La importancia de llamarse Alfredo

ABC de Sevilla publica hoy un texto mío, que antes de ser sometido a un severo tratamiento de lifting en el diario decía lo que sigue, bajo el título “La importancia de llamarse Alfredo“:

Es indudable la relevancia del nombre en la construcción de la marca. También cuando construimos nuestra marca personal, ese sello por el que nos gustaría ser conocidos y admirados. Así lo entendieron los modernos orientadores de comunicación en Estados Unidos y, desde entonces en todo el mundo: JFK es un modo próximo, muy atractivo y sintético de referirse a John Fitzgerald Kennedy, y ¡no digamos Bob!

En el postmodernismo actual, si te dedicas a la política y te llamas Jose Antonio (¡ojú) parece mejor decir que te llamen Pepe, cuando, además, tu apellido es de acento agudo y contiene una “ñ” en medio. Si tu primer apellido es Rodríguez, mejor coger el segundo cuando empieza con “Z” y le pones la “P” de presidente y queda muy majo lo de ZP. Más difícil con Pérez Rubalcaba. No puedes poner la “P” de presidente, pues sonaría mal “compañero del PSOE vota PP” (Pérez Presidente). La solución del segundo apellido no funciona: es largo y su inicial es la misma que la Rajoy, su oponente. Pero ya está resuelto: el Sr Pérez se quita la corbata, viste unos “jeans”, se posa en un taburete alto, muy Leonard Cohen, se suelta la melena (es un decir), y espeta a su público: “llamadme Alfredo”.

Tres meses antes de entrar en la cárcel, Oscar Wilde estrenó en Londres The Importance of Being Earnest (traducida, “La importancia de llamarse Ernesto”). El autor jugaba con la sonoridad, idéntica en inglés, de esa palabra y del nombre Ernest, lo que le sirvió para la ambivalencia con el significado de earnest = serio. La obra termina con estas palabras del protagonista: “I’ive know realised for the first time in my life the vital Importance of Being Earnest”. Es decir “acabo de darme cuenta, por primera vez en mi vida, de la importancia vital de ser serio”. Así debió pensar quien, tras lucir muy “Puerta del Sol – “llamadme Alfredo”- , se subió para un acto de partido al avión de Estado, transformado otra vez en Excmo. Sr. Pérez. Muy serio.

José Ángel Domínguez Calatayud

 

 

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