Rescatar a España de sus demonios

Cuando escribo estas líneas, el bono español se paga a un 6%, la prima de riesgo supera los 430 puntos básicos y la Bolsa reacciona con subidas el 0’64%, tras el costalazo sufrido ayer, el segundo más lesivo del año. Los temblores se unen a los tambores que presagian la necesidad de rescate para España, porque estiman algunos que está cerca el momento en el que el Estado se verá incapaz de cumplir sus compromisos y devolver los préstamos recibidos del exterior para sobrellevar financieramente la crítica situación económica. El Gobierno calla. “El músculo duerme, la afición descansa”. ¿Toda? No, despiertos están los que de verdad tienen secuestrada a la nación.

Mientras, como un epítome del paisaje social, como un retrato costumbrista o resumen de nuestra intrahistoria, las crónicas nos dan cuenta del españolísimo accidente de Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, hijo de SAR la Infanta Elena y nieto de S.M. el Rey de España, que se repone de un tiro que él mismo se propino en el pie derecho.

Este tiro en el pie derecho – me da igual el izquierdo – dibuja la parábola de un país que necesita de sus mejores ángeles para rescatarla de una larga lista de demonios infiltrados desde hace mucho en los pasadizos de su prevenir, en los salones de su estar y en las plazas de su devenir.

Antes de nada me gustaría decir que humildemente pienso que es posible, porque es necesario. También es urgente, pero sobre todo es eso: necesario, para hacerlo ya, desde ahora y con esfuerzo sostenido, que será todo lo poco meridional que se quiera, pero que España ha sabido hacerlo.

Aunque la lista sea larga y algún diablo huya de los focos estos son algunos de los que retienen el despegue y vuelo alto y majestuoso de España.

1.- El diablo Ciego que nos oculta la posibilidad de salir adelante, poniéndonos ante los ojos las dificultades y penas y ocultando la dicha y el mérito de la meta común.

2.- El diablo de la Mano Vuelta, pidiendo, que empuja a esperar recibir de quien ahora está para que le demos: España.

3.- El diablo de Caín que disfruta mientras desea con cierta intensidad el mal del oponente –literalmente que sufra –más que el bien común del de todos nosotros.

4.- El demonio del Lose-Lose: que aherroja el valor de la concordia e instaura el afán de que pierda el adversario, incluso si pierdo yo, lo que encierra, a su vez, más estupidez que maldad.

5.- El satanás Alicorto que mete a sus victimas en la celda de Sueño Corto: pequeñas y cutres fantasías de dos noches, lejos de la dignidad de la mujeres y hombres de esta sociedad. Por ejemplo, la lotería no es suficiente sueño para tan gran señor como puede ser cada español.

6.- El pestilente servidor de la Muerte,  que lleva al espíritu autodestructivo de dirigentes y al morbo subsiguiente en los dirigidos. Sus víctimas preferidas las encuentra en los nacionalismos excluyentes y en los creadores de opiniones para el odio.

7.- El maligno de la Cartera Llena: que hace fiarse de la impunidad en la corrupción, si tienes las claves para evitar los barrotes. Por clave puede valer el número de teléfono del poder.

8.- El sabio demonio Sordomudo, que consigue que sea escasa y deficiente la comunicación, incluso entre la profusión de escritos, imágenes y audios. Su objetivo es que se piense que la verdad no existe o, al menos que hay muchas verdades y que, en todo caso, tampoco merece el esfuerzo de investigarla, acogerla y difundirla. Para el diablo sordomudo no hay mejor incomunicación que una inundación de comunicaciones perversamente elaboradas: así no hay espacio relevante para una Comunicación donde el nosotros tire para arriba de cada yo individual.

9.- El demonio Malpensado cuya misión es provocar el ninguneo del que tiene éxito en el exterior, despreciar – no apreciar – su carrera dura para llegar tan alto y, sobretodo, maltratarlo con envidia en los comentarios sectarios.

10.- El gran Urdidor del desaliento, hermano de la pereza, primo del miedo, y heredero del diablo chamán del Chivo Expiatorio, que ha conseguido implantar en amplias capas sociales el criterio de que no se puede hacer nada y si algo se puede hacer otro tenía que haberlo hecho y por su culpa estamos así.

No me he levantado pesimista pues tenemos todos la lista de las soluciones empezando porque cada uno tiene su alma en su almario. La llave es nuestra como la conciencia. Españolas y españoles: ¡al rescate!

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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