, como al hook y al slice, no se corresponde con este player. Tampoco creo que el anterior inquilino, el zurdo Barak Obama, le dejara ese desastre en herencia. Respecto a  su hándicap declaró: “I’m an honest 13”.(Golf Digest, agosto 2016)

De política no hablo.

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2017 Eurovisión y Euroceguera

Te Deum laudamus:
te Dominum confitemur
te æternum Patrem,
Omnis terra veneratur
(Himno Te Deum)

 

Según The GuardianYulia Samoilova handed lifeline after host nation Ukraine barred her from country for illegally entering Crimea”.

Julia Samoilova, cantante rusa: “Flame is burning”

El Frankfurter Allegmeine Zeitung daba la noticia con este detalle: “el servicio secreto ucraniano SBU ha prohibido la entrada a la candidata de Rusia al “Concurso de la Canción de Eurovisión” de este año en Kiev, Julia Samoilova, por haber cantado en el año 2015, sin poseer un permiso de entrada en Ucrania, en la península de Crimea en el Mar Negro anexada por Rusia”.

De manera parecida describe el hecho El Mundo: “Kiev ha dado un portazo a la representante de Rusia en Eurovisión, cuya próxima edición se celebrará el 13 de mayo en Kiev. La razón: haber ofrecido un concierto en Crimea”.

Y para Le Monde , que comienza su artículo con esta idea, “la géopolitique ne s’est jamais tenue éloignée de l’Eurovisión”, el fondo es, si no otro, sí algo más profundo.

Kiev, capital de Ucrania será sede de Eurovisión 2017

Efectivamente el Festival de Eurovisión además de un concurso musical es un escaparate para la comunicación social. Lo ven más de 200 millones de personas. Quienes quieren demostrar poder desean que sus ideas se trasluzcan por el cristal de ese escaparate: gobiernos, políticos, grupos de presión, lobbies ideológicos y mercaderes de lo sectario no pueden dejar pasar esa oportunidad sin interferir.

Los de más edad recuerdan la descalificación en la edición de 1968 de Joan Manuel Serrat que quería cantar La-la-la en catalán y el gobierno español se lo prohibió para que cantase la canción en la lengua común de los españoles. Le sustituyó y ganó Massiel.

También más recientemente el gozo se adueñó de los defensores de la ideología de género con la victoria de una señora con barba.

No pocos señalan que de hecho, casi desde los comienzos, se observan algunas alineaciones políticas en las votaciones de modo que los máximos votos de un país van a otro afín: Portugal-España; Rusia-Bielorrusia.

Recuerdo cómo en casa nos reíamos con mi padre cuando jugaba a adivinar con argumentos políticos hacia dónde irían los votos de tal o cual nación: “verás, verás: ahora Mónaco nos da doce votos porque Rainiero y Grace veranean en España”. O, “nosotros votaremos a Alemania para que siga ayudando a nuestro desarrollo y para fastidiar a Francia”. Solía acertar.

Hoy, con el voto popular telefónico pueden apreciarse también tendencias derivadas de los gustos juveniles, de los movimientos migratorios o, como es el caso del veto ucraniano, rivalidades profundas.

Jamala ganó en 2016 con “1944”

De hecho Ucrania ganó el año pasado con Jamala y su 1944 que evocaba indisimuladamente las deportaciones de tártaros de Crimea por orden de José Stalin. La respuesta Moscú, enviando a una rusa de 27 años que va en sillas de rueda y que, efectivamente, actuó en 2015 territorio ilegalmente ocupado, refleja los tintes de la especializada manipulación política de la que tienen los rusos verdaderos expertos; haz KGB que algo queda.

Con la selección de Julia Samoilova los responsables rusos habían puesto al gobierno de Kiev ante un dilema: si permitían entrar en el país a la cantante infringían sus propias leyes que prohíben la entrada a quien apoyó la anexión de Crimea; si, como han hecho, vetan a la cantante, además de inhumanos e insensibles, parecerán politizadores del Festival de Eurovisión, y por extensión condenados por la opinión pública que le acusará de encerrar la música en posturas partidaria.

Son listos los rusos. Esta batalla de la guerra de Ucrania, la batalla del Frente de Comunicación y Opinión Pública, la han llevado al terreno en el que no pueden perder.

La organización de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha ofrecido a Rusia que Julia Samoilova participe vía satélite. En Rusia alguna sobreactuación de vestal violada amenaza con no participar nunca más en este festival. Otra voz, ésta de la Cadena Uno controlada por el Estado, dice que en 2018 volverán enviar a la joven cantante de la silla de ruedas

Me temo que Europa no tiene Eurovisión, padece Euroceguera. O al menos a una miopía crónica, progresiva y, espero que curable. Porque no es sólo en la música de marras; otras manifestaciones artísticas propias de la Civilización de las Pantallas sufren este deterioro.

Le pasa a Europa que volcada sobre aspectos materiales, epidérmicos, efímeros y aun accidentales se muestra impedida para ver, pensar, repensar, conocer y amar lo que ella misma es y qué cosa significa ser persona humana. Probablemente ya están detentando el poder personas incapacitadas para contestar a la pregunta ¿qué es el Hombre?

Y sin embargo nos va mucho en que respondan acertadamente a esa cuestión. Si no, van a tener difícil evitar la tentación de manipular a impedidos, manosear las leyes naturales o abolir la vida. Ciegos conduciendo a otros ciegos: nosotros.

Ciegos, y sordos a la buena música. No deja de ser sutil ironía que descreídos del Hombre, de Europa y hasta de Dios todos tarareen la carta de ajuste de Eurovisión con la sintonía de la Unión Europea de Radiodifusión: el Preludio del “Te Deum”, de Charpentier.

 

El logo. el Himno es “Te Deum” de Charpentier

Idea fuente: Nuevamente Europa tiene que ser ella misma también en la televisión

Música que escucho: Waterloo, ABBA (con esta canción y este grupo Suecia ganó el Festival de Eurovisión de 1974 celebrado en Brighton, Reino Unido)

José Ángel Domínguez Calatayud

 

 

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