Fundraising: de Obama a usted

El presidente Obama, según revelaba The Guardian, duplica en este año las actividades de búsqueda de fondos para el Partido Demócrata. En Estados Unidos es perfectamente legal contribuir a la campaña política con donaciones. De hecho, es un hábito social muy extendido en el mundo político organizar cenas a razón de 32.400 dólares el cubierto, límite legal para donaciones a la lucha por conseguir y conservar el poder.

Invitación a cena presidencial 2012

Invitación a cena presidencial 2012

La estimación del periódico británico es que el inquilino actual de la Casa Blanca ha recaudado desde abril 41 millones de dólares para que su partido gane una carrera a la que él no concurrirá. Ya es dinero. Los viajes, como el de la pasada semana a Miami, donde apareció apoyando a candidatos locales hasta en tres ocasiones, los hace en el Air Force One que, como detalla la noticia, le cuestan a los contribuyentes 180.000 dólares por hora de vuelo; habiendo estimado en 20.000 millas las recorridas con la mano tendida, The Guardian piensa que a los ciudadanos, incluso a los que no votan demócrata, les ha salido por unos 6 millones de dólares.

He querido leer esta noticia desde el otro lado: el lado del que hace la donación. Lo hacía después de haber recibo un “niet” a una petición modesta de ayuda para una gran actividad dirigida a prevenir el origen de casi todos los males: la falta de cultura.

Presidente Barak Obama, cena con gobernadores

Presidente Barak Obama, cena con gobernadores

Informaciones sobre las grandes sumas de dinero dadas en otros lugares causan estupor, cuando no indignación en España, donde algunos intentan prohibir las donaciones a partidos políticos – muy tocados in genere por casos de corrupción in personam -. ¿Cómo es posible –se preguntan – que empresarios y ricos den dinero a estos fines? O, más incisivamente, ¿qué intereses defienden quienes contribuyen a que un partido gane las elecciones?

Sin embargo es necesario volver a dignificar la profesión política cuyo ejercicio sistemático no es angelical sino terreno y, por tanto, necesitado de medios proporcionados: buscarlos y obtenerlos por medios lícitos no merece reproche.

Liderar un país, una gran institución o una organización que no tiene ánimo de lucro y busca bienes concretos para los públicos se hace con trabajo propio y con la contribución de otros. Los iconos con fundamentos sanos no nacen ni viven del aire.

El altruismo y la cultura

El altruismo y la cultura

Es más: hay un reciproco deber de mutua comprensión entre las organizaciones y las poblaciones, ya que muchas necesidades sociales – por ejemplo el hambre de cultura – sólo pueden ser cubiertas satisfactoriamente y con calidad, gracias al altruismo de personas sensibles. A su vez, quien recibe esa ayuda es deudor de administración leal y competente. También de previsión, prudencia y sensatez en su uso.

Prohibir por motivos ideológicos la generosidad o abstenerse de ella por cicatería empobrece en alguna medida las inteligencias y achica a las sociedades mucho más que la apertura y la altura de miras.

Idea fuente: el liderazgo altruista necesita del apoyo generoso, y éste se honra por la calidad moral de sus fines y medios.

Música que escucho: “Gracias a la vida Alberto Cortez (1973)

131117 Cómo puedo ayudarte

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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