Comunicación Política: un caso práctico

La difícil facilidad de la Comunicación política nos dice que tengamos presente nuestra integridad mientras veneramos la de nuestros públicos. ¿Qué ha pasado hoy con Draghi, Monti y Rajoy en términos de credibilidad y empatía?

No sé si España pedirá ser rescatada de su penuria. Tampoco sé si lo hará Italia o algún otro país de Unión Europea (UE). No es grave mi ignorancia pues no tengo en mis manos el destino de ninguno de esos países ni de esa Unión. Pero el caso de los gobernantes y políticos que han aparecido en ruedas de prensa últimamente es diferente y ellos sí deben saberlo. También deben saber explicarlo bien. Mejor, comunicarlo bien. Y eso estoy seguro que no lo han hecho. Probablemente lo han hecho lo mejor que saben y eso es más preocupante. Este mundo es el mejor de los posibles, pero eso no indica todavía que sea bueno.

Vayamos por partes: El Sr. Mario Draghi (Supermario), Presidente del Banco Central Europeo (BCE), ha leído en inglés un comunicado tan técnicamente detallado que en apariencia no dejaba resquicio a la interpretación, y por tanto su “logos” resplandecía de claridad. El texto, cabe pensar que consensuado con los Gobernadores de Bancos Centrales de países miembros de la UE que forman el Consejo del BCE, explica los análisis, el diagnóstico de política monetaria del espacio europeo y, tras unos circunloquios, “apunta” o “parece que apunta” vías para salir de la postración.

La prueba del nueve de la comunicación política en este caso la han hecho los compradores y vendedores de acciones del continente (mayormente estos últimos) y le han suspendido; peor que suspendido: un -5% es la nota de la Bolsa española y un -2,20 en el Dax alemán: son notas de pánico.

Cuando en plena rueda de prensa un periodista le ha hecho ver que su documento de hoy se ha recibido como un jarro de agua fría teniendo en cuenta la percepción de los analistas de su exhibición de músculo del lunes (“Haremos lo que haga falta”), el Presidente del BCE ha dicho que no puede controlar lo que se publica en prensa y que no nos habíamos leído bien su declaración precedente. Pueden ser; ambas cosas pueden ser, pero me parece que no lo son. Y si lo fueran, el propio Draghi no movió un dedo para corregir lo que de desviado tuviesen esas interpretaciones de sus palabras anteriores. En fin, nuevamente en materia hipersensible, se hace un retirada de depósito de la cuenta más importante que hay en comunicación y la más difícil de reconstituir: la confianza. Pues ¿cómo fiarse de quien permite que las bolsas suban, los titulares se enciendan y los grillos canten de alegría por un comentario de valiente decisión para ayudar a los que nadan en aguas turbulentas, para quedarse después en la orilla esperando que termine la partida de cartas de los que tienen el cabo salvador? Tiene buena pinta este Draghi, pero hoy no funcionaba ni la empatía, la otra condición. Ese ojo izquierdo más abierto que el derecho, ese leer concentrado y sin mirar y ese exceso de gesto de “MIT de toda la vida”, le daban un aspecto defensivo que sin duda no beneficia a la comunicación.

Las cosas no mejoraron en  La Moncloa con la rueda de prensa de Monti y Rajoy al filo del cierre de los  mercados que han bajado un poco más: siempre queda un resto de fuerza para ir más abajo.

Y es que entre las suaves y bien entonadas cadencias de baile veneciano de uno y los desorbitados ojos de otro, los públicos no acababan de creerse que estuviesen tan contentos con el reciente mensaje del Presidente del  BCE. De nuevo la lectura de documentos, las frases medidas –puro logos – no han ido al compás de gestos y miradas, de posturas y puesta en escena. En el caso de Rajoy porque era demasiado evidente que o esperaba otra cosa, o deseaba algo distinto o se propone hacer lo que no estaba dispuesto a desvelar: ¿por qué, sino, ese repetirnos el programa cuando sólo le preguntan si pedirá un rescate financiero de España? A veces basta una corta frase del tipo, “no lo he pensado” o  “es prematuro decirlo” o “no hay nada de eso”. Pero optó, también la segunda vez que se le pregunto sobre ello, por fajarse en un precocinado plato de cualquier “advisor” que cantaba autodefensa.

Lo de Monti es peor porque sonaba mejor. Sonaba tan fenomenal como cuando te están haciendo la cama,  es decir casi a punto de serle aplicable lo de “se non é vero, é ben trovato”.

Verdad, verosimilitud y veracidad no son lo mismo, y las dos últimas deben expresarse al servicio de la primera con las palabras dichas y escritas, con los gestos que las representan y con la coherencia personal de donde deben proceder.

Los públicos y los periodistas políticos las pescan al vuelo y la integridad les enamora y desarma.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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