Corcovado: Estrategia de Imagen

Asistía la otra tarde, por segunda vez en dos días, a una conferencia del profesor Juan Arana. La primera me entusiasmó como a todos. Su sugerente título con interrogante “¿Pueden pensar las máquinas?” abría puertas a la imaginación y hacía soñar con futuros imposibles más allá de propio hombre.

La segunda conferencia trataba de la identidad personal y la identidad profesional, asunto sobre el que vuelvo cada poco porque está en el centro de la comunicación tanto personal como empresarial.

Sin un “quién soy” bien definido no tendré para mí mismo un nítido “cómo quiero que me vean” que pueda sintetizarse hasta la inmortalidad en una Marca conocida y, si es el caso, reconocida.

Personas y empresas buscan ser respetados por la grandeza, el bien o la belleza de sí mismos o de sus acciones. En el último siglo las ciudades trabajan también sobre su identidad y su imagen. Y hacen que su marca quede asociada a un monumento que les atraiga el aprecio universal.

Estos días cumple 80 años la estatua de poco más de 38 metros de altura y de 699 toneladas de peso, que representa a Cristo Redentor y se asoma con los brazos abiertos a la ciudad de Río de Janeiro desde la montaña del Corcovado, que puede ver desde el Atlántico todo visitante.

La famosa estatua comenzó a formar parte del paisaje de Brasil de forma oficial el 12 de octubre de 1931. Construida por Heitor da Silva Costa y el escultor franco-polaco Paul Landowski, costó 250.000 dólares en 1931 (unos 3 millones de dólares actuales). Se hizo con donaciones de los residentes de la que el alcalde de Río, Eduardo Paes, llamó “la ciudad más bonita del mundo”. Fue transportada a Brasil, desde Francia, en piezas y llevada por tren a la montaña de 700 metros de altura donde ahora permanece.

Paes dijo que la estatua y sus famosos brazos abiertos son “la bienvenida que se ofrece a aquellos que quieren visitarnos”. Gran oportunidad de la marca Río que además de la JMJ de 2013, también hospedará los Juegos Olímpicos de verano de 2016 y la World Cup de 2014.

Informa ZENIT de que los habitantes de Río y los turistas se han unido al cumpleaños, celebrando conciertos y vigilias en honor a su “joya” local, considerada desde 2007 como la Séptima Maravilla del mundo moderno.

A los pies de la estatua hay una pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora de
Aparecida
, que puede acoger a cien visitantes. El beato Juan Pablo II bendijo Río desde este sitio en 1980 y Benedicto XVI tiene programada una visita en 2013 durante las celebraciones de la 27º JMJ.

Es eficaz la ciudad brasileña al impulsar su estima internacional con el enaltecimiento de esos brazos acogedores que parecen querer regalarnos con el Pan de Azúcar los tesoros de paz de su Corazón.

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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