Fotografía: la buena imagen del horror

Time it was, and what a time it was, it was
A time of innocence, a time of confidences
Long ago, it must be, I have a photograph
Preserve your memories, they’re all that’s left you

(Bookend.- Simon & Garfunkel, 1968)

El premio Pulitzer 2013 en la categoría de ‘Breaking News Photography” ha sido otorgado al fotógrafo español Manuel Brabo, “Manu”, por la instantánea obtenida sobre el suelo de Siria: el jurado describe la escena: “a Syrian man cries while holding the body of his son near Dar El Shifa hospital in Aleppo, Syria, Oct. 3, 2012. The boy was killed by the Syrian army. (Manu Brabo, Associated Press – October 3, 2012)

Premio Pulitzer 2013 Foto de últimas noticias - Manu Brabo

Premio Pulitzer 2013 Foto de últimas noticias – Manu Brabo

La foto es muy buena a los efectos pretendidos: ilustrar a públicos ausentes, acerca de los efectos y el horror de un conflicto armado concreto y la devastación física y anímica hecha grafía, hecha testimonio en un padre en el inconsolable momento que nunca debió llegar.

El periodismo escrito, las tomas de imágenes a distancia con las explosiones de proyectiles, los análisis de especialistas en relaciones internacionales o en descripción de los avances y repliegues  entre grupos enfrentados, cubren una parte necesaria de la información, para que públicos diferentes adquiramos una idea de lo que ocurre en una geografía de confrontación, en este caso Asia Menor y, más concretamente, Siria. Nos describen un régimen político, el de Al-Assad; un escenario estratégico geopolítico, una situación interna contagiada de los movimientos de países próximos. El crecimiento de grupos insurgentes y de actitudes de gran presión, las escaramuzas, oportunidades, ataques y contraataques y otras mucha variable han convertido a Siria en perenne negra primavera de metralla, miseria, dolor y acero.

La sangre de otros es ya una pintura banal en la mente de occidentales devoradores de novedades, goles o amenazas. Las heridas piernas del niño, mortalmente desfallecidas,  y el cuerpo del hijo  que un padre en cuclillas sostiene encogido de piedad, allá donde nada es nada, se reciben con la indiferencia de un sucio grafiti en una pared; una mano sucia de polvo y hambre, apenas es sombra que ya no impacta en los públicos destinatarios de productos de agencia.

Y esta agencia llama a gente como Manu Bravo, autónomo – freelancer – para que su trabajo profesional nos cuente con la cámara lo que su alma de periodista gráfico puede llegar a ver y, sin tiempo, – ¡mecachis, siempre sin tiempo! – capturarlo y hacerlo imagen viva.

Porque es la imagen viva la única que comunica el fondo: aquí no hay posados ni poses. Incluso si parece tiempo detenido. Más aún: incluso cuando es la muerte, la que todo lo para, lo que viene a mostrarnos una congoja inconsolable. La capacidad conmovedora de una imagen es lo que le hace ser verdadera comunicación.

¿No es cierto que, si tenemos el valor de detenernos a observarla, la fotografía premiada nos habla de algo que hay más allá del cartón o de la pantalla del ordenador? ¿O es más acá de nuestra descansada conciencia donde nos unimos a los protagonistas?

Es difícil meter un amor en un soneto; es titánico reflejar una rica existencia  en un biopic o un anhelo fáustico en una balada. Pues eso: al filo de lo imposible está el arte de traer a una superficie plana el gozo del espíritu humano, el guiño de una trampa en una mirada, el gesto leal en el apretón de manos, o la tragedia del sinsentido y el sinfuturo que se abre paso en el corazón de ese padre sirio cuando estrecha contra su pecho los últimos latidos vivientes del hijo, amasijo de ternura y metralla.

¡Y luego dicen que el periodismo es caro!

Manu Brabo, fotoperiodista

Manu Brabo, fotoperiodista

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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2 respuestas a Fotografía: la buena imagen del horror

  1. Ramón dijo:

    Como ya he expresado antes, me parece muy acertado el comentario que se hace, de cómo una fotografía puede expresar un drama humano con tanta fuerza.

  2. Muchas gracias. Coincidimos plenamente.