San Valentín, Patrono de los Enamorados

Se celebra hoy, principalmente en Europa y América, el día de los enamorados, coincidiendo con el día de un santo presbítero y mártir de nombre Valentín.

Cómo se llegó a esta vinculación entre san Valentín y los enamorados no está del todo claro, como no lo están tantas costumbres sobre las que a la realidad se une la piadosa tradición, cuando no la leyenda.

Lo cierto es que san Valentín, fue juzgado por blasfemo contra los dioses romanos por orden del emperador Claudio II, pese a que le había escuchado con agrado, pero temió quedar mal y lo entregó a la justicia. Se ha escrito sobre cómo ante Asterio, teniente del prefecto que lo interrogaba, invocó a Cristo, “la única luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”. Asterio tenía una hija ciega desde hacía dos años y retó al santo a que esa luz volviera a los ojos de esa hija, San Valentín oró con fe cuando le trajeron la niña y ésta recuperó la vista, lo que hizo que el teniente del prefecto se arrojara a sus pies, recibiera la fe y toda su familia con él le bautismo.

En tiempos del papa Julio I, sigo IV, se erigió en la entrada de Roma, junto a la Puerta Flaminia, cerca de donde fue martirizado en año 270 San Valentín, una  Basílica y quienes entraban a la Ciudad Eterna por esta puerta, en las peregrinaciones primaverales de los siglos posteriores, es probable que se llevasen un recuerdo del santo y comenzara así una devoción asociada al amor que ya apunta en la primavera.

Las celebraciones al amor de este día me parecen actuales, si les quitamos el sobrepeso de consumismo y le limpiamos el maquillaje de la superficialidad. Amar un hombre a una mujer y una mujer a un hombre para crecer ellos como personas formando una sola carne por medio del matrimonio, y recibiendo y educando luego los hijos que Dios pone en sus manos, es una aventura maravillosa que ocupa y enriquece toda una vida.

Sin embargo algunas notas sombrías quitan luz a esta hermosura. Comprando el traje de novia de una de mis hijas, una dependienta de aquella firma, entre risas, comentaba que algunas están todavía pagando plazos del vestido nupcial cuando llevan ya meses divorciadas. No me pareció gracioso, porque banalizar el matrimonio y tomarse a broma la unidad e indisolubilidad de este compromiso quiebra la propia integridad de los propios contrayentes y hace que se difunda un mentalidad en la que la total donación personal se convierte en poco más que un alquiler de cuerpos. Puede sonar duro, pero a este extremo se llega cuando se ha creado el lugar común que más daño esta haciendo a la sociedad: la idea,  la frase de que “tiene derecho a rehacer su vida”. Nada se rehace cuando se corrompe la palabra dada.

La luz es algo que, como el teniente Asterio podemos pedir hoy a san Valentín, para que se acabe la frivolidad y aumente el conocimiento de las bellezas de un noviazgo y un matrimonio de personas fieles el uno al otro y ambos a la Naturaleza. El divorcio no es una solución, “porque al principio no fue así…” Convencidos de ello, claro que se puede regalar una medalla, una flor o un libro, según las tradiciones y gustos de cada cuál.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

Nota: el texto anterior pudo escucharse con mi voz a las 13:57 horas de ayer, 14/02/2001, en el espacio “La palabra que queda” de la cadena COPE (Sevilla). Su reproducción aquí se justifica por brindar su lectura a quienes, habituales de estas aportaciones, no escucharon el citado programa, radiofónico.JADC

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