Síndrome del repetidor

Mi amigo Ramón tiene experiencia docente y han pasado por sus enseñanzas unos cuantos ingenieros de éxito. Ramón sostiene que los repetidores tienen solución.

Esta es mi hipótesis derivada de una detenida y atenta observación de la subespecie de estudiantes conocida como los repetidores. Los repetidores nacen formando parte de la común especie “Homo sapiens”. Enseguida, a base de una mala o nula asimilación del conocimiento, mutan en la especie repetidor (“Repetitor-repetitoris-repetitoris-repetitoris-…”), que se caracteriza por sus escasas probabilidades de aprobar en sus estudios una o varias asignaturas, lo que, en el hábitat de la civilización occidental donde esparcen sus suspiros, les lleva a tener que pasar uno o más años con la asignatura (repitiéndola). En algún caso, el curso completo. (Nota de campo: se han descrito casos en los que el repetidor tratado en cautividad logsiana, consigue perder esa condición con facilidad por la aplicación de la vacuna del ICLQC – Igualitarismo Cueste Lo Que Cueste – que, entre otros efectos secundarios producirá desorientación, desubicación social, complejo de culpa – ajena – y alejamiento de la responsabilidad. Otras investigaciones afirman que el repetidor bajo dilatado tratamiento de esta pseudovacuna causa metamorfosis a la especie marginado).

La evolución de la especie no suele ser comprensiva con casos de abuso ecológico y, en una corta estancia en su hábitat habitual (Play, X-box, ordenata, pandilla desafecta, padres-superados-acríticos, botellona y píldora afterday) el repetidor migra hacia espacios de afinidad para, finalmente, sin una ayuda de orden, disciplina, sano afecto y voluntad, acabar formando parte del anaeróbico hábitat de “fracasus scolari”, que es como el default de los bancos, pero sin rescate económico.

Como hemos dicho esto no es fatal: nadie nace repetidor. No tiene porqué ocurrir con ningún hijo, sobrino, amiga o amigo. Aplicando medidas correctas acabará por tener conocimientos bastantes para cumplir aseadamente con una misión digna de su humanidad y dignificante de su persona.

Lo primero es la detección precoz. ¿Cómo de precoz? ¿? De verdad, pienso que no hay que perder los nervios por algún suspenso en un control a principio de curso. Pero conviene hablar y mirar al hijo con afecto bueno: comprender sus dificultades no para decirle que “no pasa na’”, sino para ir viendo el fondo de sus ojos. ¡Es tu hijo!

Lo segundo,  y esto sí es de mi amigo Ramón, investigar si el “paciente” tiene alergia a alguna asignatura (Matemáticas, Lengua o Idioma extranjero) Esta detección temprana de la alergia permite encontrar alguna ayuda didáctica para descomplicar, para espantar fantasmas y superar el “pánico a volar”. Seguro que hay algún experto cercano que sea lo suficientemente inteligente y que domina la materia tanto como para describir al chaval o chavala las dos ideas que acaban con esta cafetera fóbica, antes de que se convierta en locomotora.

Lo tercero, es comprender que el repetidor, esto también es de Ramón, es recuperable. Una persona que ha repetido una asignatura o dos no ha transmutado en especie diferente al homo sapiens si desanudamos el siguiente circulo vicioso: 1.- El joven piensa que ya se lo sabe, porque ya lo escuchó el curso pasado. 2.- Como “lo entiende” no se esfuerza en volver a escucharlo e interiorizarlo. 3.- Como no lo mete en su cabeza (sector memoria), se distraerá en las siguientes clases. 4.- Como no  ha estado integrado no estudia. 5.- Como no estudia, vuelve a suspender, pero ¡pensando que lo sabe!

La solución es hacerle comprender que no tiene ni pajolera idea de la asignatura. Hay que llevarlo  -con paz – hasta el profesor y que éste le haga no un examen, sino dos o tres preguntas básicas que le pongan ante la verdad y el temor. La verdad de su ignorancia supina y el temor a una vida sin horizonte ni esperanza.

Lo cuarto: juega un partido de tenis o paddle con él cuanto antes,  sobre todo si tú no tienes ganas: recuperas un hijo al bajo coste de dos días de agujetas.

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

 

 

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2 respuestas a Síndrome del repetidor

  1. Ramón Abella Monserrat dijo:

    José Angel : No sé como un comentario de café de sábado mañanero, puede dar para escribir
    una nota tan clarividente como la tuya. No es que hayas expresado lo que pensaba, es que lo has mejorado y”bordado”. Me ha gustado mucho todo.
    Un abrazo, Ramón

  2. Gracias, mi ilustre profesor y contertulio de sábado mañanero. Tu comentario me llena de ánimo, incluso en la exagerada ponderación de mis capacidades que disculpo muy agradecido por tu inteligente amistad. Un abrazo.