Brecha empática y civilización de las pantallas

If you’re tossin’ and you’re turnin’
And you just can’t fall asleep
I’ll sing a song beside you
And if you ever forget how much you really mean to me
Every day I will remind you.
(Count On Me, Bruno Mars 2011) 
 

El término “brecha empática”  lo tomo prestado de un ilustrativo artículo de Paul Bloom (The New Yorker, 05/2013). Con él aludimos  a la distancia – ¿insalvable? – entre mi “yo” y el de la gente que no es “yo”, sea ésta una hija adolescente, una multitud de tres mil personas o varios millones de telespectadores. En términos de estricta comunicación si hablamos de empatía (pathos) y decimos “brecha” lo que  en verdad estamos señalando se parece más a un abismo.

La empatía es (junto con la credibilidad y la relevancia) conditio sine qua non de la comunicación y palanca para restaurar un mundo más humano. Sin empatía no hay conexión real.

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El artículo de Bloom profundiza en claves de patología social sobre la empatía y recogiendo un testimonio de Emily Bazelon afirma que “El aspecto más espantoso de la intimidación es la absoluta falta de empatía’, un diagnóstico que se aplica no sólo a los agresores, sino también a los que no hacen nada para ayudar a las víctimas”.

En la acción profesional de la comunicación, no es nueva la convicción según la cual desde el corazón hasta la epidermis de mi interlocutor tienen que percibir, mejor sentir sin sombra de duda, no sólo que estoy en sus zapatos, sino que hago mías sus aspiraciones, sus frustraciones y, en lo que esté en mi mano y sea coherente con mis principios, apoyaré las primeras y trataré de aliviar las segundas.

Comiendo ayer, junto a unos amigos, con un importante político – hoy sin cargo, pero siempre con la carga de sus ideales – nos contaba justamente esto: en la acción política que, como es sabido tiene un fuerte componente comunicativo, el pueblo, incluso la porción menos ilustrada de él, se da cuenta enseguida de quién está haciendo el paripé y quién es próximo, tan próximo que podría ser uno mismo. Vino a decir que un obrero no formado cuando te da la mano o una anciana al darte un beso chuperreteado cuando terminar un mitin, conectan – comunican – más con el dirigente que un discurso apasionado o un ejemplo gracioso. Y hay políticos que no resisten esos sudores de manos y las palmadas y los besos de ancianas. Y aun cuando sonríen el pueblo, la gente común, sabe que lo está pasando mal que, aunque ellos no le van a expresar así, entre personas y personajes hay una “brecha empática” y, por tanto, se esfuma la comunión.

Empatía: con los ojos del otro

Empatía: con los ojos del otro

No hay truco. O el único truco es querer a la gente como es, como piensa y como siente. El respeto es necesario para comunicar. Pero más allá del respeto y más acá de la “química”, como se dice ahora, está la empatía, que puede aprenderse, entrenarse y ejercitarse. También en una Civilización de las Pantallas.

Ejercicio para hoy:  guárdese el móvil, cierre la Tablet y mirando al interlocutor de frente escúchelo intentando seriamente ver el mundo desde los ojos de quien habla. Comunicamos con los ojos. A lo mejor él o ella no esperan una respuesta inmediata; esto es una ventaja para actuar con naturalidad, comprender lo que le pasa a esa persona y hacer el esfuerzo durante unos segundos de poner las propias potencias en la alegría o el problema, o incluso en la importante nadería, de quien le habla.

Pantallas y empatía: la mirada

Pantallas y empatía: la mirada

Ya está. Ha comenzado y, aunque ha podido sufrir un poco ala arrancarse, se habrá ayudado a usted mismo a comunicar. Y al recortar la brecha empática y al llenar de comprensión el abismo de egocentrismo este entrenamiento le convertirá, si lo repite con frecuencia, en un ser humano comunicativo. Esto es más importante que andar de comunicador, porque le ayudará a saber qué es lo relevante y a inspirar confianza.

Escuchará; le escucharán; compartirá y, quizá sin darse cuenta, habremos cambiado a mejor el trozo de mundo que a usted y a mi nos toca.

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José Ángel  Domínguez Calatayud

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