Paradigma de la Comunicación: los cuatro elementos

Está en periodo de deliberación la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Lengua, que elabora la Real Academia Española. En el avance que se puede consultar en la web de la benemérita institución, se ha acomodado una acepción de la palabra “paradigma”; colocada en segundo lugar –tras “ejemplo” o “ejemplar” – que asigna al término un nuevo significado:

Teoría cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento”. Ilustra luego la definición con dos ejemplos “paradigmáticos”: “las leyes del movimiento y la gravitación de Newton y la teoría de la evolución de Darwin”.

No sé si todos los físicos aceptan sin cuestionar el núcleo central de la legislación newtoniana sobre los fenómenos enunciados, aunque es seguro que más de una corriente de biólogos se aleja en parte de los estrictos parámetros del dogmatismo darwiniano, como Goldschmidt y los “monstruos prometedores”; Lynn Margulis y su decidido rechazo de “la competencia” para terciar a favor de la simbiógenisis y “la cooperación como motor del cambio” o Máximo Sandín y su enmienda a la totalidad más inclinado a sentar que unas leyes y no el azar gobiernan el mundo vivo.

No obstante sí es cierto que el “consenso científico” sigue considerando al núcleo centra de la teoría darwinista como “piedra angular de la biología moderna”. Así las cosas admitimos “piedra angular “ como sinónimo de “paradigma”.

Y en comunicación ¿Cuáles son los paradigmas?

Mientras mi colegas comunicólogos trabajan en su definición y para animar el debate sugiero incluir en el paradigma de la comunicación cuatro componentes del modelo:

1.- Siempre comunicamos. Si la propia Creación es un discurso acerca del caos y las soluciones frente a su colapso. Si incluso el propio caos es expresión que enriquece, aunque sólo los espíritus más sensibles y cultivados pueden percibirlo como una interpelación, cuánto mas el ser humano es una mensaje viviente.

Es en el hombre  -hombre y mujer – donde interesa fundar la afirmación de comunicación como un incesante. Comunicar es el modo apropiado de ser persona. No hay un ser personal si no hay comunicación, sea ésta intencionada o participada. Un cadáver no es persona. Pero un tetrapléjico en coma es un vibrante clamor hecho de agudos latidos en una pantalla, como lenguaje morse de un barco en peligro inminente – mayday mayday mayday – para el oído del familiar de guardia. Un periódico, una redacción quebrada no es persona, casi ya ni jurídica. Pero la entropía de la empresa periodística producirá que la energía de comunicación del papel y la onda electromagnética, “caliente” el frío zoco cibernético donde penan voces dolientes de profesionales. Todo humano es una comunicación aun en el silencio, en la caricia despreciada o en la mirada que no nos ve.

2.- La imagen antecede a la palabra. La mente humana no va a verbalizar lo que no ha hecho imagen. En nanosegundos si se quiere, pero como la luz del rayo nos sorprende antes – y más lacerante quizás – que el retumbar del trueno, del mismo modo emerge la imagen, odiada o amada, antes que el verbo detestar o el verbo querer. No hablamos nunca palabras que no responden a una imagen, bien sentida, bien pensada o solamente intuida. Supercalifragilisticoespialidoso es figura intencional antes que imposible y divertida yuxtaposición de sílabas inconexas como cuenta su inventor, Robert Sherman, compositor del film Mary Poppins. Cuando hablamos, mientras escuchamos, en la montaña rusa de nuestro cerebro y a velocidad de vértigo se ofrecen a los labios imágenes que apalabrar. Nunca en el sentido inverso.

3.- La palabra explica la imagen. El otro día, en una copistería de mi ciudad, mientras esperaba mi turno, unas estudiantes hacían cola a mi lado con las carpetas y los documentos de “Proyecto Integral” abrazos a su cuerpo o ya depositados en el mostrador para ser multicopiadas cuando llegase su turno. En el corto espacio de tiempo de esperar, una de ellas contaba las imágenes y los avatares del último episodio de la serie de televisión que había visionado la noche anterior. Podía esta chica dedicarse en un futuro a cuenta-cuentos, pues supo hacernos corto el tiempo a las voluntarias miembros de su público objetivo y a los espectadores involuntarios que guardábamos cola. Las imágenes de malos y buenos, héroes y mezquinos e incluso de bellos y feos se nos hacían visibles al hilván de las palabras y al énfasis con que se entonaban sus hazañas. La realidad es imagen pero necesita su decodificación en palabras, también interiores para poder aceptarla como algo incorporable – hecho cuerpo – a nuestros espíritu.

4.- Las emociones sintetizan y catalizan imágenes y palabras. Si hay una física de la comunicación que ordena en el escenario de nuestra memoria ideas, conceptos, tiempos y espacios, también hay una química que da relieve, que dimensiona, apacigua, paraliza o convulsiona cada una de las realidades que impactan en nosotros. Esa química de la comunicación – sea empatía, antipatía, simpatía o pasión – se encargará de activar o detener las acciones, de motivar o inhibir la respuesta, de favorecer la creación o desvelar hiriente la memoria, porque tiene la facultad de condicionar el sentido y la dirección que palabra e imagen, imagen y palabra tendrán en el segundo siguiente o en aquel minuto último de nuestra vida, cuando la comunicación ya habrá dejado su testamento.

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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