El ataque al icono para la propia reivindicación

En diciembre pasado, el primer ministro, François Hollande, inauguraba el Museo del Louvre-Lens en la localidad de Lens, norte de Francia. Se trata de un conjunto arquitectónico de 10.600 metros cuadrados; de ellos, 7.000 metros los ocupan seis pabellones todos en planta baja obra del estudio japonés SANAA.

Louvre-Lens Museum

Louvre-Lens Museum

En su interior se exhiben cuadros cedidos por el Museo del Louvre de París en régimen de préstamo rotatorios. La Maison Mére a la rive droit del Sena, sólo muestra 35.000 obras de las más de 445.000 piezas que posee; el resto permanecen almacenadas por falta de espacio para colgarlas en las salas propias de exposición, por lo que el acuerdo tiene indudables ventajas.

La iniciativa de las autoridades de Lens, puesta en marcha después de visitar Bilbao y el cambio producido en esta ciudad española desde la apertura del Museo Guggenheim, tiene como propósito la reactivación de esta comarca del departamento de Pas-de-Calais, empobrecida por el decaimiento de la minería, su principal fuerza económica, y por el crecimiento del paro hasta cifras alarmantes del 16%. La posibilidades culturales y económicas son importantes, porque Lens está cerca de la frontera con Bélgica y Alemania, a un hora del Eurotunel a Inglaterra y  a una hora de Paris en TVG.

En el Louvre-Lens están presentes obras representativas de todas las épocas y en su salón principal  – Galería del Tiempo –se reúnen obras de arte de diferentes épocas desde la antigüedad al Romanticismo. Podemos encontrar pinturas de Rembrandt y Goya. Pero la pieza central y de enorme significado es “La Libertad guiando al Pueblo” pintada en 1830 por Eugène Delacroix, como contribución a la revolución de la burguesía que emergió para derribar a Carlos X. El mismo Delacroix afirmó de esta obra: “He comenzado un cuadro de tema moderno, una barricada… y, si no he luchado por la patria, por lo menos pintaré para ella“.

Liberté guidant le peuple

Liberté guidant le peuple

El lienzo de 325 cm. X 260 cm tiene como figura central a la Libertad – representada por un joven mujer, con gorro frigio, pechos descubiertos y que porta en una mano un fusil y en la otra la bandera tricolor de Francia – abriéndose paso por encima de los defensores resistentes y arrastrando con su ardor a las muchedumbres revolucionarias, entre las que se encuentra, según algunos analistas, el propio autor en segunda línea y con sombrero de copa.

Esta obra ha sido atacada el día 7 de febrero por una joven de 28 años que en un espacio de 30 cm cuadrados ha escrito con un rotulador “AE911”. Las siglas se corresponden con las del movimiento estadounidense “Architects & Enginees for 9/11 Truth” del que forman parte más de 1.700 arquitectos e ingenieros y un cifra superior a los 16.000 ciudadanos que cuestionan las versiones oficiales sobre lo acontecido el día que cayeron las Torres Gemelas e indagan para que se conozcan todos los datos ciertos y sus causas en lo que fue el más terrible daño sufrido en un solo día por su nación.

AE911

AE911

AE911 se ha apresurado a condenar en su web el ataque del Louvre-Lens: (“Our code of conduct requires all of our volunteers to abide by the laws, rules, and regulations of society), mientras las autoridades galas prosiguen con la investigación.

Según fuentes del propio Louvre-Lens citadas por Le Monde ya se ha podido limpiar íntegramente la inscripción del cuadro sin daños para la tela, pues la inscripción sólo había alcanzado a la primera capa de barniz. La autora de los hechos, que tenía un master y se hallaba sin empleo, se encuentra ahora bajo custodia después de ser aprehendida en el interior del museo por un guardia de seguridad y un visitante.

Este ataque nos hace recordar otras obras agredidas: la Pietá de Miguel Ángel en el interior de la Catedral de San Pedro en Roma perdía un brazo, un ojo y parte de la nariz por los martillazos que le propinó en 1972 el húngaro Lazlo Toth.

Uno de los murales Seagram de Mark Rothko en el Tate Modern de Londres fue rociado con pintura negra el año pasado.

Mural Seagram de Marko Rothko

Mural Seagram de Marko Rothko

Entre las figuras atacadas con mayor frecuencia registramos a  La Sirenita de Edward Eriksen que los turistas admiran cuando visitan Copenhague; la pobre ha sufrido pintadas, le fue colocado un burka, ha sido decapitada dos veces y otra vez, en 2003, volada su base con explosivos.

De los ataques vandálicos no se han librado ni la “Mona Lisa” pintada  por Leonardo da Vinci – hoy protegida con vidrios antibalas como la Pietá – ni la “Venus del espejo” de Velázquez exhibida en la National Gallery de Londres. A ésta le atacó una sufragista, Mary Richardson, acuchillando la obra varias veces en protesta por la detención, corría el año 1914, de su correligionaria Emmeline Pankhurst.

Lo cierto es que aquello que resplandece tiene luz y sombra, cara y cruz. La cara de atraer la admiración y la cruz de ser víctima propiciatoria de los desequilibrios de unos y de las reivindicaciones de otros: grupos minoritarios se acercan a la luminosidad de la obra mayúscula para hacer visible la propia insignificancia y, ocasionalmente,  la de su mensaje. Parece como si les moviese aquella frase del genio Salvador Dalí: “lo importante s que hable de uno aunque sea bien”.

Pietá de Miguel Angel

Pietá de Miguel Angel

 

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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