Refugio de gloria y honor

 “Well I knew
What Ididn’t want to know
And I saw
Where I didn’t want to go
So I took the path lesss traveled on
And i’ll let my stories be whispered
When I’m gone…” (As it seems, LILY KERSHAW)
 

 Cuando desde dentro de sí mismos los comunicadores y sus medios se comprometen con la verdad, incluso si piensan que es tan grande que les desborda, entonces, si no claudican y trabajan para buscarla, para conocerla, para interpretarla y extender su contenido rápidamente y a un gran número de personas, entonces, ocurren dos cosas maravillosas.

La primera es que van tejiendo dentro de sí claves para abrir nuevos conocimientos. Esos comunicadores se forjan un personalidad que resultará muy atractiva para las personas inteligentes y sencillas, pero bastante odiosa para los poderes armados de engaño y pretensiones de perennidad.

El segundo efecto es que, si perseveran en una tal conducta, se abrirán espacios que ayuden a comprender el mundo y preparen a las distintas generaciones para un dominio hondamente humano sobre toda cosa creada.

Cuando esto haya acontecido, el último paso será que empiezan a florecer el Arte, la Ciencia y la Compasión en forma de resolución de problemas ciudadanos pensando en el bien común también de las nuevas generaciones.

Realmente percibimos la necesidad de tan buenos comunicadores y nos encojemos de hombros pensando que eso no lo veremos y, en cualquier caso, que es una ingenuidad incompatible con los episodios actuales de maniobras poco claras en el periodismo, en la cultura y en el gobierno de las Naciones.

Éste último pensamiento tiene todos los ingredientes de la excusa que produce confort: es verosímil; es compartido por muchos a quienes no vamos a calificar nosotros de cínicos; es ardua la acción a favor de lo bueno hasta el extremo de aparecer superior a nuestras fuerzas; y oímos un silencio casi sólido en contra de actuar a favor del bien, de la pureza y de la verdad tal como es.

Sin embargo esta personalidad que ama las cosas reales es posible, es necesaria y no necesita de muchas mujeres y hombres para iluminar, y – casi da pena decirlo – esta personalidad íntegra del comunicador se manifiesta hoy como el último refugio de la gloria y del honor.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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