Detrás de las pantallas: vida y programadores

Al otro lado de la pantalla de la tablet, del portátil o del smartphone hay un mundo de  magia y de ingenio: el código, la programación. Quienes simples usuarios de los servicios de la Cultura Visual  y habitantes de la Civilización de las Pantallas  manejamos los inventos de la informática, vemos y ordenamos el entorno de los medios como dioses de un mundo nuevo; no solemos pararnos a pensar en la dosis de creatividad e inteligencia práctica que bulle en aplicaciones para terminales; vivimos  ajenos a la usabilidad y diseño puestos a nuestra disposición para disfrutar de imagen, sonido, juegos, entretenimientos y servicios interminables.

Parece que hemos llegado a un extremo en el que convivimos si cuestionarnos hasta la increible posibilidad de “reproducir objetos en 3D y texturas en pantallas táctiles” como los descritos en esta información de Disney Research tomada de Portaltic:

Con una mentalidad reducida a lo que vemos nos cerramos, muchas veces inconscientemente, a pensar en lo que no vemos pero que nos da el soporte para que lo veamos. Tiene cierta lógica; la misma lógica que nuestra conducta cuando volamos en avión y no nos detenemos a considerar las leyes físicas de los materiales o la resistencia del aire a la materia que pretende horadarlo. Es sorprendente que nos montemos en una avión y desconozcamos los principios que lo hacen posible. Surcamos los cielos rápidos como el rayo y a mayor altura que el águila y ni siquiera nos preguntamos como es posible una tal navegación.

En la navegación virtual – cada vez más física y tangible – nos pasa algo parecido. Detrás de este cursor que muevo – ¿lo muevo yo? -;  tras la imagen que abro – ¿la abro yo?- , y tras cada “clic” de teclado que yo promuevo – no me atrevo a preguntar si soy yo efectivamente quien lo promueve –  se yergue el trabajo de los programadores.

Son personas cuya profesión consiste en hacerme fácil el acceso a informaciones, datos, imágenes e imaginaciones que  de otro modo precisarían recursos de tiempo y dinero de los que carezco.

El vídeo que acompaña esta aportación me llega a través de mis amigos de Thamer Creative School, empresa pionera de la inclusión precoz de los niños en el emprendimiento, que nació en Sevilla y que tiene desde el nido una proyección mundial.

Como se desprende de su visionado la artesanía de la programación aparece cubierta del temible halo de lo desconocido. Pero “quien teme no es prefecto en el amor”. Y amor también puede ponerse en las herramientas virtuales que nos rodean; esto, el amor, significa atrevimiento para aceptar bienes desconocidos, cuya plena aprehensión quizás no logremos nunca, pero que su introducción en nuestra vida es posible con un simple sí.

Programar informáticamente es algo instrumental y es transitivo: está al servicio de las personas y su fin queda fuera, más allá, cabría decir inmensamente más allá, del programador.

El reto es programar y hacerlo con intención de dar facilidad al tránsito entre lo  imposible y lo realizable. Pero más allá del reto está la misión:  los contenidos han de ser superiores al continente.

Posiblemente en el torbellino de aparatos con pantalla que manejamos – u otros manejan por nosotros – acabemos descubriendo que justo en este momento de justo esta Era hay mucho trabajo para el cómo  – noble y apreciable tarea del programador – y todavía más trabajo para el qué y sobre todo  para el para qué, noble y querida tarea del pensador, del creador y del hondo comunicador.

131008 Códigos informáticos

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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