Cuando comunicar no es la prioridad

Madrid, 17 abr (EFE).- El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ha señalado hoy que la prioridad del Gobierno no es la comunicación sino “hacer lo que hay que hacer” para sacar al país de la crisis. Preguntado si cree que el Gobierno ha comunicado bien las reformas puestas en marcha, Ruiz-Gallardón ha contestado en el transcurso de un desayuno informativo que si “alguien” apunta que el Ejecutivo tiene que mejorar su comunicación “trabajará en ese sentido”, pero ha subrayado que “no es la prioridad, la prioridad es hacer lo que tenemos que hacer“.

Espléndida la exposición de la noticia de la Agencia EFE, reproducida por varios medios, y que deja patente qué piensa el gobierno de la Comunicación. Desde luego, se trata del ministro de Justicia que, si bien no es el responsable directo de la imagen pública del Gobierno, si tiene una ejecutoria de servicio público y sabe, sobre todo por experiencia, lo que la comunicación es para la instituciones públicas. De hecho, un compañero del oficio de comunicar y que ha trabajado en mejorar la comunicabilidad del Ruiz- Gallardón, me contaba hace ya meses de los progresos que hacía el político. Coincido con mi compañero.

Sin embargo esto no evita que diagnostique en la visión que el mandatario tiene de la Comunicación la Dolencia del Poder, que afecta a quien se llega a posiciones de dominio, no sólo en política, sino también en investigación y docencia (Escuelas de Negocio) y en el ámbito empresarial, entre otros.

En síntesis la  Dolencia del Poder es esa enfermedad de la Estrategia consistente en elaborar pensamientos, concretar objetivos, diseñar programas y aun ordenar planes y “hacer lo que hay que hacer” sin ocuparse de la Comunicación hasta que se acuerdan de que toda esa actividad estratégica se hace en un caldo llamado Sociedad en la que participan, de manera muchas veces determinante, otros protagonistas para quienes comunicarse es un modo de vivir, también cuando lo hacen de manera no consciente, como el respirar en la fisiología de los mamíferos.

Esta Estrategia, inicialmente sin Comunicación es, paradójica, pero precisamente, muy comunicativa: Gallardón, el resto de miembros del Gobierno y de líderes sociales están diciendo cosas hasta con su silencio. Pero como además no todos están callados, transcienden a la opinión pública palabras cargadas de ideología (recorte, austeridad, subvención) y silencios cargados de intención (el mismo ministro al no mencionar los crímenes de especial crueldad y ensañamiento a la hora de referirse a la pena de cana perpetua revisable), finalmente los ciudadanos y ciudadanas, su público, acaban por tener una idea que puede cristalizar en estado de opinión difícilmente revisable.

En el campo de lo públicos exteriores es dramático confirmar – como revela El Confidencial – la existencia de “algunos escandalosos informes internacionales que están circulando y que llegan a altas instancias económicas del mundo”, esas instancias que desconozco si tienen sobre la mesa también el informe de nuestros poderes –informe fiable, atractivamente preparado y competentemente redactado – que anule o al menos desvirtúe la toxicidad de las comunicaciones nocivas y falsas.

Hacer lo que hay que hacer” es una magnífica pieza del puzle de la comunicación, pero si no quieren que su estrategia se venga abajo antes de rendir frutos, pongan en su mesa, desde el primer minuto  y en todo el desarrollo una dosis profesionalizada de Comunicación estratégica.

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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