Soy el Kissinger que escucha

Charles Powell, que lleva 25 años investigando en los archivos de los presidentes norteamericanos presenta estos días su próximo libro «El amigo americano. España y EE.UU.: de la dictadura a la democracia» (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores).

Entrevistado para ABC por Tulio H Demicheli, éste le pregunta acerca de la influencia de Henry Kissinger sobre los gobiernos de Richard Nixon y Gerard Ford. Charles Powell dice que «Kissinger tenía un hermano un poco mayor que él que hablaba inglés sin acento. Un periodista le preguntó: “Los dos emigraron al mismo tiempo. ¿Cómo puede ser eso?” Y él respondió: “Yo soy el Kissinger que escucha”».

Escuchar es una parte esencial de comunicar. Comunicar es una parte esencial de influir.

Seguro que piensas que tú siempre escuchas. Quizás sea así. Yo, por mi parte, no he podido superar las 24 preguntas sencillas que Aquilino Polaino nos hace en la página 187 de su interesante libro “Aprender a escuchar” (Planeta Testimonio, septiembre 2008). A ver si tú lo logras:

1. ¿Interrumpe lo que está haciendo y se dispone a escuchar al otro, con todos sus sentidos?

2. ¿Atiende, con cierta frecuencia, interrumpiendo lo que la otra persona dice para tratar de expresar mejor sus propias opiniones?

3. ¿Se muestra impaciente cuando en una conversación con otras personas no puede preguntar lo que quiere, hacer algún comentario a lo que dicen u opinar libremente acerca de lo que se está tratando?

4. ¿Se enfada porque no ha tenido la oportunidad de hacer el comentario brillante o irónico que se le ocurrió, a propósito de lo que otro estaba hablando?

5. ¿Introduce o impone el tema de conversación que desea, aunque eso suponga un cambio brusco respecto de lo que se estaba tratando?

6. ¿Se irrita si alguien manifiesta que usted todavía no sabe escuchar?

7. ¿Acude siempre a su experiencia para demostrar que tiene razón?

8. ¿Habla a menudo de sí mismo, de sus cosas o de lo que le ha sucedido, con tal de quedar siempre bien?

9. ¿Se empeña con tozudez y discute con los demás acerca de pequeños detalles irrelevantes?

10. ¿Se conforma cuando le llevan la contraria?

11. ¿Escucha con interés, a pesar de que le parezca que el otro puede estar equivocado?

12. ¿Escucha al otro sin someter lo que dice a su propio juicio?

13. ¿Está más pendiente de las objeciones que puede hacer a quien habla que del contenido de lo que está oyendo?

14. ¿Escucha superficialmente, al mismo tiempo que continúa dando vueltas a sus preocupaciones?

15. ¿Le molesta que le interrumpan o distraigan cuando está hablando?

16. ¿Se imagina con facilidad cómo debió sentirse la persona a la que escucha, de acuerdo con el contenido de lo que está contando?

17. ¿Suele mirar a los ojos de la persona que habla, a fin de que pueda entender mejor lo que está contando?

18. ¿Renuncia con frecuencia a dar su opinión por considerar que la información de que dispone es todavía insuficiente?

19. ¿Se siente satisfecho de una reunión social en la que usted no ha hablado?

20. ¿Hace preguntas con el fin de confirmar la exactitud de lo que le ha parecido entender a quien escuchaba?

21. ¿Considera con frecuencia cómo se habría sentido usted si le hubiera sucedido lo mismo que a la persona a la que escucha?

22. ¿Trata de comprenderla como si de sí mismo se tratara?

23. ¿Hace preguntas con el fin de confirmar que quienes le escuchan le han entendido?

24. ¿Se alegra y agradece por lo que ha aprendido con sólo escuchar?

Estamos a la espera de leer más sobre la  escucha activa en el segundo libro de Álvaro González Alorda, “The Talking Manager” cuyo último capítulo- Hey Jude – acaba de escribir en Punta del Este, según nos cuenta un post suyo en Facebook.

Como Henry Kissinger todos tenemos una capacidad para influir, aunque tan sólo sea en nosotros mismos, para evitar la entropía o la tiranía. Empecemos por escuchar.

José Ángel Domínguez Calatayud

Etiquetas: , , .

5 respuestas a Soy el Kissinger que escucha

  1. Francisco Ojeda dijo:

    De tan sugestivas preguntas se deduce que para escuchar hay que ser humilde. El humilde no presume de sus logros, rectifica cuando se equivoca y no es arrogante en su proceder, cualidades todas ellas que se necesitan para saber escuchar sin interrumpir, para estar dispuesto a cambiar de opinión cuando dispones de nueva información.
    Habría que mandarle este a modo de cuestionario a tantos y a tantas que participan en las tertulias radiofónicas o televisivas.
    Gracias por su artículo

  2. Cornelio vela dijo:

    Enhorabuena Jose Angel. Desconocía esta faceta tuya bloggera. Me han encantado tus posts. Sigue así y estarás dentro de poco en el top de “influyentes”,jeje. Un abrazo

  3. José Ángel dijo:

    Gracias, amigo, por tus cariñosas palabras. ¡Cuánto, Cuánto animan!