No hay victorias, sólo batallas

“Una cacería humana se pone en marcha para capturar al asesino profesional a sueldo, Hal Lockwood, después de que se fugara durante una audiencia judicial. Lockwood posee información sobre el asesinato de la madre de Beckett (Stana Katic). A medida que avanza la caza, Castle (Nathan Fillion) y el equipo encuentran que hay alguien con conexiones dentro de la policía con vinculaciones tanto en la muerte de Johanna Beckett como en la fuga de Lockwood. El final de la temporada lleva a una conclusión muy emotiva y trágica con la búsqueda del criminal y su cómplice en el cuerpo policial”.

No pude ver en su día el último episodio de la serie Castle (Knockout Season 3 | Episode 24 | Aired 05/16/1.Cadena ABC ) sintetizado arriba. Lo vi ayer y me quede con la frase que encabeza el título: “No hay victorias, sólo batallas”. Quienes reflexionamos y trabajamos en materia de comunicación estratégica, nos encontramos muchas veces frente a directores hartos de insuflar ánimo a la tropa. Ciertamente, con el desánimo no se vende una escoba.

Sin embargo no todos son victorias de las que provocan fiestas con fuegos artificiales, salvas de honor y cabalgata por la cuarta planta con alfombra roja y lluvia de confeti. Soy partidario, con Carlos Andreu de celebrar. En mi casa soy especialmente celebre por la cantidad de fechas que descubro en el calendario merecedoras de aperitivo, Martini, rioja en la comida y pasteles y helado de postre. ¡Es notable las cantidad de cosas que agradecer y festejar!

Pero todo eso no quita para que el que escribe, el que dirige y todos sepamos comunicar algo que es esencialmente estratégico: la batalla no termina y eso no es necesariamente funesto. Tenemos que seguir sobrevolando la contrariedad y recomenzar entonando con Yves Larock su rítmica Rise up!

Volviendo al episodio que pone fine la 3ª temporada de la serie televisiva, hay un momento en que Beckett, que busca desde hace tiempo a los asesinos de su madre, mantiene una conversación traspasada de emoción con su capitán Roy Montgomery (Rubén-Santiago Hudson). Éste le dice la frase citada que la bella policía volverá a citar en un momento de incisivo dramatismo: “For us there are no victories, there are only battles. And in the end, the best you can hope for is to find a place to make your stand” (“Para nosotros no hay victorias, sólo batallas. Y al final, lo mejor que puedes esperar es encontrar un lugar para organizar tu pelea” y conquistar con tu equipo las cotas que se elevan delante de ti, podríamos añadir.

La estrategia de comunicación de nuestra empresa puede dibujar perfiles para:

1.- Hacer saber a cada directivo que “todo éxito es provisional” (Leonardo Polo). Por ello corre prisa el reconocimiento de lo bueno antes de que se marchite y sin alagar a la persona, sino dignificando la actuación para que pueda ser emulada.

2.- Implantar un hondo sentido del “trabajo perfecto” que admita ser mejorado por los colegas y colaboradores. La revista XL Semanal que se reparte el domingo con ABC publica una muy interesante entrevista a Donald Knuth. El magistral matemático, padre de la programación informática decía sobre su obra empezada en 1962: “acabo de terminar las primeras 900 páginas del cuarto volumen. Es un libro difícil de leer, escrito exclusivamente para geeks. Pero sé que la gente lo está leyendo porque pago 2,56 dólares por cada error que encuentran y ya han hallado algunos”. Y continúa afirmando que ha pagado en su vida por este método “más de 30.000 dólares en total. Quiero que mi obra sea precisa y los cheques son mi muestra de aprecio a la gente que me ayuda a conseguirlo”.

3.- Asegurarse de que todos los colaboradores sepan los objetivos y lo que ellos obtendrán cuando los alcancen, informándoles sobre los medios para equilibrar bien el incentivo personal sin hundir la capacidad de trabajo del conjunto como un equipo y no como una pandilla de chacales egoístas.

4.- Dejar claro – ejemplaridad – que la politiquilla, la desidia, el desprecio por el detalle y la chapuza  forman parte de las conductas menos valoradas. El que desee vivir así debería no albergar dudas de que se prescindirá de él sin excesivo sentimentalismo.

5.- Remover el corazón de cada uno periódicamente con afirmaciones en las que les decimos que les valoramos a ellos en su integridad y sin fisuras. Que estaremos con ellos en la venta, en el taller, en las columnas de “ingresos y gastos”, en la grasa, en la pésima cara de aquel cliente grosero o en la ineficiencia de un proveedor o en la carga de la burocracia política. Que estaremos con cada uno porque no hay victorias, batallas solamente… que se trasforman en afirmación por el servicio realizado y el deber cumplido con honradez.

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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