Una generación que suena distinta

Es cierto que la imagen se ha hecho dueña de las presencias a través, aunque no sólo, de las pantallas en diversos dispositivos. Es la Cultura Visual que llega a todo entorno, desde los autobuses urbanos a la sala de estar o al dormitorio.

Multipantallas

Multipantallas

Si algo define la generación nativa digital es el manejo y descifrado de figuras que le son proyectadas. Sí: el mensaje es “permanezcan atentos a sus pantallas” y ¡vaya si lo están!

Sin embargo a esta generación urbanita, con la imagen, le acompañan sus propios sonidos: Cultura Supersónica. Junto a la omnipresente música, esta generación escucha y produce otros sonidos que no existían o eran poco significativos hace tres o cuatro décadas. Ya no son comunes el crepitar de unas celosías que se abren o el entrechocar marfileño de unas varillas de abanico al guarecerse en las caberas; tampoco suenan cascos de caballos sobre adoquines ni el martilleo de un yunque, por citar cuatro ejemplos no tan lejanos.

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Hoy, un paseo por una gran ciudad con los oídos abiertos y la atención despierta nos desvela ritmos propias de los días que vivimos y de las noches que no dormimos.

Lunes por la mañana: se oye poco al afilador y nada al butanero, pero el altavoz nos trae el mensaje: “el tapicero, señora, el tapicero. Ha llegado a su ciudad el tapicero”.

Lunes por la tarde: abajo, por las aceras unos jóvenes corren y saltan produciendo con sus hazañas el ruido de los skates al chocar sus ruedas contra el suelo. Y menos mal: eso es señal que el joven no se ha roto una pierna.

Martes de madrugada: está todo oscuro, pero el silencio del sueño, último y dulce, es despedazo por la sirena de una ambulancia; luego, otra: párapa-párapa-párapa. No hay tráfico a esa hora, pero eso parece importarle poco o nada al conductor de la ambulancia, que no repara en el sueño del que está en casa.

Miércoles mediodía: en la compra, la cajera da un átono saludo: “¿tiene tarjeta?”. Ante la negativa silenciosa del cliente, como una malabarista, pasa los productos  por delante del lector láser de etiquetas de barras. Los pitidos informes y matemáticos se persiguen al ritmo arrítmico de las manos de la empleada. Pí-pí-pí. Fin de pitidos : “son  treinta y cuatro con ochenta y tres”.

la vista de un invidente

la vista de un invidente

Jueves por la mañana: en la gran avenida los semáforos advierten al invidente que puede pasar,  y lo hacen con un pío-pío que se acelera histérico cuando está a punto de cerrarse el paso a los peatones. En la cultura visual los invidente ven con los oídos las cosas distantes y con las yemas de los dedos las cercanas.

Jueves por la tarde: llego al aparcamiento y en la barrera de entrada un detector denuncia mi presencia a una voz que me habla sin dar la cara: “introduzca su ticket o tarjeta”… “puede pasar. Gracias”.

Viernes por la mañana: una compra casi prohibida en máquina expendedora: “su tabaco. Gracias”.

Incoming message

Incoming message

Sábado de madrugada: una madre se desvela. Oye por la ventana la moto de la hija adolescente que llega tarde. Luego, las llaves. Y la puerta que se cierra. Unos pasos quedos por el pasillo y un beso. “Sí, estoy bien”… y antes de volver a dormirse todavía unos “bip-bip” de los mensajes entrantes al  WhatsApp de la niña.

Sábado a mediodía: en la calle tonos, politonos de teléfonos y voces de gentes que no nos conocen de nada, pero que nos desnudan intimidades con el volumen de un pregonero.

Teclados líquidos

Teclados líquidos

Domingo por la mañana:  sofá de casa. El marido atiende en la tableta electrónica el correo. Es un dispositivo táctil, por lo que es originariamente mudo como el deslizarse de la huella digital por el cristal líquido. Pero parece que el ser humano necesita ruido y al apoyar el dedo en las letras la tablet simula el teclear de las viejas máquinas de escribir: “clap-clap-clap-clap…”.

Y, domingo por la tarde: se oye desde la apagada calle el regreso del vecino estudiante que vuelve del pueblo: mañana tiene clase. Llega ocupando el espacio dormido de la siesta con el rastro sonoro de su maleta con ruedas – trolley –. Repica su consistente rodada por los dibujos geométricos de la acera: el traqueteo de una generación, con los cascos embutido en los oídos para soñar futuros que suenan distintos.

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Idea fuente: cada generación incuba sus sonidos.

Música que escucho: “Right Here Waiting For You”, Richard Marx (1989).

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

 

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4 respuestas a Una generación que suena distinta

  1. Joseangel jr dijo:

    De este lado del Mediterraneo, la generación resuena con un toque de Idan Reichel, por ejemplo con aquella canción de “Hablando en Silencio” [Madabrim basheket] https://www.youtube.com/watch?v=J_g6c6IZ6VY&list=RDmjSmTy2wYgk

    O quizas con esa otra canción [que, para mi sorpresa, tiene la letra en español], del mismo Idan Reichel: Todas las Palabras

  2. Gracias por tu comentario: Escucharé esos sonidos. Un abrazo fuerte

  3. IDíaz dijo:

    Hoy, mis sonidos de nueva generación pasan entre una dinosauria que cantando te enseña los números y el gran Miliki en 3D con su “Había una vez un circo”. Benditos clásicos renovados y nuevas generaciones… Seguimos existiendo. Bss,

    • José Ángel dijo:

      Así es, IDíaz: nihil novo sul sole…o al menos en esencia. Muchas veces vuelven sonidos que nos hacen evocar edades que vivimos. Muchas gracias por tu lectura y comentario