Comunicación ¿bálsamo o generatriz?

Asistí la otra tarde a una sesión de un prestigiosa escuela de negocios que, finalmente, resultó ser, más que nada, la presentación de un libro sobre materia de factor humano o comportamiento humano en la organización o como quiera que se llame ahora.

Seguí con interés tanto la presentación como la exposición del ponente y pude calificar con notable el conjunto:  ahí había trabajo y razonamientos.

Pero hay algo que pervive en las escuelas españolas de negocios y es la ignorancia, mejor preterición, del papel de la comunicación en las organizaciones.

Se mueven en un abanico de valoraciones no muy amplio: hay posturas que tratan a la comunicación en la empresa como simple información, traspaso de datos para el trabajo (Peter Drucker decía que la comunicación es aportar “datos útiles para la tarea”); para otros, menos estrategas, viene a ser la tabla de salvación cuando ya no hay salvación (entre otros motivos, porque quienes así se comportan no establecieron un plan de contingencias practicable y los aspavientos improvisados sólo para contingencias, por lo común surten en los públicos el efecto contrario al pretendido); para otros en fin, Comunicación es la dama de compañía de las acciones de Recursos Humanos (Comunicación Interna) o la top model que sirve para vestir la última creación de los chicos de Marketing y Publicidad (Comunicación Externa).

Lo cierto es que, en puridad, no hay tal división entre Comunicación Interna y Externa, que si bien es útil a los efectos expositivos y didácticos, resulta de consecuencias demoledoras cuando se instala en las cabezas rectoras de las escuelas de negocios, en las mentes de los CEO y en los libros de autores de Management.

El ejemplo del conferenciante-autor del otro día es paradigmático. Implícitamente afín a la opción de “dama de compañía”, ironizó sobre el abuso del término comunicación dentro de un binomio motivación-comunicación, que en sus diapositivas aparecía sólo con la primera sílaba de cada término, para componer el acrónimo mo-co, gráfica remisión al “humor espeso y pegajoso que fluye por las ventanas de la nariz”, que en algún espíritu produjo cierta hilaridad.

Es cierto que en materia de gestión de competencias directivas se ha acudido muchas veces a dejarlo todo a la motivación y a la comunicación, entendida está en los insuficientes términos mencionados arriba.

Pero esta reducción, esta depreciación de la Comunicación en escuelas de negocios y en empresas es perjudicial para los objetivos de las entidades de emprendimiento, para las instituciones y aun para las personas, sobre todo porque no se ajusta a la realidad. Una estrategia con el foco averiado es una apuesta firme por el error.

En Estrategia de Comunicación enfocada, ésta abarca desde la concepción de los objetivos y su formulación hasta la postventa, mientras atraviesa todas las actividades de la empresa. El pensamiento es ya palabra auto-comunicada y es la primera comunicación que convertirá la mecánica de un cerebro en energía para electrificar y llenar de calor y luz la organización, es decir el corazón y la cabeza de las personas.

José Ángel Domínguez Calatayud

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