Muere el tercer hombre

“El mundo no fabrica héroes fuera de tus novelas” (“Oh, Holly, you and I aren’t heroes. The world doesn’t make any heroes outside of your stories”) decía un cínico Harry Lime (Orson Welles) en El Tercer Hombre, película basada en el libro del mismo título escrito por Graham Green. Filme y novela situados en la Viena dividida de la postguerra ponen en escena los valores y contravalores que siguen al odio y la destrucción generados en la II Guerra Mundial.

Orson Welles en "el Tercer Hombre"

Orson Welles en “el Tercer Hombre”

Puede afirmarse que el siglo que terminó hace catorce años descuella sobre los anteriores por el grado de horror, por la extensión de las ideologías del odio y, consecuentemente, por el número de muertes violentas acaecidas. En medio de vidas heroicas, la crueldad y la ignominia oscurecieron el mundo. Las ideologías del odio invadieron las conciencias y apagaron la libertad, humillaron la dignidad humana y activaron los rencores. Hoy, en buena parte, siguen vigentes los mismos tics o aspiran a la hegemonía en países de tradición pacífica.

Sobre este fondo de sinrazón histórica quieren lo totalitarios y los fanáticos matar hombres, matar mujeres, matar niños y exterminar pueblos enteros.

Los asesinatos de dos periodistas americanos en un plazo de trece días y el de un voluntario inglés hace unas horas se inscribe en ese proceso de eliminación. En estos casos por degüello – no por decapitación, como se sigue escribiendo en los medios –añadiendo con este método y con la divulgación de las imágenes de la exterminación un plus de grosera provocación, de aviso ancestral y de invitación a sus seguidores que viven en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia España, Holanda o Bélgica. Los fanáticos islamistas se sienten fuertes porque tienen a sus hombre por todo el mundo de libertades, y, curiosamente saben lo que quieren: acabar con ellas.

David Haines y su asesino

David Haines y su asesino

David Cawthorne Haines es el tercer hombre – nos gustaría escribir es el último hombre – que muere en el absurdo ahistórico de un Estado Islamista fundado en una interpretación mortífera de la fe religiosa musulmana.

Sí hay héroes fuera de las novelas del Oeste. Es dudoso que los haya entre los poderosos de Occidente. Pero en el alma de la Vieja Europa, de América del Norte, del Centro, del Sur, en Australia y en tantas partes del globo como el testimonio de estos tres héroes masacrados hay más que réplicas, espíritus originales que no dudan en entregar minutos callados de servicio a la verdad y a la piedad por los semejantes que pasan necesidad. También en Siria, también Irak.

Descanse en paz David y aprovechemos su muerte para rearmar la fe en el hombre y en las infinitas posibilidades de sembrar paz, alegría y gestos desinteresados e inesperados a favor de otro.

Esa fuerza – el amor – si es concreto si lo multiplicamos acaba con todo odio o indiferencia. Y es simple. Y es asequible: basta con dar un abrazo al adversario, perdonar una afrenta que no va más allá o en elevar una plegaria por esa persona de al lado. Ese es un modo preciso de decir que no nos resultan indiferentes esas abominables noticias

Idea fuente: el acto heroico que tenemos más a mano es hacer el bien concreto

Música que escucho “Hero”, Mariah Carey (1993)

140914 Harambee todos juntos

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

 

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