Autoestima

Después de que me lo recomendaran mucho, Asistí ayer a la sesión “Cómo hablar siempre con eficacia” que imparte Ángel Lafuente Zorrilla, veterano profesional del periodismo y experimentando maestro de la oratoria pública y privada. Valió la pena. Valió mucho la pena, porque fue una manifestación de humanidad y comunicación de alto nivel. No alto por subido y difícil, sino por exactamente lo contrario: por cercano y útil sin pérdida de las raíces humanas.

Obviamente, para los speakers y quienes profesionalmente nos dedicamos a asesorar sobre Presentaciones en Público hechas con calidad, Lafuente Zorrilla es, perdón por la gracia fácil, LA FUENTE donde volver muchas veces. Sus apuntes los repasaré esta tarde en el AVE.

Pero hay algo que le ocupó completa la primera de las ocho horas de su intervención (a cuerpo descubierto toda ella y sin papeles ni atril), hay algo, digo, que me tiene pensando en estas horas: el miedo escénico que padecen muchos y otros justifican, él anima a combatirlo mediante una sólida base de autoestima. “Quiérete -venía a decir a cada uno de los doscientos asistentes-, quiérete mucho, para ganar en seguridad”.

Pienso que tiene razón y el único riesgo que veo a su insistencia es el que, en algún caso, seguramente con la mejor intención, nos queramos como algunas mamás quieren a su niño mimado, como algunas mujeres maltratadas aman con amor mal orientado. Quiero decir, que cuando nos amamos a nosotros mismos tenemos que saber que no se trata de disculparnos y autojustificarnos para autoestimarnos.

Lafuente Zorrilla fue bien explícito invitando a que nos conociéramos y nos perdonásemos a nosotros mismos esas pasiones – sí: pasiones e inclinaciones bajas -, que nos hacen inseguros y nos impiden hablar en público con soltura. Sí: él invitaba a asomarse al brocal de ese pozo, conocer esas malolientes fuerzas y, al reconocerlas, arrepentirnos para perdonarnos y recomenzar la propia estima con poderío.

Estoy convencido de que nuestro conferenciante de ayer coincidirá conmigo cuando afirmo que no puedo entender como autoestima lo que por ahí venden algunos, es decir el pacto con la mediocridad y menos la rendición ante la miseria propia. Porque como decía él ayer, como “cuanto más me quiero, más humilde soy”, mejor andaré en verdad para reconocer mi yerro y corregir para estar más feliz y hacer felices a los demás con mi más que justificada autoestima.

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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