Felices días de No-Reyes

Mary, did you know
that your Baby Boy would one day walk on water?
Mary, did you know
that your Baby Boy would save our sons and daughters?
(Mary Did You Know?, Pentatonix)

 

Escribo a las puertas de Oriente. Los Reyes Magos han llegado ya a tres tipos de alojamiento donde siempre entran antes: a las mentes de los comerciantes, al corazón triste de los descreídos y a la fantasía de todos los niños.

Los primeros piensan que deben almacenar todo lo que Sus Majestades tienen que adquirir para tanta criatura. Los segundos mascullan agravios nunca inferidos por un Dios que los ama incluso así; ya decía alguien con sensatez que pocos tienen tanta presencia de Dios como la de un ateo perseguidor. De hecho, cuando las escamas caen de sus ojos no es infrecuente que acaben siendo los más sacrificados de sus hijos.

El tercer alojamiento, el de los niños y su imaginación, está lleno de limpia luz y ansiedad.

Oro, incienso y mirra

Oro, incienso y mirra

Escribo a las puertas de Oriente. En unas horas, echada la noche, la caravana de los Reyes Magos atravesará realmente por este lugar con el silencio sonoro que sólo los sueños escuchan, con la alegría contenida del que regala y con su carga de paquetes sobre los camellos.

Los padres, que tanto saben del valor de esta fecha, han procurado que en esos camellos vayan la muñeca, la bicicleta, la raqueta de tenis, el CD, el video juego, el libro o el juego de mesa para compartir.

Es un ejercicio de donación que invita a disfrutar y a sentirse bastante bien con el mundo. Y es, por supuesto que sí, una demostración de amor paternal admirable.

A partir de los siguientes días, cuando el rastro de caramelos de la Cabalgata deje de pegarse a nuestros zapatos, la familia sigue teniendo el valor de ayudar a apreciar los bienes recibidos y la alegría de jugar juntos y desde luego de compartir: dar es un modo de darse.

La Fiesta de los Reyes Magos – escribo encaramado a la puerta de Oriente – tiene ese sentido de familia que no me cuesta ver en la casa de Belén. No me imagino a José diciendo a Baltasar que devuelva la mirra a quien se la vendió. No me imagino a María diciendo a Melchor que no quiere esas monedas de oro habiendo tanta necesidad en Judea.

Parece más probable que aquel matrimonio joven aceptara agradecido los regalos y los gestionasen con sensatez, haciéndolos durar; tantas cosas que hacer: reparar aquella herramienta; comprar algo de ropita – que los niños ,también Éste, crecen rápido -, y comprar un sonajero que suene sin milagros. También es pensable que ayudasen a quien vieron con necesidad en el camino.

Videntes autem stellam...

Videntes autem stellam…

Aceptar los Reyes es aceptar que somos poca cosa. Y el fruto de saberse poca cosa, es celebrar los felices días de no-Reyes dando los regalos que no cuestan dinero, sólo, saber ver lo que ocurre cerca y, por ejemplo, sonreír sereno al que comprende menos la Navidad.

Al fin y al cabo, el futuro de cada quien no está siempre patente ante los ojos. Tampoco Ella sabía cómo serían todas las jornadas de este Niño después del día de la Estrella.

Un villancico muy actual le pregunta, “Mary, did you know?”. Así suena:

Idea fuente: La familia es lugar de donación.

Música que escucho: Mary did you kow?, Pentatonix (2002)

 José Ángel Domínguez Calatayud

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