Benedicto XVI y la Comunicación

En estas líneas no voy a referirme a los mensajes que ha dirigido en casi ocho años de pontificado a los periodistas  y a otros responsables de la investigación, tratamiento y difusión de informaciones. Para saber de eso me remito a los discursos que ha pronunciado cada año con ocasión de la Jornada Anual de las Comunicación Sociales.

Me importa acercarme respetuosamente a la figura del Papa y a la comunicación que ha hecho en este ciclo de pontificado de su propia persona y de la institución que ha encarnado.

Saludo de Benedicto XVI Ultima Audiencia General

Saludo de Benedicto XVI Ultima Audiencia General

Lo primero que saltó a la vista tras la “fumata bianca” procedente de la estufa  de la Capilla Sixtina y que precedió al “nuncio vobis gaudium magnum” con el nombre de Josef Ratzinger, es que aquel hombre de blanco no era Juan Pablo II y sus dotes de movilización mediática. Tampoco era un desconocido como la había sido en su proclamación para lo grandes medios el entonces cardenal Wojtila. El cardenal Ratzinger era ya una personalidad y su nombre era asociado por algunos centros creadores de opinión a posturas intransigentes y duras, como de alguien incapaz de la compasión. Para resaltar esa supuestas tachas no se ahorraron gracietas, ni recuerdos de su juventud retorciendo hasta querer hacer pasar por voluntaria su adscripción forzada con sólo 14 años y como la del resto de seminaristas, a la juventud del III Reich. Para reforzar un dibujo siniestro añadían a su cargo de Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el remoquete del nombre antiguo – Santo Oficio – y con ese puño en rostro deslegitimar los actos y palabras del Obispo de Roma.

Lo cierto es que en este campo minado de sospecha y descalificación hubo de andar Benedicto XVI. Alguna mina sí estalló – como la mención al islamismo que hiciera en su intervención en Ratisbona –cuando se sacaron de contexto y se adjudicaron al Papa como propias unas palabras qué él citó de Manuel II El Paleólogo.

Pero entonces y en las posteriores actuaciones en otros escenarios siempre ha desarmado la ignominia la personalidad de Benedicto XVI y un pulido de su comunicación en la plancha de la sencilla autenticidad de emisor.

Benedicto XVI saluda a asistentes 27 febrero 2013

Benedicto XVI saluda a asistentes 27 febrero 2013

La clave de su mejora de imagen en todo el mundo, no está tanto en su defensa de sí mismo, cuanto en ese sobrevolar la adversidad para mostrar la verdad y poner a cada hombre delante de ella, de manera que no haya escapatoria a la respuesta.

No hay pose. No hay truco. Nada de técnicas de persuasión. Únicamente la desnudez de la mansedumbre junto a la fortaleza. Ya sea la gran tormenta de los casos de pederastia protagonizados por algunos clérigos – y por cierto aventados por las terminales del “progreso” como si no hubiera castidad en la Iglesia ni corrupción masiva fuera de ella – ; ya sea la publicación inicua de textos privados; estemos ante un régimen de un  color o des su opuesto, Benedicto XVI, con dulce voz, con la fuerza que emana de la Paz, ha propuesto siempre no ocultar, desvelar, razonar, escuchar, decidir y  dejar una solución perenne.

Naturalmente no es un dios, es hombre y cumplirá 86 años en abril. Y todo ese desgaste de desaparecer él para que resplandezca la Verdad pasa factura en términos de salud y agotamiento.

Al retirarse de la primera línea da otro mensaje que de alguna manera está evocado en estas palabras de su última audiencia en la Plaza de San Pedro referidas a la Iglesia: “Pero siempre supe que en aquella barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda: es El quien conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo quiso”.

Podría decirse que nos comunica su mensaje  – su Logos – manifestando su carácter y naturaleza – su Ethos – mediante la dramatización real de su no apartarse de la cruz – su Pathos – que consiste en dejar un legado de fe y amor a todos mientras renuncia por graves motivos al ministerio petrino.

La Iglesia está viva ha repetido hoy de varias formas. Antes también había declarado que ser cristiano no es seguir a una doctrina, sino a una Persona: Cristo. Desde el 28 de febrero él lo sigue a pie y más cerca de nosotros.

José Ángel Domínguez Calatayud

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