Golf y vida diaria (11. Elegir palo)

Tengo dicho en uno de mis primeros post que el mundo se divide básicamente en dos partes importantes: de un lado los que leen este Blog y de otro los que no leen este Blog nunca jamás. También dejé escrito que este segundo grupo, que me gustaría minoritario, tiene como Secretaria General a la mejor de todas las esposas, madre de mis hijos, que, ni en peligro de muerte lee, bajo ninguna razón, ninguno de mis post y que, en la práctica, me tiene prohibido que se los lea.

Esto me da la ventaja de que mis posibilidades de hablar de ella aquí se amplían hasta extremos insospechados. Así las cosas, no espero represalias si cuento aquí las dificultades que puede uno llegar a sufrir para llegar a tiempo a un cóctel, conferencia o cena de gala. ¿Cuál es problema? Sencillo: la elección de zapatos y complementos que acompañarán al hermoso vestido de Moschino que ya tenía apartado sobre la cama. Puedo asegurar que hay tragedias griegas más benignas con el temple humano que ver a mi querida esposa haciendo pruebas de zapatos, pendientes, collares y pañuelos que, en cualquier caso, pienso pasarán inadvertidos, eclipsados por la singular belleza de su propietaria. Después de comparaciones por pares y por separado, tras decenas de miradas oblicuas al espejo, termina preguntándome: “¿Qué te parece cariño?”, y sin esperar la respuesta, que claramente debe parecerle infundada sea la que sea, acaba por escoger los zapatos que se había probado en primer lugar, eso sí, ¡tres cuartos de hora antes!

Y es que la vida es como el golf ¿no creen?

Cuántas veces te ocurre que la bandera parece estar a distancia de un hierro 9, pero que si el viento, que si el bunker de la izquierda, que si la bola no se parará en el green, que si swing completo o medio swing: uno, que ya tenía el 9 en la mano, vuelve a la bolsa y saca el wedge e inicia algunos movimientos de ensayo. Mira al cielo. Hace volar unas briznas de hierba para calibrar fuerza y dirección del viento. ¿Qué hacer? ¿Cuál de los catorce de la bolsa es el buen palo para este golpe?

Pues, en esto, como en tantas tesituras de la vida, muchas veces no hay respuesta universalmente válida:

  • Coger un paraguas vistas las previsiones meteorológicas o exponerme, si no llueve, a una carga suplementaria que dejaré olvidada en cualquier paragüero.
  • Pedir la mano de aquella chica adinerada que me resulta fantástica, pero que tiene una familia para echarle de comer aparte o seguir a verlas venir.
  • Contratar a este “pieza” con gran curriculum ahora que empezamos a crecer o esperar mejor momento, con el riesgo de que entonces ya esté rindiendo en la competencia.
  • Dedicarme a lo que me apasiona y sé hacer de perlas – aunque ahora no es lo que más se paga – o sumergirme en ese puesto burocrático pero seguro.
  • Atender a mi esposa con una sonrisa mientras se prueba uno tras otros todos los complementos del armario o ir al ordenador a escribir un post.

Como en el caso real descrito más arriba, tantas veces la primera idea es la correcta. Los árboles de decisión, los sistemas de descifrado de opciones chocan y pierden frente a las buenas intuiciones (siempre que sean buenas). La razón es simple: la intuición es un juicio sumario que llega antes a la sentencia justa, a la solución efectiva, porque su luz es intensa y sintetiza toda la realidad, incluso los aleas.


Ella eligió con éxito la primera opción – los Farrutx abotinados y unas perfectas sencillas pulseras de oro – y yo volví al hierro 9; con un swing firme pero sereno clavé la bola a un metro de bandera, para embocar en el siguiente golpe. No está mal.

 

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

Etiquetas: , .

Los comentarios están cerrados.