Público electoral

El arte de hablar y hacer Presentaciones en Público interesa cada vez a más gente, consciente de que no basta tener la receta, sino que hay que entrar en la cocina, elaborar el plato y hacerlo atractivo a los sentidos.

Hoy me ha llamado la atención una noticia relativa a la campaña electoral previa a las votaciones del 22M según la cual “los datos demuestran que, mientras que el PSOE bajó una media de siete puntos en los comicios municipales respecto a 2007, donde Rubalcaba hizo campaña cayó nueve” (ABC, 03/101/2011).

Aunque es cierto que establecer relación entre causa y efecto en este caso no sea tan fácil (presencia de otros factores, candidatos con imagen deteriorada, esfuerzo local incisivo del adversario político) harían bien los jefes de campaña en analizar los perfiles de esta información. También tendrían que relacionarlos con los datos de intención de voto que, a seis semanas de las elecciones generales, empiezan a subrayar no sólo la ausencia de efecto Rubalcaba, sino que no consta un mensaje socialista único, coherente y agregativo en las presentaciones públicas.

El público electoral tiene mala memoria, pero alguna tiene. En España es firme seguidor de las siglas y es raro el trasvase: como en el fútbol, donde uno del Betis o del Barça podrá estar disgustado con su equipo, pero no se les ocurre –ni muerto – hacerse del Sevilla o del Real Madrid. Esto no impide, al contrario, que un forofo harto de mal juego o de engaños puede dejar ir al campo y un votante de toda la vida puede dejar de ir a buscar la urna.

Cuando se prescinde de la Marca (y hasta de la imagen, que hay que ver el olvido de la rosa, del puño y de la claudicación del color rojo que, para más inri se pasa al azul de su oponente), digo que si se deja de lado la Marca y el mensaje es el candidato, el público electoral es empujado a escudriñar en ese candidato, y lo hace para bien y para mal. Por eso:

1.- Mirará su cara y la confianza que inspira. Tengo un amigo que dice que cada vez se parece más a José Mota.

2.- Escuchará sus mensajes y los confrontará con sus hechos y con mensajes recientes.

3.- Observará el lenguaje corporal y los signos, entre los que se encuentran los cambios cromáticos en sus puestas en escena.

4.- Su historia reciente (logros, leyes, imagen pública) ha sido ya sopesada por el electorado – se trata de persona muy conocida – y no es fácil a estas alturas que modifique su huella en el imaginario del cuerpo electoral.

5.- Los mensajes ya vienen cargados de significados, pues hay una trayectoria política y una participación en labores de gobierno que no dejan margen creíble para la pirueta. De hecho, es probable que, para una parte del público electoral, muy maltratado, el castigo del 22M no haya sido bastante y, además, ha visto saltos mortales en los mensajes de este candidato: patrimonio, sí, pero este no, que lo dejo, pero que lo quitaré para poner otro impuesto; límite constitucional al gasto: tampoco, en un primer momento, pero ahora me han convencido…

Los jefes de campaña deberían estar echando humo con patinadas como el slalom del “yes, we can” (típico de vencedor convencido) al “no me voy a dejar ganar” (tópico del colista que se conforma con un empate). Y es que mensajes como éste el público electoral los asimila de olfato y los penaliza con la indiferencia el día E, de Elecciones.

Quedan días de tensión,  pero como canta Amaral que tanto gusta al candidato, “No quedan días de verano para pedirte perdón, para borrar del pasado el daño que te hice yo”.

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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