El pintor que regalaba sonrisas

Bren Bataclan y uno de sus lienzos

Bren Bataclan y uno de sus lienzos

A veces hay personas de buen corazón que desean ayudar a los demás y no saben cómo. Amar no es algo teórico. El amor platónico no es amor cuando es inacción. Pero no siempre, es cierto, acertamos a ser prácticos. Otras veces ser prácticos nos supone esfuerzos que acaso no estemos dispuestos a afrontar. Esto quizás tenga que ver con lo que una amiga mía dice: “ninguna buena obra queda sin castigo”. Seguramente sea así cuando es el propio ombligo el centro del universo o cuando las posaderas están pegadas con super-glu al sofá.

Y sin embargo, hay gente, más de la que pensamos, que encuentra lo mejor de sí en hacer sonreír a otra gente.

Este parece el caso de Bren Bataclan, que con hermosa pluma nos describe Andrea Sachs en The Washington Post. Resulta que Bataclan, nacido en Filipinas y crecido en San Francisco tiene el don del dibujo. Estudió en Ohio. Luego, tuvo que trasladarse a Boston y “notó un escalofrío en el aire que no estaba relacionado con la temperatura de invierno”, sino con la bajada general del ánimo de tantas personas en momentos difíciles. Fue allí donde tuvo la idea  de depositar sus obras de arte en los bancos del parque, en bancos de exteriores, en las oficinas de correos y en el aeropuerto. Esperaba que sus obras descongelaran los rostros de los bostonianos.

Cuadro y mensaje

Cuadro y mensaje

Ahora – como una especie de Forrest Gamp de la Comunicación Visual – lleva recorridos 39 de los 50 Estados de la Unión. Deja un lienzo suyo en un lugar bien visible. Se trata de pinturas de pequeño tamaño representando algún animal o un personaje tipo cómic sonriendo. Junto al cuadro deposita una nota con este texto: “Este cuadro es suyo si usted está de acuerdo en sonreír a la gente al azar con más frecuencia“. Fascinante ¿no?

El artículo termina con la narración del comienzo de esta pintura altruista allá en la Costa Este. “En un día gris de febrero en 2004, su arte socorrió a una mujer con gafas de sol de color rosa, que, a su vez, le ayudó a descubrir su verdadera vocación. El misterioso personaje era de Grecia y acababa de terminar su primer tratamiento de quimioterapia en Boston, cuando se tropezó con su obra. Más tarde se comunicó con él (él pone su dirección Web en cada nota), dándole las gracias por la sacudida de esperanza en una momento tan sombrío”.

Son ya decenas de personas las que se sienten movidas, gracias esta artística iniciativa,  a andar por el mundo procurando hacer felices a otros con ese mínimo gesto de sonreír. Entonces, ¿cuánto vale uno de esos lienzos? Cuánto vale, no cuanto cuesta.

130728Bren Bataclan 2

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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