Imágenes de un bisiesto

Eran los Oscar. Era la madrugada del domingo al lunes en Europa. En el escenario del todavía Teatro Kodak el maestro Billy Crystal bromeaba: “ahora la gente ve las películas en el móvil, pero yo prefiero la pantalla grande: el iPad

Después, era lunes y era martes y en Barcelona se celebraba el WMC, Congreso Mundial de Móviles, o lo que es lo mismo, la summit de las pantallas en la mano y sin cables, donde toda imagen parece hacerse cercana y familiar: manejable.

 

Después ya era ayer y es hoy, cuando aún veo la cara inocente y bellísima de mi niña pequeña, mi ahijada, que sonreía  – perlas verdes en el iris – pese a su sufrimiento con la boca llagada por un virus invernal que no la deja dormir ni a ella ni sus padres.

Me sumergí en aquellos ojos y supe – sí, supe otra vez – que el futuro no será como era, que la vida, como “The Artist” necesita relectura. Jean Dujardin, Óscar en mano, hace la suya: “para mí no es una película muda”.

El mundo que nos ha tocado vivir no está callado y en sus imágenes, incluso en el gran barullo del griterío vespertino, algo nos dicen las formas y los perfiles.

El asunto, ya tratemos de los hermosos ojos doloridos de un bebé, de rostros en un terminal smartphone o en un fundido en el cine, es que las imágenes se nos dan sin un código, que debemos buscar una y otra vez y añadirlo como un 29 de febrero de nuestra vida bisiesta, so riesgo de que se nos pase el presente – mudable por esencia – sin haber comprendido lo básico.

No somos Merlín, no somos profetas: somos gente normal llamada a dominar la tierra y sus palabras y sus imágenes, las cuales se nos presentan totalmente cifradas: reclaman para llegar a su fondo, para darle sentido y proyección, un poco, sólo un poco de humildad y dos ratos de silencio.

El riesgo de no hacerlo es quedar apresado en el instante, en el último cachivache, en el acorde final de una bella canción de la que olvidamos su armonía, como olvidamos la reflexión, el aroma amado, la compasión y la metáfora de amor divino en que consiste cada vida que puebla el planeta azul… y a veces verde como ojos inocentes.

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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2 respuestas a Imágenes de un bisiesto

  1. Isabel María dijo:

    ¡Cuánta belleza por descubrir!
    Gracias, José Ángel.

  2. Gracias a ti, amiga: te tenemos presente