Con corazones y cruces

Los pasos para salir indemne, o con daños mínimos, de una noticia-acusación infamante no son fáciles de dar. Ni para las personas, ni para las instituciones. Son complejos los trámites jurídicos para recibir una resolución firme absolutoria, pero dentro de un ordenamiento jurídico justo no es imposible. Son heroicos los esfuerzos necesarios para reconciliar la fuente, el acusador, con el acusado, pero con un inteligente proceso de paz puede finalmente lograrse, no sin humillación, no sin perdón.

orden justo

orden justo

Sin embargo los daños que una acusación infamante produce en la marca, la imagen, el respeto público y el derecho al buen nombre necesitan de una panoplia de herramientas de Comunicación de exigente manejo.

Leo hoy la noticia de que el  Colegio Gaztelueta ha recibido notificación de la firme decisión del Papa Francisco de concluir el caso de los supuestos abusos por parte de un antiguo profesor de este colegio contra un alumno. La nota de prensa emitida por el propio colegio da detalles de esta última decisión papal.

En uno de los párrafos de esa nota se informa de que “esta resolución de la Santa Sede confirma las conclusiones de las investigaciones del Colegio, y las llevadas a cabo por distintas instancias oficiales competentes: Inspección de Educación del Gobierno Vasco, Fiscalía de Menores y Fiscal Superior del País Vasco”.

Es decir hasta cuatro instituciones – oficiales y ajenas a la causa – exoneran al profesor de las supuestas prácticas abusivas.

Palacio de Justicia, Bilbao

Palacio de Justicia, Bilbao

Qué duda cabe que una acusación contra un profesor tiene efectos también sobre el centro. ¿Qué ha hecho el Colegio Gaztelueta para salvaguardar su imagen? ¿Cómo está gestionando esta crisis de prestigio?

Por lo aparecido en el diario que ha mantenido el fuego de la acusación; por lo que se informa en otros medios y en la propia página web de Gaztelueta, ésta ha utilizado la mejores armas para salir victorioso, en el supuesto de que victoria sea una palabra apropiada cuando son los espíritus los que son lanceados.

Y las fundamentales armas comunicativas empleadas son dos que aprendí como alumno de Gaztelueta mucho antes de saber qué cosa sea Comunicación.

La primera está contenida en el lema que orla su escudo: “Sea nuestro sí, si; sea nuestro no, no”. Esa arma es la sencillez en la veracidad. Con ella el infamado protege el núcleo de su identidad, lo hace intocable. Y si, como es el caso, concita en torno a esta sencillez en la veracidad a las personas afectadas (padres, profesores, alumnos, antiguos alumnos y otros colaboradores), consigue el grado de fortaleza propio de la integridad. Las ocho cartas a los padres que pueden leerse en la web del centro – cuatro de ellas en apenas 10 días de octubre – son una muestra de Comunicación de este tipo.

Escudo de Gaztelueta

Escudo de Gaztelueta

La segunda arma comunicativa, también fundamental, es el ejercicio de un principio de actuación universal: “veritatem facientes in caritate” (Eph 4, 15). Afirmar la verdad sin herir estaba en la entraña del Colegio que me acogió durante una década y de cuyo contenido recibí muestras claras cuando hube de ser corregido. Recuerdo con claridad con cuánta estima y delicadeza, y con qué perfectos argumentos se me explicaron las raíces de la falta cometida antes de imponérseme la sanción justa y ajustada.

Ahora, en este tristísimo caso, al dirigirse a la prensa; al intentar sin lograrlo reunirse con los padres del alumno; al intentar también sin éxito ser recibidos por el periodista de El Mundo que daba la noticia para que pudiera escuchar de primera mano la información; al declarar su unión “con al dolor de la familia por todas estas circunstancias y por la situación de salud de su hijo mayor”; pero también al defender la presunción de inocencia del profesor o al reclamar con dignidad el derecho al buen nombre, los responsables del colegio, con su director al frente no hacen sino poner por obra lo que en Gaztelueta se ha enseñado desde su fundación en 1951:

Que la verdad merece la pena. (Je l’aime a mourir)

Que para comunicar bien no hay que despreciar a nadie.

Que todos los implicados deben estar informados con veracidad y prontitud.

Que libertad es inseparable de responsabilidad.

Mirando entre las rendijas de todo lo ocurrido, no se nos escapa que sus protagonistas están viviendo lo que significan esos “corazones y cruces” que rodean los cuarteles de torres, lobos y águilas que contiene escudo y que, en su silencio rojo sobre oro, nos hablan de que el propósito original vale la pena, porque mira al fondo: conseguir no sólo tener gente instruida, sino educada, es decir personas capaces de mirar al sol de la verdad sin arrugarse.

Idea fuente: Con corazones y cruces.

Música que escucho: Je l’aime a mourir, Francis Cabrel (1979)

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