Alfonso Nieto, comunicador

Si dedico mis días a escribir se lo debo a un puñado apretado de personas que me metieron por estos mares: él fue un de los más decisivos. Muchas veces hablé con él por el Campus en mis tiempos de estudiante y una mañana, pasados los años, pude abrazarlo de nuevo.

Seguramente aquel día, un día de frío pamplonés, Alfonso Nieto, hubiera comido la mar de bien en su casa o con alguna personalidad. Era en aquel momento Rector de la Universidad y quiso adherirse a nuestra reunión y participar en ella. El grupo lo componíamos unos cuantos responsables de Comunicación de una multinacional francesa que celebrábamos una jornada de trabajo en la Universidad de Navarra, como otras veces la habíamos hecho en otros espacios de interés periodístico o informativo.

Justo antes de comer, nos dirigió unas palabras. No eran faena de aliño ni un cumplir con una cortesía. Traía escrito lo que quería decirnos y puso en comunicarlo el alma de quién quiere a quien le escucha y desea dar un buen servicio, de mensaje atrayente. Mis colegas de otros centros, fábricas y direcciones staff me lo hicieron notar, sabedores de que yo era antiguo alumno de Navarra: ¡qué bien ha estado!

Más que al Rector escuchábamos al catedrático de Empresa Periodística que desgranaba los elementos de la comunicación como poder. Pero más que al catedrático, escuchábamos la confidencia del colega de profesión que quiere compartir con unos iguales sus puntos de vista sobre valores necesarios en la empresa y, sobre todo, en la empresa de comunicación; virtudes como la magnanimidad o la afabilidad, la amabilidad o la justicia y la abnegación. Pero todavía, según avanzaba su medido discurso, más que al Rector, más que al catedrático o más que al colega, sentíamos al amigo que deja que la sonrisa y la calidez de su tono hagan olvidar las prisas. Solamente estaba  para nosotros.

Podía haberse marchado, pero nos dedicó sereno su tiempo intenso, como diciendo sin palabras que los puestos de responsabilidad están para cubrirse de servicio hasta el borde: sea el destinatario un rey, un claustro o un grupo de comunicadores de empresa.

Después, hasta su tránsito hoy mismo, durante años ha seguido facilitando su sabiduría y escucha entrañable al amplio mundo de comunicadores, muchos de los cuales, alumnos suyos, notan ahora un sentido de orfandad, necesariamente leve, pues se sabe, que más allá de toda frontera, habita el firmamento de la Bondad que no termina. Desde allí, otorgará su propia protección a los buscadores y difusores de la verdad. Alfonso no ha muerto, ha cambiado de Cátedra.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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3 respuestas a Alfonso Nieto, comunicador

  1. Ramón Abella Monserrat dijo:

    Me ha gustado mucho tu comentario sobre Alfonso Nieto, verdaderamante lo has “fotografiado” magistralmente.

  2. José Ángel dijo:

    Guardamos todos un recuerdo muy entrañable del profesor. Se están escribiendo cosas muy hermosas de él.

  3. Te felicito realmente por tu blog, siempre que lo visito encuentro información interesante.