No encontramos gente ordinaria

“We meet no ordinary people in our lives.” ― C.S. Lewis [SO true!]”, tuiteaba ayer Mary Smith (Social Media Thought Leader, Consultant, Speaker. Autora de ‘The New Relationship Marketing’).

Ciertamente puede parecernos que la superficie de la tierra está poblada por humanos, seres vulgares, sin relieve y sin nada en ellos que merezca atención. Eso los terrícolas lejanos. Pero también entre los que se rozan con nosotros en la ciudad, se suben a los mismo ascensores o cruzan por los mismos semáforos, nada nos indica que estemos antes seres excepcionales. Nada digo de los personajes que pueblan la política, los ecos sociales, de costumbres y relaciones cuando asoman por la televisión. Todo es vulgaridad, poca altura cuando no vaciedad o,  aún peor, putrefacción y espíritus ya corrompidos o en las fauces de su propia destrucción. Nada, rodeado de nada y por dentro menos que nada.

Todo esto, sin embargo, ¿No está más en nuestros ojos que en la realidad? O, dicho de otro modo ¿qué y cómo encontrar caminos de belleza y recuperación para una generación cuyo destino es la Eternidad?

Lo primero que quiero escribir es que una vez D. Pedro Rodríguez, sacerdote y pintor, hoy, me parece, residente en Cádiz, venía a mi lado en el coche; yo conducía y él iba en el asiento del copiloto. Parecía absorto, plácidamente absorto, cuando el vehículo dejaba atrás la plaza de Cuba de Sevilla y atravesaba el río  Guadalquivir por el Puente de San Telmo. De pronto, mirando los árboles de los Jardines del Cristina, me dijo:

.- ¿Te has fijado en la diversidad de verdes de este parque?

Yo no había observado nada de eso, ni recuerdo siquiera si había prestado atención a la existencia de árboles, mientras conducía pensando quizás en las musarañas.

Pero guardo la pregunta en mi almario como un recurso para resituarme en la realidad. ¡Cuántas veces no apreciamos algo simplemente porque no hemos mirado ni siquiera su superficie!

Lo segundo que me viene a la cabeza es una confidencia que recibí del Presidente Director General de una empresa española de automoción, cuando me hizo considerar que un alto directivo es un pobre hombre si no es capaz de ver que si ocupa un puesto de reconocimiento social, se debe a que recibió mucho y a que estaba en el lugar preciso en un momento óptimo.

Y finalmente al pensar en tantas situaciones de abyección, recuerdo una idea que está en varios sabios y que yo escuche al Dr. Aquilino Polaino, experto en Psiquiatría, con horas y horas de consulta de personalidades de todo tipo, sumergidas algunas en dificultades que echarían para atrás a espíritus menos resistentes. El doctor reconocía que hasta en el más degradado de los seres humanos late un alma capaz de de albergar la máxima dignidad que es debida a un ser vivo.

Cuesta pensar en que merezca reverencia todo ser humano, precisamente por una luz que no se la puso él, pero que es capaz de guiarle más lato que las estrellas. Sí, C. S. Lewis tenía razón, no es ordinaria la gente que nos encontramos, si sabemos mirarla con ojos de extraordinario aprecio.

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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