Tú eres tu mejor ayuda

Los lunes ves la semana por delante y te cuesta arrancar. A las cargas familiares –así las llamas – se añaden las incomodidades – así las denominas – de la ciudad, del tráfico y de la gente – así perfilas, a lo grueso, a las personas -. Y además ese trabajo difícil y tantas veces desmotivador.

Entre los modos de tratar en nuestro cerebro las realidades físicas y morales puede instalarse un procedimiento que, simplemente, acabará con uno: el retorno a la autocompasión. Puede escapársenos una queja alguna vez, ¡cómo no! Pero hay un sistema para que todo pite mejor y mejorando. Ese sistema, efectivamente, no es el autoengaño, ni decir que es blanco lo negro y que pintan espadas cuando la baza son los bastos.

El sistema es ir construyendo los “Poco a poco únicos”. Sí: poco a poco hacernos el regalo diario de decirnos con palabras – ¡por qué es verdad! – que ese hijo mío es un privilegio… al que hay que escuchar. Ese marido no es un zoquete al que sólo le interesa el fútbol  o la caza, o el ordenador (¡¡ese chisme!!), es un privilegio que me va escuchar tras haberle tratado con cariño. Esa esposa no es que sea pelma, es persistente y es un privilegio verle alcanzar metas. Esto de los “poco a poco únicos” funciona si uno se convence de que todo es único, que en cada realidad hay – tantas veces muy encerrado, ciertamente – un fondo de bien que tenemos que descifrar, como un sudoku o como la gran adivinanza de nuestra vida. También el valor de los bienes, de ese privilegio, se presenta arduo o implica corregir algo objetivamente malo o erróneo. Pero el final, el fondo es único, digno, admirable.

El trabajo se hará motivador si no buscamos que nos satisfaga sólo a nosotros y vemos poco a poco algún punto de hacerlo con algo mejor de calidad y viendo para quién es y sabiendo que ese “quien” es también un campo de nuestro poco a poco único.

Cuando los días se acerquen al otoño veremos el inmenso paisaje de seres únicos que nos rodean – incluso su buen aroma anidará en nuestro corazón – dando una paz grande. Tú eres tu ayuda para que el lunes sea una jornada de otra semana deseada por irrepetiblemente fructífera.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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2 respuestas a Tú eres tu mejor ayuda

  1. Ramón Abella Monserrat dijo:

    Me parece un enfoque de lo cotidiano de lo más motivador, sobre todo la idea que subyace
    del trabajo como servicio. ¡Qué bien nos vendría a los profesionales de la educación.

  2. José Ángel dijo:

    Gracias, amigo. Es cierto: en educación el servicio cuaja en abnegación.