Neo-puritanos vs Mario Draghi

“Mario Draghi spericolato: guida telefonando e senza cintura!

Il governatore Bce colto in flagrante: inflessibile su mercati e finanza, “elastico” sul codice della strada.” OGGI, Giovedì 12 Gennaio 2012).

El titular y la foto invitan a cierta reflexión breve:

Padecemos un extravagante neo-puritanismo, donde se perdonan, y aún celebran, las relaciones genitales más abyectas, las más precoces infidelidades y las perversiones esnifadas, pero que se sobresalta histérico si te coge fumando en una estación de tren, conduciendo sin cinturón o hablando por celular mientras se conduce. Te está permitido cargarte la fama, el honor y la carrera de un ministro con un rumor infundado, pero es impensable que enciendas un cigarrillo al aire libre cerca de una escuela.

Si fuera solo hipocresía podría solucionarse. Muchos fariseos acabaron reconociendo la Verdad, condición previa para abrazarla. Si fuera solo que miran por nuestro bien podría disculparse,  aunque ya Oscar Wilde, en Un marido ideal, nos alertó contra esa amenaza: “la filantropía me parece que ahora es simplemente el refugio de la gente que desea molestar a los demás“.

A salvo el candor de mis altruistas preferidos, lo de perseguir al fumador, utilizador de móvil y absentista del cinturón, cuando a la vez y con mayor ahínco se desprecia la piedad y se da la espalda a la compasión o a los penosos resultados académicos de nuestros estudiantes, me parece un cínico ejercicio de neo-puritanismo materialista, una sustitución de uan moral cierta por una cierta pose de humanitarismo de bajura.

Mi admirado Mario Draghi ha sido sorprendido en flagrante infracción de tráfico y le pueden caer 610 euros de multa  y la pérdida de 1o puntos del carnet de conducir. Además sufrirá la consabida pena de “telegiornale” y los días de trabajo forzado, es decir, miradas oblicuas de colegas y colaboradores cada vez que asome su cara por la Eurotower en Frankfurt em Main (Alemania) sede de Banco Central Europeo donde tiene la oficina. Esperemos, por lo menos, que no le echen del trabajo.

Lo cierto es que, en mi caso y en mi casa (y en las casas de mis hijos con hipoteca), nos cae de maravilla Mario Draghi, que bajó medio punto el euribor según tomaba asiento en su despacho y se forró a dar órdenes de compra de Deuda Soberana del Reino de España para que mi patria no fuese señalada con un gesto feo por las agencias de calificación crediticia y dañase a la prima de riesgo.

Señalo para terminar que si ha sido posible captar la imagen de mi admirado Sr. Draghi  por las calles de Roma ha sido porque se han cumplido a la vez tres condiciones, a saber: estaba en su sitio, Roma y no en Barbados; estaba despierto, no dormido en una poltrona y, ¡atención!, era él mismo quien estaba al volante, y no un chófer. A ver cuantos  neo-puritanos, responsables de la cosa pública cumplen al menos, y simultáneamente, dos de esas tres condiciones.

José Ángel Domínguez Calatayud

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