Presentaciones en Público. Soluciones (1)

Hay una gran variedad de obstáculos, pero los más comunes que afronta cualquier persona que quiere hacer Presentaciones en Público son dos: el sentido del ridículo y la inhabilidad para servir (falta del sentido de servicio). La gran ventaja es que ambas dificultades son superables, tienen solución.

De la falta  sentido de servicio, que es una dificultad poco evidente, hablaremos mañana. Hoy, como en las Sevillanas, vamos con primera.

El malestar que aparece como consecuencia del sentido del ridículo no está en el ADN de la presencia pública y de convivencia social, pero en España – no así, por ejemplo, en Argentina – es como una debilidad congénita, como el que nace con intolerancia a la lactosa o con Porfiria eritropoyética congénita. Dígale a un español o a una española que tiene que hacer el discurso en la cena fin de año o el saludo en la clausura de un acto académico o institucional y le ha dado usted un disgusto, del que procurará escabullirse. A esta debilidad por defecto se le opone el menos frecuente pecado por exceso: ese lanzarse a hablar en público sin vergüenza y sin preparación. Hemos visto casos dolorosos, muy dolorosos para los públicos políticos y televisivos.

No debemos confundir el sentido del ridículo con la fobia social (o ansiedad social), que un 2% de la población sufre y que tiene tratamiento especializado. Estos serían casos en los que se sufre un terror de alto riesgo cualquier presencia pública fuera de ámbitos familiares, ya que se teme una humillación tan improbable e irreal como desproporcionada. Los especialistas pueden ayudar con el tratamiento y ejercicios que ellos dominan.

Pero, para solucionar el sentido del ridículo tenemos que acudir a pequeñas metas de hablar en público, primero en pequeños eventos de reducido impacto, hasta ir creciendo a base de confirmar que nada terrible nos ha ocurrido. Es importante decirnos que podemos, porque es verdad que podemos. También ayuda, y mucho, el humor.

El antídoto del sentido del ridículo es el sentido del humor, químicamente puro que se presenta en distintos envases:

1.- Espejo del baño. A puerta cerrada y mirando tu rostro reflejado ríete de cualquier cosa que recuerde. Libera esa risa. Ponte un gorro de baño y lee, mirándote de vez en cuando tu imagen, un trozo del Quijote. ¿Ha pasado algo? ¡Pues claro que no! Lo único que ha ocurrido es que tu peor público – tú misma, tú mismo – te quiere más al ver que sabes pasarlo bien en plana lucha contra el miedo. Humor y humildad, ambos comienzan con “hum”.

2.- Ríete contando a familiares pequeñas anécdotas del día en que no quedaste muy bien, pero que no han supuesto un desastre y de las que, incluso, has sacado consecuencia positivas. Pon en positivo ese fracaso y celébralo: acabas de empezar a triunfar

3.- Trae a tu miedosa memoria los momentos felices – ¡alguno habrá! – cuando hablaste en familia y ante los amigos. Luego, recrea en tu mente esta idea: la presentación que tienes que hacer será ante un público que, si no es amigo al principio, al final reconocerá agradecido dos cosas: que dominabas el tema y que tú vale porque sirves.

Para valer hay que servir. Para servir hay que amar. Y nunca el verdadero amor es ridículo. Pero de eso hablamos mañana. ¿Te parece?

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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3 respuestas a Presentaciones en Público. Soluciones (1)

  1. Ramón Abella Monserrat dijo:

    Me ha gustado mucho José Angel. Mañana mismo haré practicas ante el espejo de mi cuarto de baño.

  2. Daniel Fdez de la Mela dijo:

    Qué razón tienes José Angel… Yo tengo un truco también relacionado con hablar en público y con el cuarto de baño; Me imagino que cada miembro del auditorio no esta sentado en una silla sino en un WC y de mágicamente la situación pierde gravedad y la voz comienza a fluir natural como la vida misma.
    Un abrazo y gracias por tus blogs

  3. José Ángel dijo:

    Gracias, Daniel: quizás incorpore tu sugerencia en alguna presentación de “Cómo hacer Presentaciones efectivas. Jajaja.
    Un abrazo,
    José Ángel