Érase una Fe. La Fe que será ya es.

Dos jóvenes, de 24 y 22 años cuando comenzaron, han dado la vuelta al mundo en bicicleta recogiendo y filmando la increíble experiencia de la vida de cristianos comunes.

No olvidemos un dato: 200 millones de cristianos son perseguidos a lo largo y ancho de este contradictorio planeta. El proyecto de Charles Guilhamon y Gabriel de Lépinau y la pasión encendida por ellos removió al director de cine Pierre Barnérias, que se puso manos a la obra para construir un film sobre la sencillez, la vida, la inocencia martirizada y el odio sin sentido.(“Érase una Fé“. TPROD 2o10. Distribución: European Dreams Factory y Alquitara Films)

Parte del globo arde ahora en fanáticas reacciones por un vídeo que les ofende y los gobiernos occidentales, en cabeza el de Estados Unidos, se esfuerzan en calentar paños que aplicar a reacciones fanáticas y mostrar caminos de sosiego y paz. Bien está, pero mayor entrega merece la causa de unas personas – mujeres, hombres y aun niños – a quienes se les maltrata por su creencia en dos mensajes y una Persona:  Unidad y Amor son los mensajes; Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, la persona a quien siguen.

Nuestros dos jóvenes investigadores, han recorrido con sus cámaras y bicicletas países tan diversos como Rumanía, Turquía, Siria, Irak, India, Nepal, Tíbet, China, Tailandia, Senegal, Mauritania, Argelia y los del Amazonas, leyendo en los ojos y en las conductas de millares de cristianos los modos de vivir cada día, en persecución o en paz, una misma Fe.

Hoy , Gabriel Lépinau, ingeniero agrónomo que trabajó para una empresa de nutrición en París, tiene 27 años y se encuentra inmerso en otra aventura personal apasionante:  su propia vida como seminarista con el ojo puesto en Asia para trabajar como misionero.

Por su parte Charle Guilhamon, que ahora tiene 25, es empresario, se interesa en proyectos que signifiquen una mejora social, y dirige su propio programa de radio (26’) en el que trata semanalmente materias de interés humanitario y político.

Hace unos días, en una entrevista concedida por el filósofo José Antonio Marina a Blanca Torquemada (ABC, 17/09/12, última página) nos ponía ante los ojos esta reflexión a propósito de lo que él llama “inteligencia ejecutiva”: “la mejor expresión de la inteligencia no es conocer o sentir, sino dirigir bien nuestro comportamiento”. Claro: algo así como la Fe vivida o la vivencia de la Fe en nuestro día a día.

Es esta dimensión operativa, llena de contenido y de emociones personales la que nos remueve al ver con espíritu abierto y esperanzado “Érase un Fe”, película rompedora que ya se ha estrenado en Barcelona y Madrid y que el 21 de septiembre se estrena en Sevilla.

Nosotros podemos ir a verlo. Pero, vayamos o no, no está de más pensar que hay zonas del mundo donde es delito proyectarla, una abyección asistir y una causa de persecución apoyarla.

En este marco de la Cultura Visual cobran peso específico las palabras que Benedicto XVI dirigió hace unos días a las autoridades del Líbano, pero que valen también para todas las autoridades, también españolas y andaluzas, de un mundo que ha sustituido la “inteligencia ejecutiva” por una “acomodación táctica” de egoísmo o de ideología:

No olvidemos –dice el Papa-  que la libertad religiosa es el derecho fundamental del que dependen muchos otros. Profesar y vivir libremente la propia religión, sin poner en peligro su vida y su libertad, ha de ser posible para cualquiera. La pérdida o el debilitamiento de esta libertad priva a la persona del derecho sagrado a una vida íntegra en el plano espiritual. La así llamada tolerancia no elimina las discriminaciones, sino que a veces incluso las reafirma. Y sin la apertura a lo trascendente, que permite encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida y la manera de vivir moralmente, el hombre se hace incapaz de actuar con justicia y de comprometerse por la paz”.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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