¿Debió comparecer Rajoy?

Estaba esta tarde en una tertulia inteligente. No abundan, así que trato de aprovecharlas, escuchar y aprender. Entre los temas tratados, los de actualidad han tenido – ¡qué remedio! – su lugar y entre ellos de la comunicación. Más bien la falta de comunicación del actual presidente del Gobierno del Reino de España. Pensando en esto llegaba a casa y, con la ayuda delWashington Post (10/01/2012) y de mis amigos dibujantes de Cómic (Mastroinni & Hart; Bizarro y Weigartens & Clark), intentaba diseccionar este avatar comunicativo. Estas son mis conclusiones:

 

 

Como es conocido, el pasado jueves hubo Consejo de Ministros y en él se anunciaron medidas económicas y fiscales, necesarias para unos, excesivas para otros, sorprendentes por su contundencia para la generalidad. En la opinión pública se ha censurado el que sea la vicepresidenta del Gobierno y no su máximo representante quien comunicara el sentido y oportunidad de esa acción gubernamental, que afecta vía impuestos a millones de españoles. ¿Debió ser el  presidente Rajoy quien informara o era bastante con la número 2? Por la espalda de los veteranos se ha paseado el helador el escalofrío del Fantasma de la Comunicación Pasada.

 

 

Aquí hay que distinguir dos momentos y dos planos que en su intersección armonizada darían el quién debe informar de qué,  para quién y cuándo. Un plano es el de la estricta conveniencia política que aspira a conservar el poder una vez obtenido para servir a los compatriotas. El otro plano es de la composición de la Opinión Pública a partir de los In-puts que le llegan.

Desde Moncloa, sede del Gobierno,  habrán tenido que valorar si son previsibles más medidas sorprendentes que acechen a la renta disponible de los ciudadanos. Si no hay más o no son sorprendentes o no son tan lesivas para los ciudadanos, el horizonte político tenderá a desdibujar, donde lo hubiere, el agravio.

En el Plano de la Opinión Pública, no es dato menor el que nuestro presidente presenta para los analistas algunos deficits comunicativos (Financial Times le calificó de “pesadilla para sus responsables de imagen“). Su porte socrático, sin duda beneficioso para ganar oposiciones o dirigir un gabinete, no es el ideal para ganarse el público a base de darle digustos por la parte de la cartera o de los ahorros.

 

 

La línea actual de intersección de la política y la Oponión Pública,  facilita todavía margen para, a mi entender, seguir administrando con cuentagotas las comparecencias y cuando las grandes medidas esperadas (reforma financiera, nueva regulación laboral, incentivos para el resurgimiento económico) estén cocinadas, sea el presidente quien comparezca. Esa comparecencia debe realizarse solemne,  con una adecuada mise en scene, a ser posible con apoyos sociales, a ser posible con lenguaje y estilos pedagógicos y a ser posible con medios visuales. Estamos en una Sociedad de Pantallas. Pobre, pero de pantallas.  Y la comunicación, como el surf en Guecho demanda saber negociar cada ola de cada playa.

José Ángel Domínguez Calatayud

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