Annus Benedictus

Era la Navidad de 1992. Isabel II de Inglaterra, en su habitual discurso televisado calificó aquel año que acababa como Annus Horribilis. No era para menos: entre otros golpes recibidos, contabilizaba entonces un incendio en su castillo de Windsor y las separaciones matrimoniales de sus hijos Carlos y Andrés.
La semana próxima llega a Inglaterra Benedicto XVI en visita oficial de Estado. Este carácter de la visita la proyecta como evento histórico. Cuando se encuentren el Papa y la Reina en Holyroodhouse (Edimburgo), Isabel II bien podría exclamar que, por contraste, éste sí es un Annus Benedictus, un momento único para los interés de sus súbditos, capaces de no tener miedo a caminar juntos en la búsqueda de la verdad, resaltando los valores que los unen, infinitamente más poderosos que aquellos que los separan. Para Occidente el viaje tiene una gran transcendencia al reafirmar el cristianismo en sociedades que están saturadas de materialismo, vacías de criterio y sin líderes ante el avance de creencias menos compatibles con la dignidad humana. Entiendo bien la admiración de Isabel II por Benedicto XVI, que vive lo que predica y que está especialmente dotado para transformar en paz y oraciones las mentiras sobre la fe católica, las difamaciones y las injurias a su persona.

Los comentarios están cerrados.