Emociones

Están de moda. En el pensamiento de los divulgadores científicos, en las aulas de empresariales, en los escaparates de librerías y  hasta en los kioskos, la literatura sobre las emociones reclama nuestra atención.

El trasunto de esta fuerza expansiva es que la calidad de las relaciones y del construir convivencias esperanzadas depende en buena medida del modo en que gestionamos este factor vital.

En algunos artículos especialmente forofos de las emociones se llega, en mi opinión de modo algo exagerado, a contraponer – poner en contra, hacer enemigos – razón y emoción.

La razón tiene como objeto la verdad, en lo que ella misma se presta a ser conocida por el intelecto. La emoción no tiene como objeto directo conocer la verdad, aunque la supone. El objeto de la emoción está más en la belleza y en el sentido del bien. La ira, la compasión, el miedo, la ternura, el coraje dicen relación a algo que inspira a la acción – o a la inacción – por impulsos estéticos (bello/feo) o de resolución moral (bueno /malo), de intuición, si se quiere.

La mujer y el hombre encaran estas realidades de modos diferenciados, pero en una y otro la emoción está presente en lo que determinan hacer. Por lo que se conoce, esta presencia no es siempre consciente. ¿Por qué tiende aquel a comprarse ropa azul? ¿Por qué ella se inclina por la seda frente al lino? ¿Qué tiene ese vino blanco de Rueda que aquel otro prefiere sobre uno del Penedés? ¿Qué nos conmueve de esa nada llena de contenidos del dormir de un niño? ¿De donde nace la euforia al hacer hoyo en uno en ese par 3?

Al hilo de esta explosión divulgativa del mundo neurológico y del conocimiento sobre las emociones, me ha venido al recuerdo una mañana en el Edifico Central de mi Universidad en la que me aprendí de sus labios el comentario que me hacía D. Federico Suárez Verdaguer– sacerdote, historiador, escritos y “oidor” de personas y fino observador de la oculta realidad de la conducta humana – . “José Ángel – me decía con su voz confidente – antes de adoptar una decisión importante usa la razón hasta el final y luego no dejes de poner el corazón para llevarla a cabo con plenitud”.

Lejos del sentimentalismo siempre provisional y del racionalismo siempre insuficiente, es posible que intelecto y emoción, en una conciencia rectamente formada, logren resultados que van más allá que la simple suma de ambos. ¿Sinergia emocional? ¿Sinergia intelectual? Vida humana. Espíritu humano para cuya vivisección la ciencia carece de bisturí.

 

José Ángel Domínguez Calatayud

Etiquetas: , , .

Los comentarios están cerrados.