Portavoz europeo, urgente

Urgente se necesita Portavoz Europeo. Interesados mandar curriculum a Bruselas acompañado de certificado de sensatez”. Este anuncio no se ha publicado, pero la actualidad refleja que siempre y sobre todo en la gestión de las crisis, la comunicación es espíritu altamente inflamable, de alta volatilidad, con muy bajo umbral de ignición y que requiere algo distinto a una más que brillante carrera financiera y política . Me explico.

Las últimas hazañas comunicativas de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE) son para estudiar en las escuelas de negocios y en las facultades de Comunicación: tenía que comparecer ante la prensa en el delicado momento en que las economías de varios países europeos sufren el embate de las olas especuladoras y las vías de agua de sus debilidades internas. Y compareció en esa rueda de prensa sin, al parecer, encomendarse a nadie.

Pues bien, lo más dulce que se puede decir es que mejor no lo hubiera hecho. Sus silencios, titubeos, reticencias, ambigüedades y juegos de adivinanzas -“no me sorprendería que antes de que termine esta rueda de prensa, viéramos algo en los mercados, no lo excluyo”- pusieron de los nervios económicos a todos los analistas que asistían al acto y a los que permanecían en sus despachos, algunos de ellos gobernantes europeos. La comparecencia de esta alta autoridad de anteayer, ponen ante nuestra vista el abismo que es capaz de crear en una institución una falta de estrategia comunicativa, una presentación defectuosa y los efectos de los silencios vacuos. El resultado inmediato fue que sobre las dudas preexistentes se abatió el temor irracional y las órdenes de venta inundaron los mercados provocando descensos pronunciados de los índices de referencia.

Hasta seis veces se le preguntó al presidente del BCE si iban a comprar deuda española e italiana y él se negó a responder otras tantas veces…

Cualquiera de nosotros, que haya tenido ante sí un público sabe de la importancia que tienen el lenguaje no verbal, construir bien el discurso y administrar con sabiduría los silencios. Todo esto, que tiene unos niveles de ordinaria administración en conferencias y presentaciones al uso, cobra una importancia extrema ante escenarios de crisis, económicas o de otros órdenes. (Aconsejo en sentido contrario positivo ver el vídeo de la comparecencia del 11S del entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani)

 

 

Sabemos que desde la propia credibilidad del compareciente, habiendo ensayado explícitamente preguntas y respuestas probables, quien pone su rostro y su voz a una institución debe estar preparado para callar sin sembrar dudas, ocultar sin mentir cuando aún es pronto para adelantar una acción y decir que no cuando es que no.

Sé que esta comparecencia del presidente del BCE es una anécdota en los momentos convulsos que vivimos. Pero es anécdota sólo hasta cierto punto. Los efectos – no queridos – de sus silencios y palabras han hecho perder mucho dinero a algunos. Pero es que, además, nos muestra los estragos que es capaz de irrogar – en combinación con otros factores, lo reconozco – una comunicación con mala estrategia y sin un único portavoz de fuste.

¿Unión Europea? Es posible. Pero lo de “Unión” debería llevara a armonizar con más consistencia las decisiones, coordinar con más aciertos la instituciones y a unificar mejor el lenguaje y los mensajes… y los silencios. Ayer un artículo de La Vanguardia (5 días que cambiaron el euro, Manel Pérez) se refiere a la quietud de Angela Merkel de los últimos días como “insoportable silencio”. A lo mejor. Pero, a lo mejor también, ha sido lo más sensato que cabía hacer ante la pajarera de una Europa hoy sin portavoz y, como sigan así, mañana sin voz. Esperemos que no, por el bien de la Marca Europa.

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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