Cuatro Vientos no es una Performance

Hemos podido seguir en vivo por televisión la retransmisión de la reunión de los jóvenes con el Papa Benedicto XVI en la Base de Cuatro Vientos, base que cumple ahora 100 años. Hemos visto una multitud literalmente incontable: unos dicen que más de un millón,  otros  – la organización de la JMJ – millón y medio y otros dos millones. Todos dan la idea de algo de dimensiones descomunales (fuera de lo común). Llega un momento en la talla de una convocatoria que sabes que ha sido un éxito total en cuanto a número de asistentes.

También hay reuniones, concentraciones, encuentros, y este es el caso, dónde sabes que el número es importante, pero menos, y que lo radical es lo que personalmente ocurre en el interior de los que se reúnen. Las transformaciones importantes son de dentro a fuera.

Por eso cabe subrayar que la JMJ y su admirable vigilia y misa en Cuatro Vientos no es una performance.

Un performance, para entendernos, es una expresión plástica en donde se ponen evidencia capacidades escénicas, en sitios públicos, en los que se quiere involucrar, siquiera sea con la suspensión del ánimo que produce la sorpresa, a las personas que lo observan: es a veces poética visual, otras denuncia artística, es, en fin, arte en vivo, como acertadamente deja ver la voz performance en Wikipedia.

Pues bien, lo vivido estos días y, sobre todo la presencia entusiasta, esperanzada y alegre de miles y miles de jóvenes respondiendo a la convocatoria de la JMJ para reunirse con el Papa puede ser vista por algunos como una performance. Puede, pero no comparto esta visión, por lo que tiene de simplista y a la que desde luego se le escapa lo esencial, aquello para lo que se necesita agudeza visual: actitud de apertura a los acontecimientos históricos de la fe, o, cuando menos, una buena voluntad, una querencia sincera a encontrar la verdad, y no sólo episódicos avatares.

¡Ojo! Que esto de la JMJ tiene una dimensión estratégica de comunicación del tipo “vital emergente” lo entienden también quienes prefieren para los jóvenes una actitud de pasivismo acrítico y de relativismo. Lo entienden y tiemblan. Si se analizan algunos titulares y pancartas de los días 15, 16 y 17 de agosto se comprende lo que quiero decir. Pero vayamos a sintetizar lo que no se ve a primera vista pero que determinará  la comprensión y éxito de la estrategia.

Cuatro Claves para entender Cuatro Vientos:

1ª.- Juan Pablo II. Al ahora beato nadie le niega, junto a su vida recta, una inteligencia directiva y comunicativa del primer nivel (Polonia, países fronterizos con el Islam, Muro de Berlín, Catecismo, defensa de toda vida, abrazo al dolor con los que sufren). Pues bien, fue él quien impulsó con visión de alcance las  JMJ y se implicó hasta el alma en las veintitrés primeras ediciones. Supo que el futuro se gana jugando con sus dueños, involucrado con ellos, pero poniendo las metas a la altura de la dignidad y de las aspiraciones de ellos: el futuro será de jóvenes comprometidos. Juan Pablo II, lo vio y marco rutas en ese mapa.

2ª.- El sucesor persiste en el modelo. La categoría de la ignorancia y superficialidad de algunos poderes, principalmente mediáticos, les hizo respirar satisfechos con la muerte del papa polaco y la elección del actual, al que habían colgado ya varios sambenitos. La humildad y la capacidad de Benedicto XVI, le ha hecho continuar las rutas correctas, fintando ante lo troncos que la mano aleve cortaba sobre el camino. También el sabe donde esta el bien, la verdad y la belleza y confía y exige a los que serán sus administradores en las próximas décadas: “¡No os avergoncéis del Señor!” pidió nada más llegar a la JMJ.

3ª.- Los reunidos en Madrid son una mínima parte de los posibles: en este agosto madrileño no estábamos todos. Jóvenes hay esparcidos por la rosa de los vientos que reciben el influjo de estas JMJ y, los más preparados y los que tienen mejor calidad humana, saben ver qué es lo que va bien y lo que acaba mal. Son veintiséis las JMJ celebradas. Jóvenes de espíritu y deseos de mejorar están llenando el mundo. Ellos no van a fallar.

4ª.- Otra Juventud es posible y además existe. Habrá que empezar a pensar que el Espíritu Santo también existe y que hace su obra. La afluencia, el fervor, la piedad y esos rostros limpios y elegantes no son explicables por simple ciudadanía, son, en todo caso, expresión de una civilidad más alta que, con caídas y levantadas, hará un mundo mejor: a ello están convocados para el resto de jornadas de su vida que serán, entonces con más razón, jornadas mundiales de la juventud. El amor no envejece.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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