Si el tiempo es superior al espacio

Desde que leí las siguientes líneas he vuelto a releerlas varias veces, porque parecían convocar a vivir una diferente pasión por comunicar:

No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino, que “fragmentan” el tiempo, transformándolo en espacio. El tiempo es siempre superior al espacio. El espacio cristaliza los procesos; el tiempo, en cambio, proyecta hacia el futuro e impulsa a caminar con esperanza. (Lumen Fidei, n 57, Papa Francisco)

"El espacio cristaliza los procesos"

“El espacio cristaliza los procesos”

He ido aguas arriba del texto y he buscado su contexto y su dimensión. Me he preguntado qué significa esa esperanza, dónde está ese tiempo que se proyecta y en qué espacios lo cristalizamos haciéndolo inefectivo, inútil o, peor aún, dañino para uno mismo y para los otros.

Me quemaba la intuición de que “fragmentamos” el tiempo todas esas veces que empleamos las agendas como compartimientos estancos, donde no se deja esponjar ni permite el acceso de otros “yos”.

Fragmentación

Fragmentación

Fragmentamos el tiempo para poner paredes y obstaculizar el tránsito de unos bienes a otros. Fragmentamos el tiempo al convertir en incompatibles realidades compatibles, como trabajar y sonreír o escuchar y aprender. Como informar y buscar la verdad.

Quienes vivimos con la comunicación como oxígeno estaremos tentados de quedarnos con lo que vemos sin dejarnos penetrar por lo que no vemos. Y ni siquiera eso: estamos tentados de capturar la realidad que tenemos delante y cristalizarla, encapsularla en el “tic” del tópico, sin traspasar su superficie y, frivolizando con lo que lo que tenemos ante nuestros ojos, despreciamos la tarea de descubrir los proyectos de plenitud que germinalmente contienen.

Televisión en soledad

Televisión en soledad

La esperanza es un ahora continuo pero inaplazable. Es además un bien a desentrañar. Me atrevo a decir que junto a la denuncia de la injusticia, el periodista tiene la obligación de señalar por dónde hay luz si estamos en un túnel y dónde la plena claridad ilumina, y fertiliza los mejores anhelos del mundo.

He dicho periodista como emblema de la actividad de informar, de dar noticia y de poner de relieve lo que es por sí mismo significativo, aunque el resto de los mortales no lo veamos. Pero en realidad todos los comunicadores tienen las llaves para abrir tantos calabozos, es decir, tantos tiempos transformados en espacios cerrados y cristalizados que ahogan la expresión de las necesarias aspiraciones humanas y su serena navegación.

Tiempo compartido

Tiempo compartido

En este sentido veo la posibilidad de enderezar los “espacios” de televisión hacia tiempos de vida y humanismo. Las últimas demandas de los usuarios para que no se ofenda la dignidad del hombre y, sobre todo, de la mujer, parecen intuir senderos de éxito en el discernimiento de que no somos unos “ques”, sino unos “quienes”.

Los propios hogares, con “espacio” para una pantalla por habitación –  cristalizados biombos de cristal opaco – están llamando nuestra atención para abrir ventanas, para compartir lo que vemos y dibujar en común los días que querremos ver juntos.

Televisión y tiempos

Televisión y tiempos

Si “el tiempo es siempre superior al espacio” será porque el corazón posee la inacabable capacidad para hacer de cada día una eternidad incoada. La condición es que salgamos del minúsculo “espacio” de nuestro egoísmo –“no tengo tiempo” – y busquemos comunicar a manos llenas la luz, la verdad y la esperanza, a partir de los instantes que fluyen por entre los dedos de nuestras horas.

130819 luz dedos de nuestras horas

 

 

 

José Ángel Dominguez Calatayud

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