Hambre de Comunicar Hambre

 

Antes de que los telediarios y los suplementos  salmón vengan a contarnos, como cada final de agosto, qué incidencia tiene y cómo se supera el stress postvacacional, he hablado con Pepi. Pepi, es costurera, viene todos los martes a casa desde hace años y entre ella y la mejor de todas las esposas montan en el office un verdadero taller de costura que ya quisieran Adolfo Domínguez o Valentino.

Pues bien, le pregunté a bocajarro: “Pepí ¿Ud. no tiene stress postvacacional?” Y su respuesta fue. “¿Yo? Yo me conformaría con un día que no me doliera ná”. Y es que desde que la han operado de vesícula no hay jornada sin dolor. La verdad es que tiene una mala salud de hierro y siempre está con fibromialgias o cefaleas o cualquier otro dolor, pero siempre que le preguntaba estaba “regular”. Ya ha pasado de regular a “psss”. Señorío del silencio.

Y digo yo: ¿Cómo no va a estar “regular” que se traduce “muy mal” alguien con una vida como la suya?

Nunca se queja de nada y siempre está de excelente humor, dispuesta a contarte lo que pasa por su pueblo y lo que pasó por su vida. Para no aburrir y para que se entienda por qué no sufre stress postvacacional basta decir que ella no ha tenido nunca vacaciones desde que a los nueve años comenzó a acompañar a su madre para lavar a mano, en el río con su tablilla. Ha trabajado luego en casas hasta recalar en la nuestra donde es como una hermana mayor, mayormente de la mejor de todas las esposas. Ha trabajado sonriendo para combatir el hambre y para hacer bien lo que ella veía que mejor hace.

Me he acordado de tanto “post” cuando termina agosto y aún perduran los carteles que urgen nuestra ayuda para combatir el
horror, el desastre de los desastres del hambre en África. Se ve que somos generosos pero que todavía hace falta más. Y las ONG (¡¡Enhorabuena!!) desgañitan sus mayúsculas para decirnos una que estamos ante una “crisis humanitaria” (sic) y, otra, ante una “emergencia nutricional”(sic). Reconociendo todo lo positivo y más que realizan muchas organizaciones para acabar con las enfermedades y el hambre, la comunicación es manifiestamente mejorable, porque la catástrofe será humana o social, pero nunca “humanitaria”. De hecho, el horror terminaría con más acción humanitaria. Lo de “nutricional”, referido al infierno que viven en Somalia y Sudán suena a sarcasmo. Una cosa es ser políticamente correcto, y otra darse al lenguaje administrativo: mejor dejarlo para la Consejería de Salud, cuando quiere retirar una partida de yogures caducados. Esta terrible verdad requiere dar fuerte, y dar duro como son las cosas en el Cuerno.

AFRICA SE MUERE. Se mueren de hambre 13 millones de personas; se mueren de sed en segundos, las moscas se los comen a ellos vivos, ¡mis niños! Y no hay vacunas y no hay agua potable ni papillas; no hay siquiera lo básico.

A AFRICA LA MATAN: la asesinan la intolerancia, la ferocidad del clima y la crueldad de los señores de la guerra. La matan las enfermedades que se curan con pocos euros y los kilómetros huyendo de desalmados. Y la falta de medios en un campo de refugiados desbordado. No: esto no es “nutricional”, ni “humanitario”. Esto es el dolor de un desgarro de las entrañas, es el sufrimiento en grado superlativo que clama al cielo.

ÁFRICA EL PAVOR HECHO HAMBRE Y SED. Y mientras, la noticia está en un indignado disconforme con el poco caso que hace la prensa a su pancarta pintada en un folio o en las lágrimas porque perdió mi equipo. Lo del Cuerno de África sobrepasa los términos de catástrofe o emergencia. África – los ojos grandes de ese niño abandonado a su muerte – es una patada en la cara de Dios para matarlo…Y que Él me perdone.

Si después de esto tienes algo postvacacional,  lo siento. Para curarse: mirar la foto al final del post y hacer un ingreso de los que se nota que cuestan; en este link encontrarás cómo hacerlo.

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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2 respuestas a Hambre de Comunicar Hambre

  1. Rodrigo dijo:

    Buenas tardes Jóse Ángel, me parece muy interesante tu blog.

    Saludos