Look alike


Look alike (“Luc alaiq”) es el término que se utiliza para designar a aquellas personas de extraordinario parecido con otras del mundo del cine, del espectáculo, de la realeza o de la política.

Con ocasión de la inminente boda eminente de Guillermo y Kate en el Reino Unido, no han sido pocos los que han lucido por las calles de Londres su look alike con uno, con otra o con los dos. En una sociedad de juegos e imagen era inevitable. El Daily Mail se hizo eco ayer de un concurso mundial de parejas parecidas a los célebres novios organizada por una compañía de vuelos: “And the winners are: Orsola Rossi from Italy and Simon Watkinson from the UK win the William & Kate look-a-likes competition” dice el tabloide insular. Juzgue usted en foto adjunta si podría ser engañado por ellos o descubriría que son dos “lookalikers”.

Cuenta Joyce Milton que en los años veinte Charles Chaplin concurrió, ocultamente, a una competición de look alike sobre él mismo. Chaplin no llegó ni a la final.

Pues, un look alike no es sólo un doble: es un “otro yo” capaz de vivir momentos que sólo a mi corresponde vivir. La cosa tiene morbo y ha dado para hacer política-ficción con los “francos”, “kennedys” y “obamas” tan parecidos que podrían pasar por sus originales en recepciones y eventos. ¿Llegaron a hacerlo? De alguno se ha dicho, se ha escrito y se ha hecho película confirmándolo.

El look alike es, además un gran recurso narrativo para salir de callejones sin salida en novelas y películas. ¿Cómo resolver el nudo cuando nuestro protagonista tiene que estar en dos sitios diferentes sin tiempo? Pues se echa mano de un elemento de verosimilitud para que su look alike se presente en un uno de los lugares, resolviendo el entuerto: todo un “deus es machina” para autores y guionistas en apuros.  Se ha utilizado y mucho.

En el mundo de la publicidad y el marketing el look alike ha sido explotado sobradamente: uno de los últimos ejemplos lo tenemos en el uso de una imagen de notable parecido con Sylvester Stallone para promoción de ventas en una conocida cadena de aparatos electrónicos que pretende retar nuestra inteligencia.

Pero es que el asunto está tan extendido que hay empresas capaces de explotar esta similitud con celebridades o, a partir de la muy evolucionada tecnología de reconocimiento facial, buscarle a usted su celebridad gemela. “Ahora usted puede crear un video animado mostrando la transformación entre usted y la celebridad, lo publica fácilmente en su blog, lo incluye en su perfil o lo envía por correo electrónico a sus amigos”, se anuncia un sitio web.

También si uno va de friki de las conspiraciones de los poderes de este mundo cruel, tiene aquí una mina. Si es capaz de ver un look alike donde hay un tipo en el pub perfectamente parecido a Sarkozy o a Rubalcaba que ocupa un reservado junto a un mal encarado con cicatriz en la cara, esta es su oportunidad.

La innegable fuerza de la imagen – potenciada por la televisión – lleva a muchos a querer ser lo más parecido posible a Elvis (¿vive?) o a Pitt. Otras preferirán que las confundan con  la princesa Leticia, Maria Carey o Sharapova.

Es legítimo. También es legítimo y probablemente más duradero buscar modelos vitales transformadores y procurar, a fuerza de voluntad, humildad y tesón, copiar sus rasgos morales en el día a día. Se me ocurren, como a cualquiera, nombres de líderes, héroes o santos reales como la vida misma. En este caso “copier c’est gagner”, que dicen los franceses.

Por último, un juego. Si uno de estos dos no le devuelve el saludo en la Feria de Sevilla, no se preocupe: no es quien usted piensa, es el duque de Bragança, Casa Real de Portugal.

José Ángel Domínguez Calatayud

 

 

 



 

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