Endurance

Significa resistencia, aguante, fortaleza o entereza. Ese era el nombre del barco con el que Sir Ernest Shackleton viajó por tercera vez en 1914 a la Antártida, esta vez para intentar atravesarla. Había fracasado en los dos intentos anteriores de conquistar el Polo Sur, pero nunca se rindió. El Endurance encalló en el hielo y poco después se quebró y hundió. Shackleton emprendió el regreso con sus hombres. Una heroica hazaña que duró veintidós meses de dureza extrema tanto física como mental. Pegado a sus hombres, compartiendo el esfuerzo y la fatiga y las risas e insuflando en ellos un espíritu de lucha optimista para no desfallecer. Esto y el inimaginable y agotador viaje en los botes salvavidas les trajo  a buen puerto. Así pudieron llegar primero a Elephant Island y después South Georgia. Aún se embarcó de nuevo para recoger al grupo de hombres que había dejado con su lugarteniente Frank Wild en Elephant Island. Nunca se rindió. Nunca abandonó a sus hombres y tres meses después emprendía el regreso con los que allí  aguardaban seguros de su capitán.

Traigo a colación esta historia, por muchos conocida, que me envía por mail un amigo, porque hoy en día, ¿Cuántos responderían al anuncio publicado por Sir Shackleton para reclutar en 1914 voluntarios y cuyo original vemos junto a estas líneas?

Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío intenso, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, y escasas posibilidades de regresar con vida. Honores y reconocimiento en caso de éxito”.

Pero es que tengo la impresión de que muchas de nuestras organizaciones empresariales y políticas necesitan una estrategia de comunicación bien diferente a la de -permítaseme la expresión – “pasar la mano por el lomo”… Estamos frente a retos extraordinarios que pueden aterrorizar a pusilánimes y por ello la estrategia de comunicación, desde la raíz, es seguir imperiosamente la frase que el padre de Ernest le decía a su hijo y que dio origen al nombre de su barco “By endurance we conquer” (por la resistencia vencemos). Quiero con esto evocar algo menos vulgar que el simple “el que resiste, gana”. No es ganar, es vencer. Arrebatar al destino la pluma y escribir nosotros, en nuestras organizaciones, con las mujeres y los hombres, los renglones de la hazaña. Sí: con cansancio. Sí: dejando las uñas. Sí: rompiéndonos la cabeza para imaginar rutas y horizontes. Si: dejando las pestañas buscando nuestra Elephant Island. Pero sobre todo siendo leales a nuestros colaboradores y a los principios que nos impulsaron a navegar.

Claro que podemos fracasar, pero fracasar  no es el final. El final es la traición y el olvido.

Simon Nixon, ha escrito ayer en The Wall Street Journal un buen artículo que titula “España no es dueña ya de su destino económico” (Spain Is No Longer Master of Its Economic Destiny). Ciertamente, nuestro “Endurance” de alto crecimiento económico ha encallado en las aristas de la cruda financiación, se ha partido y sus nobles maderas soberanas yacen hundidas bajo el hielo. Pero se olvida el cronista que nos quedan los botes salvavidas de solo siete metros de eslora, nos queda la capacidad del trabajar a diario. Podemos avanzar si no ocultamos la verdad; si somos optimistas; si nos comportamos con lealtad con todos; si cada un aprieta entre sus palmas el remo de su propia competencia y pone proa a puerto. Somos así. Son nuestros talentos que sólo están esperando esta aventura “que pondrá a prueba nuestro temple y en la que la disciplina vale tanto como el valor” (That will test our nerve, and discipline will count just as much as courage) (Capt. Jack Aubrey en Master and Commanders. The Far Side Of The World).

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud


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