Sevilla: compras primaverales

Sevilla tiene dos temporadas principales de compras: la Navidad y los días de su corta primavera.

En Navidad, ya se sabe, los destinatarios principales del gasto son los niños, en muchos casos víctimas triunfadoras de una mentalidad de hambres generacionales donde los padres, los varones quiero decir, incurren en el error de educación que está en todos los manuales. Suelen pensar y decir eso de que “el niño tenga lo que yo no tuve” y ahí van carros y carretas de juguetes electrónicos, bicis, y hasta motos si me apuran, bajo el lema dicho: que mi niño tenga lo que yo quise y nunca tuve, sin pensar que con esa mentalidad arrebatan al niño, a veces, lo más valioso que tuvieron: una infancia vivida en familia y no pegado a cachivaches.

Pero ahora, oliendo a azahar las compras son para los mayores y más que nada para ella. Son días de estreno, donde se estira la bolsa, se rompe la hucha o se tira de cartilla para estar guapa, más guapa que antes si es posible.

Mientras en invierno los escenarios más concurridos eran los grandes almacenes, las jugueterías de Cuervas o las estanterías de Game, en estos días de abril el corte y confección, las tiendas de trajes de flamenca y de complementos se llevan la palma.

Todavía es pronto para calcular, pero seguro que Galerías Madrid, Puente y Pellón, los establecimientos de Don Regalón y la red informal del pequeño comercio de pendientes, zarcillos, peinas, peinetas, mantoncillos, pulseras y pasacintas están en su agosto primaveral poniendo de color a las sevillanas, que hasta los lunares son blancos porque palidecen frente a tanta brillantez y belleza.

Y hacen muy bien las sevillanas en este familiar y atractivo coqueteo con las flores, porque un volar de volantes sobrevuela el vuelo a ras de las almas desalentadas, derramando sobre ellas una lluvia de pétalos de esperanzas, risas y coplas. Que nos hacen falta, que sí; sin pasarse, pero un guiño al mal fario nadie lo hace mejor que una pareja – sevillano y sevillana –  bien vestidos los dos para gustarse y hacer un pase de pecho a la adversidad.

Estas mañanas y tardes son encantadoras entre el pensar que me pongo, dónde lo venden, quien me lo cose y la inquietud de cómo me sentará. Y sí le gustará a él y, también, si le gustará a ella esta corbata que estreno con azules añil y su pañuelo de bolsillo a juego. Y hay barrios y colegios y fundaciones que montan sus desfiles de modelos para sacar unas perras y cuadrar presupuestos, que en Sevilla más que cuadrar se redondean para terminar con algunas bolsas de más y algunos pesares de menos, pues pronto, en unos días, esto estará a reventar de vecinos, familia, amigos y foráneos con los que brindaremos, aunque sólo sea un fino en el bar de la esquina. Porque por mal que vengan dadas – y vienen como dardos envenenados – la luz del aire y la amistad sincera ni se rescatan ni se expropian. Ellas, amistad y luz, alimentan las sonrisas humildes y el abrazo del alma.

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

Nota: el texto anterior pudo escucharse leído por mí ayer,12 de abril de 2012, a las 13:25,  en COPE Sevilla, dentro el espacio “La palabra que queda”.

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