Siete horas con Lorenzo

“When a man loves a woman,
he can’t keep his mind
on nothing’ else”
(When a man loves a Woman, Percy Sledge)

Con Lorenzo Caprile, modista que estuvo en Sevilla para presentar su libro “De qué hablamos cuando hablamos de estilo” (Planeta, 2015). Tuve hace dos días la fortuna de compartir esos 420 minutos con este personaje desde que le recogí en la estación de Santa Justa hasta que lo dejé en su hotel cerca de las 12 de la noche.

Por eso me permito reformar aquí el título de su libro para establecer la cuestión de otro modo “De quién hablamos cuando hablamos de Caprile”.

Invitación de la Fundación Estudios de la  Comunicación FEC

Invitación de la Fundación Estudios de la Comunicación FEC

Tanto en las respuestas de las entrevistas que mantuvo con periodistas esa tarde en el hotel, antes del acto de presentación del libro, como en el propio evento y en las intervenciones del coloquio posterior vimos una persona llena de un dinamismo inusitado.

Caprile es vital. Vibra con cada color que ve.  Se abraza a la palabra concreta y precisa. Rebusca en su insondable memoria retazos de anécdotas que ilustran sus contestaciones. Como, cuando tras su atrevida afirmación de que los hombre son incapaces de (querría decir “están incapacitados para”) mentir, mientras las mujeres mienten siempre, se sumergió en el pozo inacabable de sus recuerdos para exhibir uno de esos momentos de probador, tan verídicos como crueles, en el que una mujer vistiendo un traje de Caprile, le pregunta a su cuñada allí presente qué le parece; la respuesta trufada de celos y envidia de la pariente es digna de un guión de “House of cards”: “Cielo, yo no me pondría ‘eso’ ni muerta, pero a ti te queda genial”.

Célebre Caprile de Letizia (Copenhague, 14/05/2004)

Célebre Caprile de Letizia (Copenhague, 14/05/2004)

¡Cuántas frases de probador, y de clientes y de vendedores de humo habrá escuchado Lorenzo Caprile! Y, ¡cuántas habrá soportado!

Porque a la memoria del modista le acompaña una disconformidad congénita a la respuesta dada, a la frase hecha. Él no puede dejar de ver las cosas concretas como las ve. Y no puede evitar enjuiciarlas. Ni dejar de dictar en su conciencia sentencia inapelable, es decir que no admite el recurso de “lesa opinión pública”. Si a los “correctos” no les gusta lo que dice, peor para ellos, porque él no siente que tenga ninguna deuda que pagar a a la vulgaridad, sino al estilo.

Puede decirse, efectivamente, que se aplica así mismo, el aforismo que cita al inicio del último capítulo de su libro; es de Orson Welles : “el estilo es saber quién eres, qué quieres decir y que no te importe”.

Esta máxima – que puede ser destructiva en “gente descomunal y soberbia” como la denominada así por El Quijote para describir la vulgaridad y la zafiedad personificadas – dota de brújula precisa a quien como Lorenzo Caprile, licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Florencia, ha dedicado su vida profesional a dibujar patrones, cortar vestidos, probarlos a la mujeres y realzar con su mente y sus tijeras lo físico y lo que se proyecta desde el interior de lo femenino.

Por ello es quién es: un creador de imagen, un navegante de la Estética y de la belleza visual. Su tarea no la define como Arte – él huye de la grandilocuencia y del vació de las palabras pomposas – , sino como Oficio, duro “trabajo, trabajo, trabajo”, como subrayó al ser preguntado por alguna clave de su éxito.

Y aquí acabo para seguir uno de los consejos de su libro: “Recuerda que menos es más. Ante la duda retira, no añadas”.

Sólo tres palabras más: ¡bravo, Lorenzo Caprile!

Idea fuente: el estilo y su afirmación.

Música que escucho: “When a man loves a woman”, Percy Sledge (1966), in memoriam tras su fallecimiento el pasado 14 de abril.

150413 Con Lorenzo Caprile

 

 

 

 

José Ángel Domínguez Calatayud

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