La mirada de Benedicto XVI, una epístola sobre el perdón

En vísperas del día de Navidad, el Papa ha indultado a Paolo Gabriele de su traición que le llevó a divulgar documentos privados. Benedicto XVI, no sólo ha firmado el decreto para que salga de prisión cuando apenas han pasado dos de los dieciocho meses que le impuso el tribunal, sino que se ha acercado al mayordomo que le robó papeles para difundirlos y ha estado transmitiéndole en persona su mensaje de perdón.

Es un hecho insólito pero menos sorprendente de lo que puede pensarse si, alejados de los tópicos que se extienden sobre Benedicto XVI, profundizamos en sus escritos, si escuchamos sus mensajes y si nos aplicamos a analizar el modo tan humano del ejercicio de su ministerio. Ser Papa es muchas cosas, pero dos son inseparables del ejercicio de este cargo: es padre y es gobernante.

La fortaleza de padre le ha llevado a soportar sobre sus hombros, más encorvados ahora, la carga de injurias y apelativos sin gracia – pastor alemán – con el que desde los centros de intoxicación querían dibujarnos un padrastro. Cuando se airearon inmoralmente papeles extraídos ilegalmente, esa fortaleza – ¡Ay, el silencio de los fuertes! – se acompañó de sensatez para proceder a la investigación, primero y a la judicialización después de las pruebas acumuladas.

La prudencia de gobernante le llevó a proceder con cautela y poner con la eficacia de la labor indagatoria el guante blanco de la diplomacia vaticana, no creando más líos, sino solucionando el existente sin engordar los titulares de la prensa más amarilla. Luego para otorgar el indulto ha esperado a que terminara el proceso que continuaba respecto a Claudio Sciarpelletti, el técnico informático que ayudó al mayordomo, y que también ha sido indultado de los tres meses a los que  ha sido condenado.

Pero fortaleza y prudencia han hecho equipo en él con la comunicabilidad. Son tres miembros que siempre juegan juntos en el espíritu del Papa.

No tenemos muchos detalles concretos de la entrevista privada de Benedicto XVI con Paolo Gabriele: un cuarto de hora en una habitación pulcra pero modesta, sentados frente a frente en sendos asientos de madera. El Papa le transmitió la noticia: “esta mañana el Papa ha visitado en la cárcel a Paolo Gabriele, para confirmarle su perdón y comunicarle en persona que había acogido su solicitud de gracia” es el escueto mensaje de la nota de prensa de la Secretaría de Estado.

Pero esta parquedad de detalles no impide fijarse en que la capacidad de comunicación del Papa ha actuado como siempre, con esa naturalidad de quien no obra por impostura y es, por ello,  perfectamente creíble.

Benedicto XVI perdona a Paolo Gabriele

Benedicto XVI perdona a Paolo Gabriele

 

Dos días antes del de Nochebuena un marido y padre de tres niños obtiene la libertad de abrazarlos, y la seguridad de que su antecedentes son borrados, que tendrá un casa y un trabajo, aunque fuera del Estado Vaticano.

La fotografía que ilustra la noticia no deja ver de frente los ojos del Papa y, sin embargo, si la miramos con atención podemos entender cómo se comunica un perdón. La mirada del Papa al que fue su mayordomo es una epístola de la misericordia en un mundo atribulado y en días de turbación; el gesto de Paolo Gabriele mirando agradecido al Romano Pontífice es la confirmación de que esa imagen ha llegado a destino dejando su huella de compasión humana.

Los que no siempre fuimos leales nos sentimos con él mirando agradecidos al Papa y, a lo mejor, aprendemos a perdonar en la víspera de Navidad.

Esta entrevista, por otro lado,  nos subraya la dimensión de comunicación positiva que tiene el perdón sincero, y nos trae a la superficie la emoción de otra imagen: la de Juan Pablo II perdonando a Alí Agca, quien quiso asesinarle.

Juan Pablo II con Alí Agca

Juan Pablo II con Alí Agca

 

 

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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